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En Argentina, sigue el misterio por la muerte del fiscal que denunció a la presidenta Kirchner

DPA

Buenos Aires

El gobierno argentino insistió ayer en que el fiscal Alberto Nisman no se suicidó, pese a que la Justicia aún no determinó en que circunstancias murió el funcionario el domingo, cuatro días después de denunciar por encubrimiento a la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner.
“No está muerto por una casualidad”, dijo el secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández, a la prensa. Sostuvo la hipótesis que manifestó la mandataria el jueves, cuando dijo que está “convencida” que el fiscal “no se suicidó”.
“No tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas”, afirmó la jefa de Estado en la carta que difundió en las redes sociales, dando un giro en su postura, ya que el lunes había abonado la teoría del suicidio.
Gustavo Perednik, amigo de Nisman, pidió ayer dejar de hablar de suicidio “inducido o no inducido, lo mataron”. En declaraciones al canal de cable TN, sostuvo que el fiscal estaba “en la cumbre de su carrera, sin tendencia a la depresión y con planes a futuro”.
En tanto, la Justicia, que aún no determinó las causas de la muerte, indicó que se volverá a peritar el arma encontrada junto al cadáver del fiscal, hallado en el baño de su departamento con un disparo en la sien.
La Procuración General de la Nación informó que Diego Lagomarsino, el colaborador que declaró haberle prestado el arma al fallecido fiscal, notificó que se encuentra en la Argentina.
Esto ocurrió pocos minutos después de que el joven de 35 años se enterara, por el comunicado, que no podía ser localizado y se le prohibía la salida del país.
A su vez, la Procuración aclaró que Lagomarsino no está bajo protección de ninguna fuerza de seguridad y desmintió versiones periodísticas que indicaban que el joven estaba en un hotel custodiado.
Lagomarsino declaró de forma espontánea ante la Justicia que él le prestó a Nisman el arma desde la que habría salido la bala que mató al fiscal, según las primeras informaciones oficiales.
El colaborador, al que en la prensa se lo señala con posibles vínculos con la Secretaría de Inteligencia (SI), se desempeñaba como asistente informático de Nisman. Dijo que el fiscal le pidió el arma “por seguridad de las chicas”, en alusión a sus hijas, y que la confesó que no confiaba en la custodia policial.
Lagomarsino declaró que llevó el arma calibre 22 el sábado a las 20:30 horas. Según trascendió, la custodia del fiscal afirmó que Nisman les dijo que esa noche se quedaría en su casa y que lo pasaran a buscar el domingo por la mañana.
Los primeros informes indicaron que la muerte habría sido entre las 14 y las 15 horas del domingo.
Nisman apareció muerto en su vivienda el pasado domingo, cuatro días después de acusar a Fernández de Kirchner de encubrir a los iraníes sospechosos de volar la mutual judía AMIA, el peor atentado de la historia argentina, que dejó 85 muertos en Buenos Aires en 1994.
El fiscal se iba a presentar el lunes en el Parlamento para dar detalles y aparentemente mostrar pruebas de su denuncia, la cual, para la jefa de Estado “no tiene sustento” y “nunca fue en sí misma la verdadera operación contra el gobierno”.
Desde la oposición al gobierno no cesaron las crisis por los cambios de posturas del poder Ejecutivo. Cinco precandidatos presidenciales firmaron una declaración conjunta para exigir “garantías” en la investigación por la muerte de Nisman y la “preservación” de las pruebas y de su equipo de trabajo.
Los precandidatos Mauricio Macri (PRO), Sergio Massa (Frente Renovador), Hermes Binner (Partido Socialista), Ernesto Sanz (UCR) y José Manuel De la Sota (Partido Justicialista disidente) adhirieron al documento conjunto, que además reclamó esclarecer la causa AMIA, que tras más de 20 años del atentado aún no tiene culpables.

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