Llega a México la traducción de la autobiografía de Ozzy Osbourne
Rodolfo G. Zubieta / Agencia Reforma
Ciudad de México
Su alcoholismo y adicción a una gran cantidad de drogas, su violencia dentro del matrimonio, una infancia repleta de bullying e incluso, sus memorias como delincuente, son algunos de los recuerdos que el músico inglés Ozzy Osbourne narra en su autobiografía I am Ozzy (Confieso que he bebido), la cual ya está a la venta en México.
En el libro, traducido al español ibérico por Pablo Álvarez, El Príncipe de las tinieblas, como se le conoce, plasma a lo largo de 358 páginas todo lo que se había dicho de su vida pero nunca nadie había comprobado, como por ejemplo, su estancia en la cárcel cuando era un adolescente.
“Mi padre siempre pensó que algún día yo haría algo grande: ‘tengo una corazonada contigo, John Osbourne’, me decía después de unas cuantas cervezas, ‘o acabas haciendo algo muy especial o acabas en la cárcel’. Y llevaba razón el viejo”, recuerda Ozzy en el primer capítulo del libro.
“Antes de cumplir los dieciocho ya estaba en la cárcel. Robo con escalo (allanamiento), por eso me condenaron. O por decirlo con las palabras de la acusación, ‘allanamiento de morada y sustracción de 25 libras’”.
De acuerdo a sus memorias, las cuales coescribió al lado de Chris Ayres debido a la dislexia que siempre ha padecido, no fueron una sino varias las veces que cometió algún crimen cuando apenas cursaba la secundaria.
“Una semana después (de un asalto) comparecí ante el juez y se me impuso una multa de 40 libras. Aquello era más dinero del que había tenido en toda mi vida. No tenía forma de pagarlo, a no ser que robase un banco… o se lo pidiese prestado a mi padre. Pero el viejo no quiso echarme un cable (ayuda)”, recuerda el músico de 63 años.
“‘Yo me gano el dinero honradamente’, me dijo, ‘¿Por qué voy a dártelo? Te hace falta una puta lección. Es por tu bien, hijo’. Fin de la discusión. El juez me condenó a tres meses en Winson Green por impago de la multa”.
A lo largo de 11 capítulos, Osbourne relata su infancia en Lodge Road, Birmingham; la relación con sus padres; su conexión con la religión; sus primer trabajo como afinador de instrumentos musicales; su primera relación sexual y hasta su tortuosa etapa escolar.
“Yo odiaba la escuela. La odiaba de verdad”, rememora Osbourne. “No sabía leer correctamente, con lo que no podía sacar buenas notas. Me sentía como si no valiese para nada, como si fuese un perdedor nato. Sólo como a los 30 ya cumplidos supe que padecía dislexia y déficit de atención con hiperactividad”.
Y a pesar de su imagen ruda que ha mostrado a lo largo de su carrera, de joven, Ozzy era el blanco de las burlas en su escuela.
“De pequeño hubo un tiempo en que me las hicieron pasar canutas (mal). Unos chicos mayores solían esperarme a la salida del colegio para bajarme los pantalones y putearme. Yo tendría entonces 11 o 12 años. Fue bastante jodido y estaba echo mierda porque no podía contárselo a mis padres”, señala.
Los tormentos en la vida de El Neruda del Heavy Metal, como fue calificado por varios diarios españoles, no pararon conforme su vida sumó años, pues gran parte del libro está dedicada a hablar de sus excesos, como los constantes desmayos que sufrió a causa del alcohol y las drogas.
“En el Centro Betty Ford me advirtieron a propósito de los desmayos. El médico me dijo que mi resistencia iría disminuyendo hasta desaparecer y que entonces mi cuerpo y mi cerebro dirían basta. Pero pensé que era una chorrada (tontería) que me contaban para meterme miedo”, explica.
“Pero en la rehabilitación me dijeron: ‘mira, lo que tienes que hacer es invertir los papeles. ¿Cómo te sentirías si fuera Sharon (su esposa) la que estuviese tumbada en el suelo en un charco de mierda y meado, y no hubiese manera de despertarla?’ Dicho así, tenía que darles la razón”.
De hecho, su relación con Sharon ha sido el único equilibrio que el británico encontró en su existencia, algo que también aborda en el libro.
“Aún hoy me cuesta trabajo comprender por qué Sharon decidió quedarse a mi lado, o ya puestos, incluso casarse conmigo. Lo cierto es que la mitad del tiempo, me tenía miedo. A veces, cuando mis borracheras se prolongaban, Sharon se iba del país. Estar conmigo era como precipitarse al abismo”, asegura.
I am Ozzy (Confieso que he bebido), el cual se alzó como best-seller en la lista del New York Times en 2010, puede encontrarse en librerías mexicanas en un precio de 250 pesos.




