Presume el INAH con nuestro trabajo pero no nos paga, señalan arqueólogos del Proyecto Tlalocan
*Además de adeudarles diciembre y el aguinaldo, laboran por honorarios, sin seguridad social ni vacaciones, y mediante contratos que se renuevan cada cinco meses durante varios años, acusan
Yanireth Israde / Agencia Reforma
Ciudad de México
Arqueólogos que exploran el túnel teotihuacano donde se descubrieron este año extraordinarias ofrendas prehispánicas denuncian retrasos en sus pagos y condiciones de trabajo indignas, esto mientras funcionarios del INAH se vanaglorian con sus hallazgos.
“Las autoridades presumen con nuestro trabajo, pero no nos procuran. Es una humillación no tener cierta tranquilidad económica a final del año”, expone Jorge Zavala, jefe de campo del Proyecto Tlalocan, Camino bajo la tierra en Teotihuacan.
Además de adeudarles diciembre y el aguinaldo, empleados del proyecto laboran por honorarios, sin seguridad social ni vacaciones, y mediante contratos que se renuevan cada cinco meses durante varios años, acusa el arqueólogo.
Para preservar las ofrendas con más de 50 mil objetos –noticia que recorrió el mundo hace unas semanas–, los investigadores han aportado de su bolsillo, añade Alejandra González, encargada del resguardo y conservación de materiales.
“Por un lado retrasan los pagos, pero también el dinero que debe depositarse al proyecto, y eso hace que nos quedemos sin materiales para trabajar, por ejemplo etiquetas, necesarias para el registro de lo que diariamente sale; bolsas de plástico, cajas, algodones, hisopos, en ocasiones alcohol o agua destilada. Los arqueólogos hemos llegado a poner de nuestro dinero porque no podemos dejar la ofrenda expuesta”.
Tampoco han recibido los recursos para restaurar y consolidar los vestigios procedentes del túnel que se exhibirán, el próximo año, en el Museo Nacional de Antropología, apunta Zavala.
Son recurrentes los retrasos en el pago del salario, cuya periodicidad era quincenal y ahora es mensual para los trabajadores del Proyecto Tlalocan, alrededor de 25, entre arqueólogos, dibujantes, restauradores y maestros que ayudan en la excavación.
“Es un subempleo. Los arqueólogos, como profesionistas, estamos en desventaja frente a los profesionales de otros campos”, pondera Zavala, quien también cuestiona el papel del sindicato del INAH al no protegerlos. “Pareciera que hay arqueólogos de primera y de segunda. No por la calidad, sino porque los primeros tiene base”.
Afrontan además riesgos a la salud por un posible derrumbe en el túnel, advierte. También por la toxicidad del gas radón –potencialmente cancerígeno– suspendido en el interior del mismo. González agrega el peligro de respirar esporas, hongos o minerales en descomposición.
Antes disponían de un extractor de aire que funcionó para un tramo del túnel, a 35 metros, pero ahora, cuando han avanzado más allá de los 100 metros, carecen de protección.
Por lo pronto, ya se les derrumbaron las fiestas decembrinas.




