Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Fui un niño pobre, así que todo lo que leí lo hice en las bibliotecas: Ray Bradbury

Daniel de la Fuente / Agencia Reforma

Ciudad de México

Hace unos años, Ray Bradbury habló en torno al significado de la relación entre libros y fuego: “La imagen más fuerte que me ha acompañado durante toda la vida ha sido la de las quemas de libros. Cuando era joven, leí acerca de los incendios de la Biblioteca de Alejandría. Ardió cinco veces, dos de ellas, en fuegos provocados. Después vi las quemas de libros en Berlín y me sentí impactado. Soy un habitante de bibliotecas desde siempre. Fui un niño pobre, así que todo lo que leí lo leí en las bibliotecas. Si tocas una biblioteca, me tocas el alma”.
La declaración volvió a correr en la prensa a partir de la noticia de su muerte, el pasado miércoles, en su casa de Los Ángeles. El escritor, nacido en Illinois, hubiera cumplido 92 años en agosto.
Amo de los géneros fantástico y de ciencia ficción estadunidenses, Bradbury es recordado por el público masivo por dos volúmenes: la novela Fahrenheit 451 y el libro de cuentos Crónicas marcianas. En el primero, publicado en 1953, se relata la historia de un equipo de bomberos que tiene la misión de quemar libros en tiempos donde la individualidad y la imaginación se consideran peligrosas.
Crónicas marcianas, publicada tres años antes, aborda la llegada del hombre a Marte y la conversión del planeta rojo en algo similar a la Tierra. Es, sin duda, uno de los mejores libros de cuentos en la historia de la literatura y fue elogiado en el prólogo a alguna edición en español por Jorge Luis Borges.
El poder de su obra, sin embargo, no se encuentra únicamente en este par de libros. La bibliografía de Bradbury es robusta y de diversas tonalidades. Sus críticos y seguidores, sin embargo, suelen lamentar que se le considere sólo como autor de ciencia ficción. Uno de ellos, Sam  Weller, quien además fue su biógrafo, hablaba de ello previo al homenaje que se le brindó al autor de El hombre ilustrado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en 2009.
“Siempre ha sido confinado a un género dado”, dijo entonces. “Pero, con cada nueva generación, su obra cobra mayor estatura y su inclusión en las listas de lecturas escolares se vuelve cada vez más significativa”.
Además de sus clásicos Crónicas marcianas y Fahrenheit 451, el estadunidense ha publicado al español libros relevantes como Ahora y siempre, La feria de las tinieblas, El signo del gato, Las doradas manzanas del Sol, Conduciendo a ciegas y El árbol de las brujas, entre otros.
Weller, autor de Crónicas de Ray Bradbury, describió a este autor, quien vio publicados muchos de sus textos en populares revistas como Playboy y que hizo el guión de la película de John Houston, Moby Dick, y de series de televisión como El show de Alfred Hitchcock y The Twilight Zone.
“Bradbury es un moralista de la edad espacial. Hay numerosos hilos temáticos en sus libros, especialmente la celebración de la vida, la importancia del arte, la cultura y la creatividad, así como la filosofía de que la respuesta a la supervivencia humana en este frágil planeta pasa por nuestra exploración de las estrellas”.
Explicó que para Bradbury escribir era su forma de “ser testigo y celebrar” las maravillas del universo, desde un minúsculo diente de león en un pasto, hasta el lúgubre gemido de la sirena de bruma de un faro y la salvación de la literatura en una sociedad distópica en la que los libros están prohibidos para siempre.
“Escribir es una celebración para él y, por lo mismo, nunca ha sido una tarea tediosa”, subrayó. “Le diría que nunca ha trabajado un solo día en toda su vida, porque escribir es, en su corazón, un acto de amor”.
En entrevista realizada en aquel año de su homenaje, Bradbury habló, por supuesto, sobre la influencia de Fahrenheit 451, novela que escribió en nueve días y con 9 dólares en el bolsillo.
“Lamento decirle que siento que hay personas que reaccionan o consideran la cultura y la inteligencia de la misma forma que en Fahrenheit 451”, dijo en aquella ocasión a través del correo electrónico y con la ayuda de su hija. “Me parece que uno de los problemas procede de Internet, porque se bombardea a la gente con tanta información inútil. La gente presta demasiada atención a Internet”.
El ser humano, atento en exceso al dato superfluo, no puede escapar de Internet, teléfonos, faxes y el correo electrónico, apuntó.
“La gente tiene que tomar un poco de distancia y pensar en las cosas que realmente importan en sus existencias”, expresó Bradbury, quien enlistaba entre sus autores de cabecera a F. Scott Fitzgerald, George Bernard Shaw, Shakespeare y H.G. Wells, autor este último con quien le gustaba encontrarse al lado en los anaqueles de las librerías, al igual que con libros de otros como L. Frank Baum y Julio Verne.
Weller dijo sobre la envergadura de la obra, poética y magnética, del autor de El vino del estío.
“Bradbury está asombrado por su producción creativa. De vez en cuando abre uno de sus libros y se pone a llorar. Él diría que no escribió sus libros, sino sus personajes. Por eso, está sorprendido de haber sido capaz de crear tanta belleza y maravilla”.
De hecho, Bradbury, quien decía no ser optimista sobre el futuro de la humanidad, dijo en aquella entrevista del 2009 tener planeado para sus 90 años de edad la publicación de un libro de cuentos. Se desconoce si lo acabó.
La muerte del último grande de la ciencia ficción, vaya lugar común, le habrá llegado de pronto con la certeza de que su aportación a la literatura fue fundamental, de ardiente legado y gran influencia, pero que aún podía dar mucho más, esto pese a que ya no escribía por sí solo y lo que hacía era dictarle a su hija, llamada precisamente Alexandria.
La partida habrá sido para él como así lo escribió en La última noche del mundo: “Un sueño. Soñé que todo iba a terminar. Me lo decía una voz. Una voz irreconocible, pero una voz de todos modos. Y me decía que todo iba a detenerse en la Tierra”.

468 ad