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El apando o de cómo el Estado nos hace sentir que todos estamos apandados

*Representan la paradigmática obra de José Revueltas con una fuerte carga de denuncia en el Auditorio Sentimientos de la Nación

Óscar Ricardo Muñoz Cano

El universo decadente, asfixiante y corrupto que imaginó José Revueltas en su obra El apando encontró una grata correspondencia en el montaje que se presentó la noche del martes en el Auditorio Sentimientos de la Nación de Chilpancingo.
Las casi mil quinientas personas que se dieron cita para atestiguar la obra, fueron guiadas por un excelente grupo de actores independientes y de la Compañía de Teatro de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), en una especie del descenso a las cloacas del sistema penintenciario mexicano.
Los asistentes rozaron por unos momentos la experiencia de los apandados gracias al montaje ideado por Enrique Polo Keratry cuyo mensaje bien podría ser: En México todos estamos en un apando y a cada momento el Estado se encarga de recordárnoslo.
La historia de los reclusos Albino y Polonio, a quienes se les incomunica en el apando del penal y que planean utilizar al Carajo, también incomunicado, tuerto y maltrecho, para que su anciana madre introduzca droga a la cárcel es la anécdota de una historia escrita hace 46 años pero que no pierde vigencia en su carácter de denuncia social ni de poderoso drama.
El plan ideado por Albino y Apolonio encuentra en sus mujeres La Meche y La Chata sus naturales cómplices, sin embargo un mal cálculo ocasiona el fracaso del plan.
El texto escrito por José Revueltas en la cárcel de Lecumberri mientras purgaba una condena impuesta por el gobierno diazordacista acusado de instigación del movimiento estudiantil de 1968, va más allá, pues el director de la compañía y de la puesta en escena Enrique Polo Keratry señaló anteriormente que El apando es la cárcel dentro de la cárcel, el sitio en que Revueltas sitúa a sus tres personajes principales, el Carajo (Jesús Reyes, excelente y quien se roba la obra), Albino (Leonardo Cuesta) y Polonio (José Luis Gutiérrez), “y desde donde se estructura nuestra propuesta, en un juego de tiempo y espacio no lineal, cuyo hilo conductor es un prisionero que bien puede o no ser el mismo José Revueltas (José Luis Miranda) mientras lee El apando”.
La puesta en escena mantiene un espíritu un tanto cinemático, más cercana al guión escrito por el mismo Revueltas en colaboración con José Agustín para la película realizada por Felipe Cazals en 1975, pues en algunos momentos pareciera que la historia se editara (la puesta en escena duró alrededor de una hora).
No obstante, la dirección, el trabajo actoral de los presos, a los que se sumaron las novias de los reos La Meche (Alet Rojas), La Chata (Yainery Quintana) y la madre del Carajo (Merced Batalla), no defraudaron.
A ello, se sumó el resto del grupo actoral, una producción cuidada desde la escenografía, que incluyó rejas verdaderas, el vestuario, el sonido y un sinfín de detalles.
Del mismo modo destacó la utilización de una estructura central giratoria para observar el apando (celda de castigo), por dentro y por fuera y que sirviera de testigo de la brutal pelea entre los monos (carceleros) y los tres presos que acaban molidos a palos y prácticamente “crucificados” entre los largos barrotes de un cajón, serie casi infinita “de rejas hasta impedir cualquier movimiento de los gladiadores”, hasta “dejarlos crucificados sobre el esquema monstruoso de esta gigantesca derrota de la libertad a manos de la geometría”, a manos, también, de los encargados del orden en el penal que no es otro sino el Palacio Negro de Lecumberri.
Con el grito de “pinches monos” al unísono, concluyó entonces de manera dramática El apando y con él, las actividades nacionales en homenaje a José Revueltas, con motivo de la celebración de los 100 años del natalicio del escritor, guionista y activista político mexicano.
La Secretaría de Cultura y la Universidad Autónoma de Guerrero en coordinación con el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), el Instituto de Cultura del Estado de Durango, la Secretaría de Cultura del Distrito Federal, y el Instituto de Cultura de Aguascalientes, entre otras, organizaron a lo largo del año una serie de actividades conmemorativas.

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