Estremece el poeta nicaraguense Ernesto Cardenal Bellas Artes a sus casi 90 años
El poeta Ernesto Cardenal, en la antesala de los 90 años, lee una hora sin interrumpirse, sin beber del agua al alcance de su mano derecha.
Sentado en la penumbra frente a una mesa, una luz se fuga del foco y le apunta, como él con su dedo índice cuando declama, hasta que anuncia el último poema de la noche dedicado a Laureano Mairena: “la persona más mal hablada que he conocido, pero el que decía las ‘malas palabras’ con más pureza”.
En homenaje a ese joven revolucionario indócil, muerto a tiros en combate, el escritor y sacerdote nicaragüense cerró su recital en el Palacio Bellas Artes con estos versos: “Yo quisiera morir como vos hermano Laureano/ y mandar a decir desde lo que llamamos cielo:/ ‘rejodidos hermanos míos de Solentiname, me valió verga la muerte’”.
Cardenal estaba solo, el agua intacta, el brío en el índice que apuntaba hacia el cielo, sin la compañía de su compatriota, el escritor Sergio Ramírez, como se había anunciado.
Los poetas Eduardo Vázquez y Jorge Boccanera lo presentaron antes; entonces él salió, caminó por el escenario con ayuda para permanecer luego solo en esa austeridad contrarrestada por la exuberancia de su poesía.
Un estruendo de aplausos lo despidió, también tronaron las consignas: “Nos faltan 43”. (Yanireth Israde / Agencia Reforma / Ciudad de México ).




