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Admite el director del parque Papagayo que no fue creado para ser un zoológico

*Justifica la muerte del jaguar Koldo, a partir de que los animales tienen un proceso de envejecimiento como el de los humanos, aunque con menos esperanza de vida

Karla Galarce Sosa

Trabajadores del Parque Papagayo limpiaron e inspeccionaron la jaula de los jaguares para sacar “alimentos u objetos que la gente les lanza”, dijo el médico veterinario Manuel Octavio López Victoria, quien encabezó las labores ayer por la mañana.
Comentó que el proceso de envejecimiento de los animales es tan natural como lo es para los seres humanos, con relación al deceso del jaguar macho Koldo, que murió el 25 de diciembre pasado.
En entrevista antes de los trabajos, admitió que, como lo señaló el viernes pasado la presidenta de la organización ambientalista Guerreros Verdes, Elena Kahn, el parque no se fundó como un zoológico, sino que se ha ido adecuando “por la exigencia y la necesidad del público”.
“Comenzamos siendo un albergue de animales, y no nos enfocamos en la reproducción, sino en la exhibición. Para ello contamos con registro como Unidad de Manejo Ambiental (UMA), ante la Semarnat, clasificada como unidad de exhibición”. Mencionó que cuando abrió sus puertas, el parque lo hizo con algunos animales, sobre todo con guacamayas y monos, con un aviario en la isla frente a la casa del lago.
De las aves había alrededor de 50 que se fueron perdiendo desde hace cuatro años que el parque exhibía monos araña y guacamayas.
En la actualidad hay más de 150 aves, agrupadas en jaulas, que separan a las carroñeras de las frutívoras y las de ornato. “Estas de acá, (señaló las aves del aviario de cristal que aloja a los periquitos australianos), las han donado, una verde tiene más de 42 años, está aquí desde que el parque abrió”, expuso.
Comentó que la mayoría de las aves con que cuentan en la actualidad fueron donadas por una mujer, de quien no dijo el nombre pero que las tenía en un penthouse del hotel Princess: “Tenía guacamayas tan valiosas como la azul que cuestan 50 mil pesos, como el loro africano que tiene un precio similar en el mercado”.
Añadió que el loro gris se fracturó, fue operado y se le injertó un clavo medular para que volviera a caminar. Aseguró que cuentan con un plan de manejo del zoológico, con bitácoras en las que se registran acciones que van desde la limpieza, ingresos para supervisión y dietas que se les proporciona a los animales.
Los zoológicos se revitalizan y jubilando a los animales viejos, comentó el veterinario, quien puntualizó que el parque no compra ni vende animales y conforme pasan los años, los animales también se deterioran como un ser humano. La diferencia es que en los animales, es menor la esperanza de vida. Cuando se registra un animal, explicó, se notifica a la Semarnat y a la Profepa y después se hace un certificado de muerte, para inhumarlos. Profepa realiza inspecciones dos veces por año y hacen observaciones menores.
En el parque se hizo algo que a decir del veterinario fue lógico, pues con la sobrepoblación de venados que tenían, pues llegó a haber un centenar, se intercambiaron por otras especies.
Añadió que antes sólo había una persona que atendía a todos los animales y ahora, son cinco bajo la coordinación del veterinario.
El parque también recibe a los animales que entrega Profepa en custodia, entre ellos crías de cocodrilo en exhibición.
Indicó que se tiene un censo de más de 200 tortugas, y que buscan confinarlos en una sola área para tenerlos en exhibición y la gente los vea.

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