Eduardo Pérez Haro
2014
Para Rosendo Bonilla García.
Termina el año 2014 sin que podamos ofrecernos un balance que abrigue el sentimiento de un México con mejores posibilidades que las que se han tenido en poco más de tres décadas si usted se quiere situar en la devaluación de 1982, o cerca de cinco décadas si usted prefiere tomar como referencia el declive del desarrollo estabilizador iniciado desde mediados de los años 60 y prácticamente revelado en el movimiento estudiantil popular de 1968.
Después de la pacificación de los últimos brotes armados derivados de la Revolución Mexicana, de 1910-1917, su institucionalización política, el ascenso ulterior cimentado en el periodo cardenista y el despliegue de la industrialización que vio su fin, repito, a mediados de los 60, México ya no ha podido reencontrarse con el crecimiento sostenido, mucho menos con el desarrollo que presupone estructuras productivas acordes a los progresos tecnológicos, instituciones vigentes calificadas por la aceptación general y, equidad social como resolutivo de la revolución mexicana y premisa de la democracia contemporánea.
México quedó atado entre las redes de la corruptocracia que se forjó en aquellos años del despegue industrial y la urbanización, y cuando se agotó el modelo de alta intervención del Estado, la nueva tecnocracia no supo ir más allá de alinearse y copiar de manera burda las ventajas aparentes de la liberalización pregonadas por los países desarrollados que mucho la requerían para capitalizar las nuevas posibilidades del capitalismo informático.
Entonces, los países desarrollados, encabezados por Estados Unidos y secundados por naciones muy poderosas como Japón en el lejano Oriente, y Alemania e Inglaterra en Europa, tuvieron la capacidad de pavimentar el camino haciendo no sólo un cambio en las reglas de funcionamiento de la producción y el comercio, nacional y mundial, sino de convertirle en una doctrina y sentido común no ya de la clase empresarial sino de los gobiernos y amplios sectores de las sociedades de base de sus países y de gran parte de las naciones del mundo.
Aunque no todas, o no al menos bajo la égida de los tradicionales países desarrollados, pues en el marco de la globalización brotaron los llamados países emergentes, primero con los tigres asiáticos (Corea, Hon Kong, Taiwán, Singapur, etcétera), y seguidamente, China y la India de manera preponderante, sin perder de vista la relevancia de Rusia y muchos otros, pero México no.
Se ha querido ubicar a México como un país emergente, así lo propone nuestra burocracia gubernamental en atención al tamaño agregado de la economía (que ciertamente no es poca cosa, pues debe ser de alrededor de la catorceava economía del mundo), y la burocracia internacional (Foro Económico Mundial) le dio admisibilidad de ufanarse de tal condición al disponerse a sumar buena parte de los recursos nacionales (petróleo y telecomunicaciones) a las necesidades de inversión de un capitalismo atrofiado por la crisis iniciada en 2007-2008, y por tanto ávido de encontrar nuevas y prometedoras áreas de negocios.
Particularmente, los hombres de negocios de Estados Unidos no sólo acogieron con especial apetito la significación de grandes ganancias del petróleo y las telecomunicaciones mexicanas, sino que ahí se anidaba un factor de importancia estratégica desde ambos factores, aunque de manera preponderante el petróleo pues no sólo permitiría hacer grandes negocios en la era de los hidrocarburos caros (aguas profundas, y gas y petróleo esquistos) sino sobre todo, inclinar la balanza en favor de Estado Unidos para colocarle por encima de los países Árabes en el contexto de la llamada “guerra energética”, de ahí que en febrero de este año se le prestara el micrófono del Foro Mundial Económico de Davós a Enrique Peña Nieto y asimismo se le premiara como el estadista del año pocos días antes la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa.
El presidente Enrique Peña Nieto había hecho una cosa muy importante para las ligas mayores del empresariado mundial y nacional y para el gobierno de Estados Unidos (aunque no sólo) pues en una perspectiva de recuperación de su economía, el petróleo “asociado con México” le permitía reposicionarse no sólo en cuanto a la “guerra energética” contra los países árabes per sé, sino en cuanto a la recuperación de su hegemonía global frente a Rusia, de indiscutible poderío energético y militar, y de manera primordial China, toda vez que esta nación, en este año pasó a ser la mayor economía del mundo (entre tanto, Europa y Japón nuevamente se revuelcan en los pantanos de su crisis).
Pero México dejó de ser la promesa que le granjeo su aceptación dentro de los llamados países emergentes y se regresó a las catacumbas de su condición de país atrasado, pues el trámite legislativo que había maquinado con los derrotados (elecciones 2012) partidos de oposición de la derecha (PAN) y la izquierda oficial (PRD), y la falsa idea de Un Nuevo México se irían súbitamente por la borda tras la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, que resultó la punta de un iceberg, y paralelamente la caída de los precios del petróleo. La modernización anunciada para México resultó que no era más que un castillo de naipes levantado sobre una ambición, la corrupción y la ignorancia de la élite gobernante.
Las reformas estructurales no estaban diseñadas para los mexicanos y el desarrollo de su país, sino para los negocios de unos cuantos grandes empresarios (no todos) y algunos políticos renombrados (no todos), mas no tenían el consentimiento de las sociedades de base, sino al contrario. A dos años en los que se había abandonado la economía y la política, tratando de construir una mentira sólo con los cuestionados partidos y congresistas, y los medios de comunicación, no había posibilidades reales de darle durabilidad a la idea de la modernización y, así, sucumbió.
