Anituy Rebolledo Ayerdi
Narices chatas y orejas de coliflor
Para el ingeniero Alberto Beto Patiño y a la memoria de Alejandro Toro Gutiérrez.
La tercera
Es esta una tercera Contraportada sobre el box en Acapulco. Las dos anteriores se elaboraron con información minuciosa proporcionada por el cronista deportivo Samuel Gutiérrez Solís, Samy, dueño de una memoria prodigiosa no obstante su cercanía a las ochenta primaveras. Hoy, por sugerencia del arquitecto Ramón Fares del Río y contando con su amplia información sobre el tema, lo atacamos de nuevo. Está dedicado a los acapulqueños que cubrieron una etapa irrepetible en el deporte “de las narices chatas y las orejas de coliflor”. Contamos, además, con las reminiscencias de Rubén H. Luz Castillo en su libro Recuerdos de Acapulco.
El primero del primero
A propósito de tan antigua definición deportiva, Rubén H. Luz recuerda al acapulqueño Enoch Tabares quien, aprovechando ser chato de nacimiento, se presenta aquí como un boxeador fraguado en la ciudad de México. Batlín Batalino era su seudónimo deportivo y nadie sabrá por qué o por quién. El caso es que pronto consiguió la oportunidad de abrir una función sabatina en el Salón Acapulco o Teatro Mazzini ( Hidalgo). Lleva como rival a un auténtico “bulto local por lo que las apuestas lo favorecen ampliamente. Sucederá que el “bulto” lanza su primer golpe y le atina a su oponente en la quijada, derribándolo como a un tronco. Por años se discutirá si el nocaut se había dado en el primer minuto del primer round, hecho merecedor de los Record Guinness. “Están pero si bien pendejos”, se defenderá Tabares, alegando que ya habían pasado por lo menos tres.
Los marineros
La presencia casi cotidiana de embarcaciones bélicas de los Estados Unidos en la bahía de Acapulco permitió establecer un intercambio deportivo de largo alcance entre la marinería extranjera, la mexicana y en general con la sociedad porteña. Concretado éste solo en el beisbol y el box, los encuentros se celebraban del primero en el campo de aterrizaje (hoy Auto Hotel Ritz) y del segundo en el Fuerte de San Diego. En este último se fraguarán personajes de leyenda por masacrar sin piedad a todos sus oponentes gringos. Uno de ellos fue Enrique Reséndiz, del barrio del Mezón, integrado a la tripulación del vapor Progreso de la Armada mexicana.
Otro verdugo de marineros gringos fue José Isabel Chabe Guinto, del barrio del Rincón (La Playa), cuyas peleas exacerbaban el nacionalismo con expresiones cargadas de odio; “Pártele toda su madre a ese “bolillo” “sanababiche” (“Bolillo” se les llamaba entonces a los estadunidenses quizás por lo blanco y dorado de la piel. Lo de “sanababiche” era una pronunciación muy “playeña” del inglés son of a bitch) . No desmerecerá como azote de los gringos Bonifacio Mejía, Bonny, quien se medirá con ellos en cuadriláteros montados en la playa o bien en la cantina La Marina (hoy Banamex), de Doroteo Lobato, Doroche. Simón Funes, Chamón, recién llegado de los Estados Unidos se significará entonces como promotor deportivo. Montará un ring en el patio de su casa.
Los de aquí
El box no era visto en Acapulco como una práctica propia únicamente del “lumpen proletario”. Todos los muchachos del puerto, incluidos los tenidos como “niños bien”, lo practicaban con entusiasmo dentro de amateurismo e incluso profesionalmente. Ahí estaban, entre muchos, Julio Diego, Antonio Adame, Miguel Tellechea, José Flores, Crisanto Mejía, Alejandro Gómez Maganda, (gobernador de Guerrero 1952-1954), Abraham Cuevas, El Brancho; Viño Alcaraz, Ramón Olivares, el aludido Enoch Tabares y varios más. Cuatro de ellos se enfrentan en una misma función.
Al sentir los primeros golpes de Toño Adame –“como si el cabrón trajera piedras en los guantes”–. Crisanto Mejía cae a la lona y ya no se levanta incluso pasada la cuenta de diez. Tanta era su vergüenza que su manager tendrá que bajarlo del ring cubierto el rostro con una toalla. Otra pelea similar se dará entre Rosendo Galeana, El Diablo Verde, de San Jerónimo y un negro hercúleo apodado Maciste. El réferi detendrá la pelea en el primer roud para evitarle al moreno una golpiza innecesaria. Uno y otro, Crisanto y Maciste, coincidirán al despedirse de los encordados, sencillamente porque el box no era ellos.
