Jorge Camacho Peñaloza
El tiempo se agota
*Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo. Julio Cortázar.
Parece que los tiempos se nos están yendo de las manos en ideas, concepciones, intereses y objetivos equivocados sobre la responsabilidad de gobernar.
Mientras que el estado se nos está incendiando, unos asisten a fiestas y otros andan ya en campaña proselitista en busca de la simpatía ciudadana para conseguir los votos que les permitan colarse en algún cargo de elección popular.
Qué poco valemos los políticos si creemos que la política es un medio para disfrutar a plenitud un estatus social, un modo de hacerse rico, un botín para compartir con los amigos, compadres y hasta con la familia.
Qué lamentable que haya personas sin escrúpulos que hacen de la política un medio para construir cacicazgos, para el solaz disfrute y que se piense que los recursos del gobierno no son de nadie y que no tienen dueño que los reclame, y que por eso vengan a mi reino.
Que poco valemos los políticos si damos muestra de poca ubicación en la responsabilidad pública que se nos ha conferido y en el momento histórico del estado, situación que debería ser muy bien comprendida si se ha pasado por altos grados académicos.
Insisto, no cabe duda que los grados académicos no garantizan capacidad para ser gobernantes, una cosa es estudiar el poder y otra ejercerlo.
Se nos están yendo los tiempos porque no hemos podido colocar el ejercicio del poder, me refiero a los poderes de la sociedad, el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, en los tiempos de la crisis actual por la desaparición de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa, el hartazgo de la sociedad hacia los políticos y su reclamo por cambiar las reglas de la política.
Se cree que el poder es un efecto personal, una característica propia, un recurso para disfrutar, cuando es una responsabilidad delegada por la sociedad, es un permiso que nos da la sociedad para administrar sus recursos hacia los objetivos que ella nos plantee, no hacía donde los gobernantes crean y quieran.
El actual ejercicio del poder refleja que se está en la creencia de que estamos en condiciones ordinarias, resultado de una elección y, lo peor, hasta que se está en campaña, repartiendo nombramientos en cargos de gobierno y privilegiando la entrega de uniformes y becas.
En estos momentos, que pareciera que el estado se nos está yendo de las manos, no podemos seguir siendo cómplices de la ligereza en la conducción del gobierno.
No se puede respaldar a alguien que cree que el grave problema de la ingobernabilidad democrática, como se refiere –como si la gobernabilidad sólo se hallará en sistemas democráticos, digo en balde tanto grado académico–, se va a resolver con endebles y repetitivos discursos académicos, y que la sociedad se la va a creer.
No podemos seguir con un ejercicio del poder que sólo le apuesta a obtener lo que se pueda en tanto no revienta el delgado hilo de gobernabilidad que nos queda.
El tiempo se nos está agotando para convocar a los poderes Ejecutivo y Judicial a definir una ruta de tratamiento de Estado a esta delicada crisis de gobernabilidad, pues esos poderes no tienen el compromiso de haber sido elegidos directamente por los guerrerenses.
Quienes no tienen la representación directa de la ciudadanía guerrerense no pueden sentir el compromiso de dar la cara a la crisis y convocar, a la voz de ¡ya!, a una gran mesa de diálogo guerrerense en la que estén sentados los padres de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos y los maestros. Una mesa en la que definamos acciones para buscar a los estudiantes y para hacer justicia por su desaparición forzada.
Se nos está agotando el tiempo porque no veo que el Ejecutivo y el Judicial tengan como prioridad enfrentar el problema de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa.
No esperamos a que el llamado venga de afuera de este recinto, no llegará, porque si así fuera, podría ser demasiado tarde.
Como se dice allá en Santa Teresa, agarremos al toro por los cuernos, no hagamos sólo enunciados unilaterales, hay que proponer acciones responsables, tiempos, no se trata sólo de buenos deseos sino de actuar, de proponer gobernar de manera diferente, en congruencia con los tiempos.
Vuela vuela palomita y ve y dile: a todo el que quiera escuchar, que le digan a aquellos que quieren mandar que en lugar de puros anuncios dar, que mejor ya se pongan a trabajar.




