Alba Teresa Estrada
Luis Zapata: los 35 años del vampiro
*Una de las razones para que El Vampiro… no sea una obra de la devoción de intelectuales y académicos guerrerenses, es de índole moral –doble moral– más que literaria. Su estilo, su temática y su lenguaje constituyen un abierto desafío a las “buenas conciencias”. Una novela que utiliza el lenguaje crudo, coloquial, del habla cotidiana y que trata de las aventuras de un moderno pícaro homosexual, que se prostituye alegremente en la gran ciudad, difícilmente será aceptada por el establishment de la cultura en Guerrero. La manera cruda y explícita en la que el autor utiliza el lenguaje resulta tan escandalosa para algunos, como honesta y liberadora para otros.
El pasado 11 de septiembre de 2014 el escritor guerrerense Luis Zapata celebró en el Museo del Estanquillo de la Ciudad de México el cumpleaños 35 de su novela más famosa y emblemática: El vampiro de la colonia Roma. Las aventuras, desventuras y sueños de Adonis García. Este homenaje se suma al que en 2009 recibió en el Palacio de Bellas Artes al conmemorarse los 30 años de la publicación de su reconocida novela. Ganadora del Premio Juan Grijalbo-El Heraldo de México en 1979, traducida al inglés, con numerosas ediciones en español y más de 300 mil ejemplares vendidos hasta la fecha, El vampiro de la colonia Roma es un verdadero best seller en los parámetros de la industria editorial mexicana. Su más reciente edición, 4ª en De Bolsillo, fue publicada por Random House Mondadori en 2011. De acuerdo con Ariel Rosales, su editor en Grijalbo y Posada, más que un best seller, El vampiro… es un “long seller”, que mantiene un promedio de ventas de entre 5 mil y 7 mil ejemplares por año.
Lo sorprendente no son estos homenajes sino el escaso reconocimiento que Luis Zapata y su obra han recibido de sus propios paisanos. Entre los jóvenes guerrerenses la obra de Zapata ha tenido insuficiente difusión; a ello se suma la atención más bien escasa que los estudiosos de la literatura le han concedido en el contexto local. Esta situación contrasta con el medio nacional e incluso internacional, donde su obra ha sido objeto de reconocimiento por parte de la crítica, la academia, los intelectuales y sus lectores –sobre todo de la comunidad LGBT–, que han convertido a Zapata en un verdadero escritor de culto.
Creo que una de las razones para que El vampiro de la colonia Roma no sea obra de la devoción de intelectuales y académicos guerrerenses, es de índole moral –doble moral–, más que literaria. Luis Zapata ha innovado en el terreno literario y ha alcanzado el canon, pero su estilo, su temática y su lenguaje constituyen un abierto desafío a las “buenas conciencias”. Por ello, aunque su obra merece ser analizada y discutida en círculos estudiantiles y literarios, aunque pueda ser objeto de tesis y mesas redondas en otros contextos, siempre será una lectura semi clandestina en nuestro medio. Una novela que utiliza el lenguaje crudo, coloquial, del habla cotidiana y que trata de las aventuras de un moderno pícaro homosexual, que se prostituye alegremente en la gran ciudad, difícilmente será aceptada por el establishment de la cultura en Guerrero. Si la lectura de Aura, de Carlos Fuentes –recomendada por una maestra de literatura a sus alumnos preparatorianos de un colegio particular del DF–, escandalizó y provocó la censura por parte de quien fungió como secretario de Educación Pública del gabinete foxista, no debe extrañarnos que la novela de Luis Zapata no figure entre las lecturas recomendadas por maestros y funcionarios relacionados con la cultura en Guerrero. Y es que a pesar de la tradición laica y la existencia de amplias capas ilustradas entre los habitantes de Chilpancingo y del estado en general, una mentalidad conservadora, mustia y cuasi clerical prevalece entre quienes marcan las directrices de las políticas culturales, por no hablar de aquellos que orientan los contenidos de la educación pública. Algún alto funcionario del gobierno estatal comentó alguna vez que El vampiro de la colonia Roma le parecía una novela pornográfica. No sé cuántas estudiosas y escritores guerrerenses han leído la obra de Zapata, pero ciertamente pocos se han ocupado de analizarla, a pesar de que se trata de uno de los escritores guerrerenses más famosos y reconocidos. Luis no sólo nació en Chilpancingo, también vivió en Acapulco durante varios años siendo ya un escritor consagrado; pero no recuerdo eventos académicos organizados por la UAGro o actos oficiales con la participación del autor en alguno de sus aniversarios. La obra de Zapata es prolífica: novelas, obras de teatro y guiones de cine entre los que se cuentan, además de El vampiro…, Hasta en las mejores familias, De pétalos perennes, En jirones, La hermana secreta de Angélica María, Melodrama, ¿Por qué mejor no nos vamos?, Regalo de cumpleaños, Los postulados del buen golpista, Siete noches junto al mar y La historia de siempre. En ellos ha demostrado la diversidad de recursos narrativos y estilísticos que puede desplegar sin que deje de ser reconocible su estilo literario.
