PERISCOPIO
Incongruencia. Apenas un día después de que el gobernador respondió a Martha Obeso que no encubre al ex gobernador Zeferino Torreblanca, señalado en el mismo expediente de la investigación como el probable autor intelectual del asesinato del diputado local Armando Chavarría, ocurrió un hecho que podría contradecir el dicho de Rogelio Ortega.
Y es que en el acto con ejidatarios de El Balcón realizado el martes en el aserradero que esta organización tiene en Tecpan, y que encabezó la secretaria federal de Desarrollo Social, Rosario Robles, apareció como representante del gobernador nada menos que Fernando Donoso, un miembro del grupo compacto de Torreblanca desde que fue su síndico en el ayuntamiento de Acapulco (1996-1999) hasta la fecha. Donoso aparece allí sentado a dos lugares de la secretaria Robles, en medio de ellos apenas una de las anfitrionas del acto en que se anunció que todos los muebles para las escuelas que se reconstruyen tras la tormenta Manuel serán elaborados en ese aserradero ejidal.
En la entrevista concedida a El Sur, publicada en estas páginas el lunes pasado, Martha Obeso subrayó que en la actitud del gobernador Ortega –de dejarla plantada en dos ocasiones en que se trataría cómo reactivar la investigación– estaría pesando su amistad con Torreblanca. Y hasta recordó cómo Ortega, siendo director del Instituto Internacional de Estudios Políticos Avanzados “Ignacio Manuel Altamirano”, utilizó a este centro que se asume como de excelencia académica para que Torreblanca presentara allí un libro que Obeso calificó, no sin razón, como “un pasquín”. Es decir, algo muy lejano a un producto digno de reconocimiento por estudiosos de la ciencia política.
Y con el nombramiento de Donoso –quien sabe en que cargo, pero de que le tiene confianza como para representarlo ante la comisionada del presidente Enrique Peña Nieto para atender al candente estado de Guerrero– Rogelio Ortega confirma los peores temores de Martha Obeso. Porque no va a nombrar a un connotado zeferinista si estuviera en la disposición de investigar en serio la presunta participación del jefe de Donoso en un asesinato político de alto impacto. Un asesinato que, por cierto, cerró el camino a la gubernatura a un político que, independientemente de su condición de hombre del poder, tuvo una formación en la izquierda para dar paso a otro político, Ángel Aguirre Rivero, formado en las deformaciones del viejo PRI.
Ofensiva previsible. Los perredistas que le dieron la bienvenida a Ángel Aguirre por su regreso a la política pese a los hechos de Iguala; que en consecuencia se fueron a la cargada en apoyo a su hijo para la alcaldía de Acapulco; y que se disponían a ungir a Sofío Ramírez como su candidato a gobernador en el Consejo Electivo del viernes ¿a poco se creían los únicos actores de la película? ¿Nunca previeron que su apoyo al aguirrismo –visto por la opinión pública nacional como parte de los responsables de la tragedia de Ayotzinapa– era un punto vulnerable que sería explotado por sus adversarios en el gobierno federal priista en cualquier momento? Pues qué ingenuos, y qué irresponsables.
Grupo ACA derechizado. No sabíamos que el abogado José Luis Gallegos, otra vez presidente de la Asociación Civil Acapulco, fuese de plano tan derechista. No le faltó nada en el catálogo de ideas de esa corriente. Como esa de que la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos de Guerrero (Codehum), solamente “defiende a delincuentes”. Si la Codehum solamente “defiende a delincuentes”, pues entonces que desaparezca y queden en la indefensión los luchadores sociales que organizan a sus pueblos y comunidades para exigir respeto a sus derechos y mejorar su calidad de vida, que a éstos llama Gallegos “delincuentes”.
Aunque no lo parezca, su discurso contra los políticos va en el mismo sentido. No sirven, ergo, que los sustituyan otros con ganas de “aplicar el Estado de derecho”. ¿Los militares?
Por eso Guerrero es como es. Se le piden virtudes democráticas a la gente que se organiza y lucha por sus derechos, cuando las élites que deben dar el ejemplo son todo menos demócratas. Y el aplauso que rubricó el discurso de Gallegos así lo confirma.




