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Un leñador acompañó a los familiares de desaparecidos que hallaron fosas en La Joya del cerro Gordo, Iguala

*Llegaban en carros de lujo, la mayoría negros o rojos, y de ahí “los llevaban caminando hacia el cerro con las manos amarradas”. Los vecinos escuchaban gritos “no me maten, no me maten”, pero no denunciaron por miedo, dijo el testigo

Alejandro Guerrero

Iguala

Gracias al testimonio de un leñador, quien vio a sospechosos a bordo de vehículos de lujo que llevaban a gente presuntamente secuestrada hacia el paraje La Joya, se logró ayer ubicar seis fosas donde los familiares de víctimas de desaparición hallaron restos humanos.
Según el testigo, los campesinos que viven en el área escuchaban gritos, “No me maten, no me maten”, de gente que era llevada por la fuerza a los parajes La Laguna y La Joya, en las faldas del cerro Gordo, por miembros de la delincuencia organizada que después de asesinarlas enterraron a sus víctimas en fosas clandestinas, algunas de las cuales ayer fueron descubiertas por familiares de desaparecidos.
Un leñador, de quien se omite el nombre por su seguridad, fue ayer la pieza fundamental para lograr la ubicación y hallazgo de seis fosas clandestinas con restos humanos en los parajes La Laguna y La Joya del cerro Gordo al poniente de Iguala.
El leñador narra que, desde hace poco más de un año había visto subir a esta zona a gente en vehículos de lujo “unos blancos y otros rojos”, la mayoría sin placas, en los que llevaban a gente secuestrada, “los llevaban caminando hacia el cerro con las manos amarradas”.
Reconoce que él, igual que otros agricultores y vecinos de la zona nunca dieron a conocer esta información por temor a los grupos de la delincuencia que tenían el control de esta zona que ocuparon para llevar a gente secuestrada a las cuales asesinaban y sepultaban en fosas.
Describe que toda la zona, desde Pueblo Viejo hasta la Barranca del Tigre, La Sierpe, La Laguna, La Joya, Monte Hored y San Miguelito, fue ocupada por los sicarios para enterrar a las víctimas que secuestraban y luego asesinaban.
En los lugares señalados por el leñador, que él recorre con frecuencia para ir a cortar leña, hay varias tierras de cultivo de maíz y carreteras de terracería o caminos saca cosecha que se encuentran en buenas condiciones para el acceso de vehículos hasta las zonas más alejadas.
Menciona que ubicó las fosas de La Laguna entre marzo y abril de 2013, cuando en una ocasión que fue a cortar leña observó restos de comida y botellas de refrescos a la mitad, “creí que habían hecho un día de campo, pero al caminar se me hundió el pie en la tierra y salió un olor feo, luego pensé, estos malditos ya vinieron a enterrar a alguien”.
Dijo que le tocó ver hace más de un año cuando las fosas en La Joya estaban recientes, pero nunca denunció por miedo.
“Todo el tiempo subían para acá con gente amarrada y agachada, iban vivos, pero me daba miedo, casi todos (los que llevaban a los secuestrados) iban vestidos de negro”.
Un vecino de la zona más cercana a las fosas localizadas narró que “escuchábamos lamentos y gritos… no me maten, no me maten”.
“Con el trabajo de descubrimiento que estamos haciendo estamos viendo que no son solo 43 los desaparecidos sino cientos, y tal vez miles de cuerpos que están aquí, lo cual va a servir de mucho porque le vamos a abrir los ojos a nuestros gobernantes”, dijo el señor Claro Raúl Canaan Ramírez, vecino de la comunidad de Mezcala, municipio de Eduardo Neri (Zumpango), quien desde el 30 de agosto de 2008 busca a sus dos hijos, Omar y Hiram Jafet Canaan Ávila.
Los vecinos comentaron que las autoridades de los tres niveles de gobierno ya sabían de la ubicación de las fosas con restos humanos, sin embargo nunca hicieron nada, “al gobierno le conviene que nosotros no nos pongamos de acuerdo”.

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