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Interpreta Benicio del Toro a Pablo Escobar; no quisimos condenarlo o venerarlo, dice

*Tanto los actores como el director de Escobar: paraíso perdido reiteran su idea de que lejos de polemizar con la vida del capo, buscaron ofrecer un punto de vista muy diferente a los libros, las series de televisión y las películas ya conocidas de él

Juan Carlos García / Agencia Reforma

Toronto

Al enamorarse de la colombiana María (Claudia Traisac), al surfero canadiense Nick Brady (Josh Hutcherson) no le cae el veinte de que podría haber firmado su sentencia de muerte porque, involuntariamente, se involucra con las actividades ilícitas del tío de ella, el capo del narco Pablo Escobar (Benicio del Toro).
En la película Escobar: paraíso perdido, que se estrena este jueves en México, Nick llega a visitar a su hermano Dylan (Brady Corbet) al país sudamericano, en donde ambos montan un campamento.
Conoce a la chica de sus sueños y poco a poco va tejiendo su vida a la de la sensual muchacha, en la que predominan las costumbres familiares, las obligaciones hacia los mayores y, sobre todo, la devoción al hoy fallecido líder narcotraficante.
“Nunca perdí de vista que no era una película biográfica de Pablo, sino una mirada a cómo alguien con tanto poder puede afectar de una forma impensable a un simple civil. Es como si me hubiera puesto a la orilla del mar para retratar lo que sucede en el agua y en la arena. No sólo nos sumergimos en la vida de Pablo, sino que presentamos a alguien que, ajeno a su vida, termina siendo parte de ella de una forma brutal, loca”, apunta el director Andrea Di Stefano.
Por estas razones, admiten los protagonistas, fue que aceptaron trabajar en el largometraje que pone en distintos tiempos al colombiano que marcó historia como uno de los más poderosos traficantes de cocaína.
“Se han hecho infinidad de biografías y no queríamos llegar a lo mismo: condenarlo o venerarlo. Sólo tomamos un fragmento de su vida y lo pusimos como creíamos que era”, observa el ganador del Oscar, Del Toro.
“Y a mí me tocó la parte de la mirada extranjera. Alguien muy diferente a las personas que viven donde él vivía que le pone su sensibilidad y su piel a la historia, que me parece muy fuerte, porque nunca sabes a dónde te va llevar conocer y confiar en una persona”, añade Hutcherson.
Con situaciones ubicadas en el verano de 1991 (dos años antes de la muerte del narco) y flashbacks del protagonista que van hasta 1983, esta producción para el celuloide significó para Del Toro un reto actoral mayúsculo.
“Existe una idea preconcebida acerca de Pablo Escobar que no me interesó, y era la de un rey. No quería verlo como ese ser con poder y con suerte, o criticarlo. Yo me puse en sus zapatos, me quise emular en él y nada más. Pocas veces los actores encontramos un reto tan fuerte como este, que es encarnar a un personaje que se hizo, tristemente, una leyenda”, acota el puertorriqueño.
Tanto los actores como el director reiteran su idea de que lejos de polemizar con la vida del capo, buscaron ofrecer un punto de vista muy diferente a los libros, las series televisivas y las películas ya conocidas de él.

Recrean el mundo de Escobar

Para evitar alguna controversia durante el rodaje, la cinta se realizó por completo en Panamá.
La crítica colombiana resaltó que es notorio que la cinta no refleja la geografía de su país.
La actuación de Benicio del Toro, a consideración de la crítica extranjera, es uno de los puntos más atractivos de la producción.
Carlos Bardem, en su papel de Drago, ha sido uno de los actores más aclamados dentro del ensamble.
Como se trata de una cinta independiente, su costo de producción fue de 17 millones de dólares.

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