Baldomero Pituka Pérez fue uno de los mejores “ligeros” acapulqueños de la época. Se enfrentó en dos ocasiones al campeón nacional de ese peso, Rodolfo Rielero Ramírez. La primera le empató y la segundo la perdió por nocaut en el séptimo. Otro pleito memorable fue el Ramiro Arteaga, de San Jerónimo, y un marinero ruso llamado Harry Kabakof, con decisión dividida a su favor.
Los escenarios
Los primeros escenarios boxísticos en Acapulco fueron la playa frente al Zócalo, el fuerte de San Diego y poco más tarde los cines Salón Rojo y Mazzini. Los cuadriláteros se montaban frente a las pantallas entonces del tamaño de una televisión actual Un foro alterno será el palenque de don Amador Estrada, en Chinacos y Posada, Las figuras estelares serán los hermanos Cuevas. Abraham El Brancho y Olegario El Burro; Ramón Oliveros y José Flores
El compositor acapulqueño Juan Calleja Fernández aprovecha el furor boxístico de los años 40 para ofrecer funciones en su salón de baile y espectáculos Triki Triki. Se localizaba en la recién abierta calle Francisco Javier Mina, conocida antes como callejón Fernández porque dividía el “Parazal Fernández”. Una superficie anexa al Mesón Fernández destinada al pastoreo de las recuas que abastecían al puerto. Allí, el gobernador Rafael Catalán Calvo (1941-1945), levanta el primer marcado central de Acapulco, llamado, por supuesto, “Mercado del Parazal” (hoy, Artesanías). Fueron figuras en esa arena improvisada boxeadores identificados únicamente por sus nombres de batalla: El Tigre envenenado, El Ave negra, El Veneno, El Negro Firpo y Yuyín.
Yuyín Castrejon
Fue Justo Yuyin Castrejón, del barrio de La Poza, un incomparable estilista del boxeo. Los cronistas deportivos decían de él que “flotaba en el ring y picaba como las abejas” Se enfrentó y derrotó a dos peleadores que ostentarán más tarde los títulos nacionales pluma: Memo Valero, y Baby Ortiz. Yuyín había empezado la práctica del boxeo junto con otros jóvenes acapulqueños , todos ellos con desempeños brillantes en el célebre torneo de los Guantes de Oro, entre ellos Alberto Beto Patiño, campeón nacional pluma de ese torneo y también campeón de un torneo caribeño. El famoso Alejandro Toro Gutiérrez, Paco Sánchez, Héctor Teto Roque, subcampeón nacional pluma del mismo torneo. Hijo éste del sanjeronimeño Tole Roque, entrenador de chamacos con sueños de campeones.
–¡Muchachillo pendejo, tírale el ganchito que te enseñe!–, instruía Tole a su pupilo cuando éste era vapuleado sobre el ring.
Raúl Rodríguez, por su parte, se coronará campeón nacional mosca de los mismos Guantes de Oro y tendrá un desempeño decoroso en los Juegos Panamericanos de Argentina, junto con Raúl Macías, el futuro Ratón. A su vez, Rubén H. Luz se corona subcampeón gallo. En el mismo establo destacaron en el amateurismo Salvador Loranca, Paco Escudero, Juan Castrejón y Pedro Garibo
Ya en los años 50, el box llegará a la plaza de toros Dominguillo, propiedad de doña Nabija Schekaiban, llamada así por el nombre de la calle en la que se asentaba. Hoy esa arteria lleva el nombre de José Valdés Arévalo, un filántropo que a través de la masonería abrió casas de asistencia y un hospital para los pobres.
La Arena Coliseo
Con la apertura de la Arena Coliseo, el box cobra vigencia inusitada en el puerto como espectáculo de masas. Por ello, la mejor camada de boxeadores locales se dará a partir de entonces, contando con el mejor maestro que pudiera pedirse. Lo era Eleuterio López, alias La Coneja, un hombre grueso, calvo y mirada estrábica.
