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Tomás Tenorio Galindo

OTRO PAÍS

* Desde Los Pinos, escopetazos verbales a los padres

 

La noche del 24 lucía tristona en la ciudad de México, donde todo el día cayó una llovizna pertinaz. Pero ese clima no detuvo a los padres de los normalistas desaparecidos, que celebraron la Navidad con una protesta frente a la casa presidencial de Los Pinos. Aunque la policía capitalina los contuvo a unos trescientos metros de la residencia, entre la avenida Reforma y Los Pinos, el mitin tuvo una gran resonancia, igual que el realizado ayer frente a la embajada de Alemania.
Pero quién sabe si esa singular protesta haya sido escuchada en Los Pinos, donde desde hace mes y medio se aplica una estrategia de ojos y oídos cerrados ante la aflicción y la inconformidad social por el caso Ayotzinapa. En una muestra de la política de olvido con la que el presidente Enrique Peña Nieto aspira a que la nación “supere” la matanza y desaparición de los estudiantes, el lunes pasado el jefe de la Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño Mayer, expuso de dientes para afuera que hechos de barbarie como los ocurridos en Iguala el 26 de septiembre “nos recuerdan que sociedad y gobierno debemos de luchar codo con codo en contra de los verdaderos enemigos de México: la impunidad, la pobreza, la desigualdad, la violencia y la corrupción”.
En la primera ocasión en que este funcionario dijo un discurso en público, Peña Nieto le cedió el micrófono en la conmemoración del 199 aniversario del fusilamiento de Morelos, por lo que resulta natural considerar que fue el Presidente quien habló allí en la voz de su colaborador. Fue Peña Nieto entonces quien en realidad dijo que “como siempre ocurre cuando se impulsan cambios profundos, las resistencias vienen de quienes no quieren perder sus privilegios, y de quienes creen que no todos merecemos las mismas oportunidades”.
Esta frase de Nuño, quien ejerció la representación del Presidente en los conciliábulos del Pacto por México firmado por el PRI, el PAN y el PRD, es prácticamente la misma que empleó hace unas semanas Peña Nieto para referirse a las resistencias a su “proyecto de nación”, dichas como ahora en el contexto del movimiento de los padres de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala.
Pero pronunciadas por Peña Nieto o por Nuño, desde la Presidencia parece haber sido difundida la versión de que no aluden a las protestas de los normalistas sino a intereses económicos poderosos que se hallarían detrás de ese movimiento, como si 43 familias agraviadas e indignadas fueran incapaces de mostrarse vivas y sensibles al dolor de ver desaparecidos a sus hijos, y de movilizarse en su búsqueda. En realidad, son los padres de los normalistas desaparecidos a los que con esa descalificación hace referencia el insidioso discurso presidencial.
Esa fórmula oblicua con la que el gobierno federal describe al que sin duda considera un enemigo, fue utilizada también el martes por el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Las reformas emprendidas por Peña Nieto “han afectado algunos intereses. Reformas que han quitado lo que por muchos años sólo unos tenían, y que por supuesto han reaccionado. Y que por supuesto en estos momentos de dolor, difíciles por los hechos de Iguala, buscan el desconcierto, buscan, no importándoles las consecuencias, la violencia”, expresó Osorio Chong en un acto de reconocimiento a la labor de la Policía Federal, precisamente la corporación que investigaciones periodísticas señalan como participante activa en el ataque contra los normalistas aquella noche en Iguala.
A menos que el gobierno federal diga con precisión cuáles son esos intereses que han “reaccionado” a las reformas de Peña Nieto y buscan el “desconcierto” mediante la violencia, es evidente que también el secretario de Gobernación habla de los padres de los normalistas y de las organizaciones sociales que apoyan su movimiento. El hecho de que los funcionarios federales que arremeten contra los padres no hagan ninguna precisión ni diferenciación, les permite alegar, como hizo Osorio Chong, que “nuestro deber es tener a este país en paz, en tranquilidad, para que entonces se puedan instrumentar las reformas, y pensemos en corto, mediano y largo plazo, en un mejor país para todos”.
Ese discurso gubernamental es la continuación del enojo mostrado hace mes y medio por Peña Nieto ante las protestas de los padres, que le echaron a perder la imagen que el presidente pretendía cultivar en el exterior como un gobierno moderno y distinto de lo que era antiguamente el PRI. Nuño y Osorio Chong reemplazaron al secretario de la Defensa y al secretario de la Marina, cuyas recientes invectivas se materializaron en la todavía no aclarada provocación que policías federales montaron el pasado domingo 14 en Chilpancingo, cuando los estudiantes preparaban un concierto de rock organizado en solidaridad con su movimiento.
El objetivo de esa campaña puesta en marcha por el gobierno de Peña Nieto es desacreditar las protestas, descalificarlas y aplastarlas ante los ojos de una sociedad a la que se busca condicionar para que identifique a los padres, a los normalistas y a los maestros que se movilizan junto a ellos como el origen de esa violencia descrita por Osorio Chong, o de las resistencias mencionadas por Nuño y antes por el propio Peña Nieto. Entre el amago y la amenaza, el gobierno pretende etiquetar al movimiento por la presentación de los 42 normalistas desaparecidos como un mal que debe ser combatido. Y en serio lo combate, pues el discurso oficial sobre el caso Iguala dispara auténticos escopetazos hacia el movimiento de los padres.
Volvamos otra vez, por ejemplo, a las palabras de Nuño. “La lucha de Morelos también nos recuerda que una vez que inicia el cambio por la igualdad y la libertad, no importa la fuerza de las resistencias: la transformación es imparable”, dijo. La invocación de términos  nobles como igualdad y libertad no oculta el malestar presidencial por aquello que el gobierno percibe como “resistencias” al proyecto peñanietista. Los padres sólo exigen la presentación de sus hijos, una investigación imparcial y justicia, y el poder les responde con descalificaciones y simulación. Si fuera verdad que el gobierno de Peña Nieto está comprometido en una cruzada contra la impunidad, como asegura Nuño, el caso Iguala ya habría sido resuelto sin importar quiénes resultasen responsables de los hechos. Pero no se trata de eso. Se trata de escurrir el bulto como siempre ha hecho el PRI desde el poder.

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