Abelardo Martín M.
Humildad versus soberbia
Son muy pocos quienes conocen, mucho menos practican, el concepto y la actitud de la humildad, cuyas raíces vienen de humus (tierra), es decir tener bien plantados los pies en el piso. Es común, en cambio, mucho más frecuente de lo deseable la conducta de la soberbia en la que con tanta frecuencia caen políticos y funcionarios de gobierno.
Pocos son quienes aceptan una equivocación y lo reconocen rápida y, sobre todo, sinceramente.
El presidente de Uruguay, José Mujica, acaba de dar una lección, precisamente, de que la humildad no tiene que ver sólo con el status económico o social. El ha rechazado bombo y platillo en su gestión gubernamental, pero más allá de eso, su gobierno aceptó que cometió un desliz (¿quien no cae?) y corrigió sus opiniones respecto a México. Actuó con humildad de estadista.
Expresó su solidaridad con México, su sistema político y su gobierno, ante la tragedia que representó el secuestro de los 43 jóvenes estudiantes de Ayotzinapa, y manifestó confianza en el capital político para enfrentar los desafíos actuales.
“Nos sentimos solidarios con México, pero además comprometidos con su lucha, y en lo que podamos, estamos a disposición de su legítimo gobierno para apoyarle en todo lo que pueda facilitar el enfrentamiento de este difícil momento”, añadió en un comunicado oficial de la presidencia uruguaya.
“Medimos la dimensión del enemigo que México enfrenta, pero creemos en las reservas éticas y en el compromiso tácito de todos los que se sienten orgullosamente mexicanos, y confiamos en su fuerza para enfrentarlas y vencerlas”, concluyó el mandatario.
El polvorín
Pero la humildad va mucho más lejos y profundamente. Hay quienes la comparan con la verdad. Humildad, dicen, es verdad, sin matices, de manera tajante. Tienen razón.
Parte de los errores surgen de un diagnóstico falso o equivocado. Ese es, sin duda, un problema en Guerrero, en donde los políticos y funcionarios de gobierno van y vienen tratando de presentar (se) una realidad a modo y sin reconocer la problemática en su auténtica complejidad y gravedad. Por eso se agrava y cada vez el gobierno se vuelve más y más impotente. Ya te la mandé. Así, aunque se vaya resolviendo el fondo del problema, el actual gobernador no tendría que decir que se exagera en lo que dicen en otros países.
Un análisis difundido por Milenio advierte que “Guerrero se balcanizó” en un mosaico de organizaciones criminales. Esa es la conclusión a la que han llegado agencias de inteligencia del gobierno federal, que han logrado detectar la presencia de células de cárteles del narcotráfico en 62 de los 81 municipios del estado, equivalentes a 76 por ciento de la entidad. Sólo 19 municipios están libres de presencia criminal.
“La infiltración de la delincuencia organizada se extiende a las principales ciudades guerrerenses y a sus más pequeñas comunidades, en las que pulula una mezcla tóxica de seis grandes agrupaciones del narco, bandas locales y tres movimientos guerrilleros.
“Una serie de informes geodelincuenciales producidos por órganos de inteligencia del gobierno federal a raíz de la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa —obtenidos por ese diario— dan detalles sobre la complicada realidad del estado en materia de presencia criminal e insurgente.
“Hoy, ocho de cada 10 guerrerenses viven en una zona con presencia del narco ya sea en su variante organizada o pandilleril. No sólo eso: a su problemática como una entidad en la que se produce amapola y mariguana, Guerrero añade ahora la distinción de ser el único estado en el que habita una decena de grupos criminales, sus pandillas satélite y guerrilleros de forma simultánea.
“Los informes obtenidos también establecen los puntos en los que se está llevando a cabo una guerra territorial entre los cárteles. En muchas ocasiones, las fronteras de sus imperios criminales se traslapan en “zonas de disputa”. Es decir, ciudades y municipios en los que las organizaciones batallan unas con otras por el control del territorio, sin importar el costo a la población civil.
“La radiografía criminal cuenta con datos actualizados hasta octubre pasado y fue elaborada con informes de campo recopilados por agentes de inteligencia adscritos a distintos puntos de Guerrero, con miras a dar al gobierno una idea del grado de la crisis a la que se enfrenta en la entidad. La respuesta es grave.
“La cohabitación de distintas organizaciones en varios municipios ha derivado en violencia, de la que la desaparición de los 43 normalistas es uno de los ejemplos más recientes. Las agencias de inteligencia que elaboraron los mapas detectaron que varias ciudades están bajo disputa por dos, tres y a veces hasta cuatro organizaciones, lo que ha disparado el número de homicidios, desapariciones y secuestros”.
Obviamente, esta grave problemática no surgió de la noche a la mañana, sino que es producto del deterioro progresivo, consistente y seguro bajo la mirada (si acaso) de autoridades ensimismadas en su propio espejo, negadas para entender no nada mas la realidad, sino la gravedad de su obligación que no cumplieron, según los resultados a la vista.
La soberbia ha sido un mal que en Guerrero, como en otros estados de la república, ha azotado a sus habitantes, quienes han sufrido y padecen las consecuencias. El pueblo, humilde en el sentido amplio, aparte de su pobreza económica ancestral ve la realidad. A los gobernantes les haría falta ahondar en el concepto de la humildad. Sería lo primero para darse cuenta de la realidad y, en una de esas, vacunarse contra la soberbia.