Firpo y Canelo
Forjado en el establo de la Coneja López, en la propia arena Coliseo, Santos Firpo Gutiérrez derrota al Toro Villavicencio para arrebatarle el campeonato nacional de peso medio. Otro peleador moldeado por “La Coneja” fue Alfredo Canelo Urbina, campeón nacional de peso ligero. Será épica su batalla contra el cubano Ultiminio Ramos y discutidísimo por largo tiempo el empate que le dieron los jueces. (Pocas veces el público ha gritado tan fuerte y tantas veces aquello de “¡pinches jueces rateros”!). Los seguidores del Canelo cantarán victoria cuando se publique en los medios que, por la golpiza del Canelo, Ultiminio había orinado sangre durante una semana.
Carlos Cardoso
Carlos Cardoso, el Halcón Dorado, fue un auténtico ídolo de la afición acapulqueña, también del establo de La Coneja. Dos de sus peleas más sobresalientes fueron una contra José Medel El Huitlacoche y la otra contra José Luis Mora. Esta última semifinal en la pelea por el campeonato mundial gallo entre el Raúl Macías y el filipino Leo Espinosa, con el triunfo del primero en el séptimo round.
Ángel Guerrero
En su momento uno de los mejores plumas de México, Ángel Guerrero les ganó al campeón Juan Salazar y a Mauro Vázquez. Su pelea contra Ultiminio Ramos, en Cuba, fue memorable.
El Chiquis Rosales
Notable estilista del ring, Chiquis Rosales le dio una cátedra de boxeo a Ultiminio Ramos en la plaza de toros Caletilla; no obstante los jueces le negaron la victoria. Torpedeó en pelea histórica a Luis Castillo, el famoso Acorazado de bolsillo, campeón nacional y aspirante en tres ocasiones a la corona mundial.
El Costeñito y Lucas
Participó el Costeñito Morales en los juegos olímpicos de México 68, logrando medalla de bronce en peso mosca. Ya como profesional se coronó campeón nacional sobre el yucateco Guty Espadas y perdió la pelea por el campeonato mundial frente a Miguel Canto. Por su parte, Javier Lucas le disputó en Panamá el campeonato mundial al panameño Hilario Zapata, con un indignante fallo local.
Los campeones mundiales
Erubey Chango Carmona logró el campeonato mundial ligero a Mando Ramos, en pelea trepidante celebrada en el Fórum de los Ángeles, California. Marcos Villasana perdió las tres peleas disputándole al africano Azuma Nelson el campeonato mundial pluma. Más tarde, Azuma es derrotado por el inglés Anthony Ellis quien le da una cuarta oportunidad a Villasana. Este lo derrota coronándose, ahora sí, campeón mundial. (¡Uff!). Ciro Pérez se traerá de Tokio, Japón, el campeonato mundial de peso mosca, ganado sobre el nipón Osama Ota.
Ninguna crónica de box estaría completa sin la mención de Juan Ibárez, hijo de Melquiades Melco Ibárez, el costeño que correteó con machete en mano al litigante chilango José López Portillo, quien le disputaba su terreno frente al mar. Pasados los años, Melco lo recibirá en su casa de Pie de la Cuesta como candidato presidencial. Juan fue siempre un gallo bien clasificado y con gran cartel aquí y en la ciudad de México. Crónica coja, también si no se cita a Gildardo Pano, El Zopilote y Lauro García, campeones estatales de peso pluma , y también al Zurdo Arce y a Tobe Peñaloza.
Costeñito Gutiérrez
Javier Costeñito Gutiérrez, famoso en los Estados Unidos como Baby Face, a quien dedicados recientemente esta Contraportada, ha sido sin duda uno de los boxeadores acapulqueños más finos , elegantes y con puños de acero.
Peleas memorables
Acapulco ha sido escenario de encuentros boxísticos y entre ellos el de Raúl Ratón Macías contra Baby Ruiz, en la plaza de toros Caletilla con aforo de 15 mil espectadores. Otro fue la disputa por el campeonato mundial ligero entre Mantequilla Nápoles y el pocho Armando Muñiz, ésta en el Centro de Convenciones de Acapulco. Con las dos cejas abiertas, la suerte de Mantequilla dependía del médico de ring, Héctor Méndez Amezcua. A él se acerca Kid Rapidez, manejador de Nápoles, para pedirle: “¡un chancecito, mi Doc, un round más por su madrecita y la virgencita de Guadalupe!”. Méndez Amézcua lo concede y en el décimo Mante-quilla noquea a Muñiz.




