Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Desconocían que el crematorio ya no funcionaba, dicen dueños de funerarias

*El propietario de Cremaciones del Pacífico, Guillermo Estua, les cobraba 4 mil 500 pesos por cada incineración. Si el deudo pedía el servicio se llevaba el cuerpo en la carroza, entonces en el local se abría un portón y se depositaba el cuerpo en el carrito para el horno, explican

Karla Galarce Sosa

Dos dueños de funerarias señalaron que fueron engañados por el propietario de Cremaciones del Pacífico, Guillermo Estua Zardai, pues les cobraba 4 mil 500 pesos por cada incineración de cuerpos.
Aseguraron, en declaraciones por separado, que nadie sabía que el crematorio había dejado de funcionar y que recurrían a él porque era el que ofrecía precios “más económicos”.
Los empresarios, que solicitaron la omisión de sus nombres, señalaron que las empresas Cipress y Manzanares, dos de las más grandes en la ciudad, contrataban los servicios de Crematorios del Pacífico.
Dijeron que como muestra de una colaboración con las autoridades, los 22 dueños de funerarias y concesionarios de crematorios acudieron a declarar el viernes pasado, e incluso ofrecieron los expedientes de cada cremación que los usuarios contrataban.
“Nadie sabía que esa persona no cremaba los cadáveres y como todos nos conocemos a todos los funerarios nos visitaba”, indicó uno de los empresarios.
Ambos explicaron que “por costumbre” cuando se contrata el servicio de cremación una carroza de la funeraria deja el cadáver en una plancha del horno.
“Cuando a nosotros nos pedían la cremación, hace ya varios años, llevábamos en la carroza el cuerpo y en un área donde entraba el vehículo dejábamos al muerto y él se hacía cargo de la cremación”, explicó el segundo empresario.
Detallaron que Guillermo Estua cobraba 4 mil 500 pesos por cada cremación y como funerarios ellos pedían a los deudos entre 10 y 15 mil pesos, incluidos los trámites.
“Cada funeraria va a dejar el cuerpo (…) todos los funerarios se presentaron a declarar en el MP y explicamos la relación con Guillermo pues somos conocidos”, dijo.
Aseguraron que “nadie sabía lo que él (Estua Zardai) hacía porque en ese local abría un portón y metías la parte de atrás para bajar el ataúd y depositar el cuerpo en el carrito para el horno, y adentro de la oficina el familiar junto con el funerario entraban para ver que allí se depositara el cuerpo”.
Coincidieron en que no es costumbre que el funerario y los deudos presencien la cremación “porque es un acto muy fuerte, ver cómo se incinera una persona y es un proceso que tarda 4 horas desde que se mete el cuerpo en el horno”.
“El único que se quedaba era Guillermo Estua y es complicado esperar 4 horas de la cremación porque es un espacio sin sala de espera, así es que lo que hacen en los otros hornos y lo que hacía Guillermo era llevar las cenizas a la funeraria y ya nosotros con el familiar las entregábamos”, concluyó.

468 ad