En descargo de la academia y la intelectualidad guerrerenses, sospechosas de mojigatería y provincianismo, habrá que reconocer que la polémica y la censura han rodeado a El vampiro de la colonia Roma desde su lanzamiento y premiación. Así nos lo hicieron saber los comentaristas que participaron en el homenaje a Zapata. Al ser premiada esta novela por un jurado conocedor e imparcial, El Heraldo retiró su participación del premio. La cadena de tiendas Sanborns la mantuvo vetada y ausente de sus estanterías por muchos años, no obstante ser dicha cadena receptora indirecta de publicidad, ya que sus baños figuran en la novela como escenario de muchas de las correrías del pícaro Adonis. Muestra de la conciencia vergonzante con que fue recibida la novela es la opinión de Rafael Solana, periodista de la revista Siempre, quien proponía que “se vendiera en una bolsa cerrada”. El escritor José Joaquín Blanco, en un artículo publicado por La Jornada al conmemorarse los 10 años de El vampiro, plasmaba el clima de escándalo y chismorreo que marcó la recepción de esta novela por la prensa mexicana y el linchamiento moral y literario que algunos críticos intentaron con su autor. Para José Dimayuga, dramaturgo guerrerense y cercano amigo de Zapata, su encuentro con esta gran novela estuvo rodeado de un sentimiento de culpa ante la sexualidad desinhibida y gozosa del personaje. Su lectura fue una verdadera revelación y un descubrimiento de su propia identidad como lo ha sido, tal vez, para muchos otros. Su experiencia como lector le hace elogiar la valentía del escritor a quien considera digno de aplauso. Para Michael Schutler, doctor en literatura y académico de la UAM, especialista en letras mexicanas, El vampiro es “una de las novelas más revolucionarias de la neopicaresca” y Luis Zapata “un clásico de las letras mexicanas”.
La manera cruda y explícita en la que el autor utiliza el lenguaje resulta tan escandalosa para algunos, como honesta y liberadora para otros. La anécdota que cruza la obra ha sido, también, objeto de polémica: Zapata recurre al relato coloquial de un pícaro urbano del siglo XX para recrear las aventuras de Adonis García, prostituto y chichifo homosexual que merodea los baños del Sanborns del Angel, el cine las Américas y otros escenarios de la ciudad de México. Hablando en primera persona, el noctámbulo Adonis nos relata sus aventuras sexuales y escabrosas anécdotas con desparpajo y gran sentido del humor.
Imbuido en el espíritu de una nueva picaresca, Luis escribió El vampiro, su segunda novela, cuando cursaba la carrera de literatura francesa en la UNAM. Gustavo Sainz –elogiando la capacidad inventiva del entonces novel escritor de 27 años– consideraba a El vampiro, una novela que se ubicaba en una situación límite de la creación literaria, ya que se movía en el terreno del lenguaje puro al prescindir de toda descripción externa a los diálogos, y se preguntaba si el autor podría seguir escribiendo de la misma manera. Lo que Sainz parecía inquirir era si en la experimentación literaria es posible repetir las fórmulas creativas y los recursos estilísticos utilizados exitosamente por un autor en cierta obra sin quedar atrapado en un cartabón. El recurso de prescindir de puntos y comas y en su lugar dejar espacios para emular las pausas que hacemos al reproducir la cadencia narrativa de una conversación, se complementa en El vampiro con la sustitución de los capítulos por “cintas” como estructura de la novela. Es un recurso creativo pero no el único de Zapata, cuyo estilo es reconocible por el humor, la irreverencia y una lujuria gozosa que ha tenido un efecto liberador en muchos de sus lectores, sobre todo en homosexuales a los que ha ayudado a salir del closet.
Anticipando la eficacia de una posmoderna economía del lenguaje, la novela de Luis Zapata se desenvuelve en un ámbito casi puramente dialógico en el que no existen descripciones fuera del discurso de los personajes. Con ello innovó la narrativa mexicana y su influencia es perceptible en muchos escritores de una manera que va más allá del estilo. Esta influencia, no abierta sino sutil, hace de la obra de Luis Zapata el trasunto inevitable de una narrativa centrada en la verbalidad.
Hay muchas lecturas posibles de El vampiro, novela siempre disfrutable a la que habrá que volver ahora que ha cumplido 35 años de existencia. Lo que no podemos dejar de hacer es leerla, por lo menos una vez en nuestra vida.
La novela más reciente de Luis Zapata, Como sombras y sueños, Cal y Arena, 2014, mantiene los juegos de lenguaje pero incursiona directamente en la subjetividad. Los estados de ánimo del protagonista, Orlando Barreto, son diseccionados para ofrecer una radiografía literaria de la depresión. La obra se ha presentado ya en la ciudad de México, en Cuernavaca y se presentará en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Casi de inmediato, Luis Zapata la presentará en Guerrero: Victoria Enríquez y José Gómez la comentarán en Chilpancingo el 18 de diciembre y al día siguiente será presentada en Acapulco en el marco de la inauguración de X la Cultura, iniciativa del joven y entusiasta promotor cultural Antonio Pantoja, con lectura de Enrique Caballero. Desde aquí extendemos una atenta invitación a sus lectores.