Ni los países desarrollados ni los países emergentes son un invento mediático ni parlamentario, de dónde creen… qué poco saben de la historia, ¡en cualquiera de los casos que se revise, los pueblos jugaron un papel determinante, ¡o alguien de nuestros actuales gobernantes o panegiristas cree que Estados Unidos, o Rusia, o China, o Inglaterra, o Alemania o Singapur los inventaron así nomás los diputados y los periódicos y que los personas que hacen a sus grandes sociedades no tuvieron nada que ver más que obedecer!… no es lo mismo gobernar una entidad federativa, por grande que parezca, que una nación treinta y dos veces más compleja. Y no es lo mismo gobernar con mano seca y dura en la tradición caciquil una entidad como el Estado de México o el estado de Hidalgo (sólo por dar dos ejemplos) que abrirse al reto de gobernar una nación en el contexto de un mundo en reestructuración en el siglo XXI.
La ambición tiene un límite, y al menos se debe reconocer en la vida misma, nadie está dispuesto a soportar la sumisión hasta la muerte, antes de que ésta llegue vendrá una reacción y la desaparición forzada ha sido suficiente para levantar la protesta que ya no se reduce a los 43 desaparecidos (corríjanme, ya apareció uno… muerto en pedazos y cenizas) sino a los 25 mil que se reconocen por la CNDH y los 130 mil muertos que se suman en la última década, más los crímenes que se siguen cometiendo como el reciente secuestro y asesinato del Sacerdote Gregorio López Gorostieta en la misma región de la Tierra Caliente del estado de Guerrero, y que fue denunciado con un ¡basta ya! de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y el explícito lamento del papa Francisco desde el Vaticano.
El contexto de criminalidad y violencia en que se han basado los últimos regímenes de gobierno y la ausencia de resultados en la generación de empleo como mínima expresión de inclusión, han provocado que el reclamo de justicia por la desaparición de los estudiantes normalistas aunado a la evidencia de corrupción del Presidente y su equipo de amigos, de dentro y fuera del gobierno, se traduzca en una enérgica protesta que es acogida por las sociedades del mundo y hasta la misma burocracia internacional que no transigirá el engaño al que se le quiso introducir.
El problema es que no sólo se subestimó a la sociedad nacional, sino que también se equivocó en su cálculo internacional, y los empresarios y burócratas de alto rango del sector privado, que le daban a Enrique Peña Nieto pase de entrada a las grandes ligas del capital internacional, no sólo están desilusionados y exigentes de que se repare el engaño, sino que ya no están en las mejores condiciones para asistir puntualmente al cumplimiento de sus promesas de inversión, porque resulta que los atractivos márgenes de rentabilidad que había a la hora de ofrecer las reformas, especialmente la energética pero por consecuencia todas, se han modificado por la caída de los precios del petróleo pues en el mundo no sólo cuentan los estadunidenses sino los demás, y en esto “no hay tigre pequeño”.
Los países árabes han desafiado la estrategia energética de Estados Unidos (dónde México con Pemex hacía parte, y no poco importante) y se avecina una afectación, por un lado, de los planes de inversión extranjera en el sector energético nacional, en grado tal que la llamada Ronda 1 en la que se iniciaban los grandes flujos para las explotaciones de nuevas tecnologías han sido pospuestas y las bases presupuestales estarán mermadas a pesar de la coberturas (en precios) y por ellas también, con lo que asistiremos a un nivel disminuido para el crecimiento de 2014 y asimismo para 2015.
A dos años de gobierno, el régimen de gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto sólo había tramitado reformas dizque estructurales, como dice Rolando Cordera, aderezadas con errores corruptocráticos, desde la pareja presidencial hasta el secretario de Hacienda pasando por el secretario de Comunicaciones (al tren de Querétaro, el acueducto de Monterrey, el Aeropuerto etcétera, y hay que sumar el tren DF-Toluca, que en estas “vacaciones” ya fue denunciado por la prensa Internacional). Y si esas reformas perdieron base y contexto, no queda más que volver a empezar sobre nuevas bases.
El Presidente no tiene alternativa, tiene que enmendar de raíz, 1) deshacer sus alianzas, 2) ofrecer cambios en las carteras principales del gabinete, Hacienda, Gobernación, Educación y Comunicaciones, 3) pactar una nueva generación de reformas con las sociedades inconformes para cerrarle el paso a la impunidad y la corrupción, 4) amnistiar a los presos políticos y, 5) ofrecer una perspectiva educativa amplia y de contenido dónde todos caben, aunque no lo acepte y haya corrido al subsecretario que encabezó las negociaciones del IPN; el Politécnico ganó con el movimiento estudiantil y el gobierno no perdió.
Reprimir el movimiento y empecinarse en el coraje y la idea propia sólo van a aplaudirlo quienes no están en el cuestionamiento y la protesta, precisamente con quienes no tiene discusión ni problema, y ese no es el tema porque la protesta no es local sino nacional, y el cuestionamiento y la exigencia de retomar el rumbo sobre nuevas bases no es nacional sino internacional. Las contradicciones se exacerban, lejos de lo que se piensa o se imaginaron, y el tiempo se agota. Por lo pronto, el año 2014 termina revelando las dificultades del atraso que se han prolongado por décadas y se han recrudecido por la necesidad del poder… 2015 a todos nos exige más de lo que hemos acostumbrado hacer desde cualquier ángulo donde nos encontremos, vayamos pues y que el año venidero sea mejor.




