Diserta antropólogo sobre los aportes culturales generados en Guerrero
Anarsis Pacheco Pólito
Chilpancingo
Sobre las palabras claves para entender y enorgullecernos de Guerrero versó la cátedra Ignacio Manuel Altamirano a cargo del maestro Erasto Antúnez Reyes titulada El patrimonio lingüístico de Guerrero. ¿Un tesoro que hemos perdido?, impartida la tarde de este jueves en la sede de la coordinación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Chilpancingo.
La cátedra programada originalmente para el jueves de la semana pasada, se pospuso para este 14 de junio debido a problemas personales del catedrático perteneciente a la Universidad Nacional Autónoma de México, y que la dirección del INAH Guerrero vio como necesaria, prefirió esperar a cambiar al invitado.
Ante un público compuesto mayoritariamente por estudiantes de antropología, en un reducido salón habilitado para la conferencia, el investigador guerrerense, Erasto Antúnez Reyes abrió la cátedra Ignacio Manuel Altamirano precisamente sobre el patrimonio lingüístico de Guerrero, tan numeroso y variado como lo fueron los diferentes grupos humanos que se establecieron en el territorio estatal a partir del valle de Iguala.
Con una explicación sencilla y amena, como deberían ser las clases de cualquier profesor interesado en dotar de interés a su charla para mayor aprovechamiento de sus alumnos, el antropólogo, especialista en lingüística, narró cómo a raíz de la lectura de un pequeño libro de Pedro Enriquez Ureña, se decidió por la carrera de antropología cuando todo apuntada que él estudiaría biología, química o medicina.
Y así como se ha confirmado que el maíz tuvo su origen y domesticación en el valle de Iguala, dijo el antropólogo, las condiciones creadas por el río Balsas permitieron el asentamiento y desarrollo de muchos pueblos cuyas lenguas, aunque originarias o proveniente de los otomíes, tuvieron sus particularidades y fueron conocidas como el amuzgo, el tlapaneco, mixteco y nahua, que sobrevivieron frente a la de los yopes, pantecas, tolimecas y chumbios.
Otro de los aportes de Guerrero, comentó el profesionista, fue la domesticación del xoloitzcuintle, el perro mexicano de origen lobuno, que no ladra pero aulla, animal que los antiguos mexicanos domesticaron y que se alimentaba de las sobras de comida de sus amos, quienes después de engordarlos se los comían.
Si Guerrero ocupa el penúltimo lugar en pobreza y sus habitantes tienen fama de flojos y violentos, es conveniente que todos sepamos de la riqueza que guarda y de las posibilidades que la cultura tiene para su desarrollo para quitarnos el estigma que portamos los guerrerenses, sostiene el antropólogo, quien ha visto e interpreta particularidades como la del río Balsas que al ascender la Sierra Madre del Sur, corre en sentido contrario a la dirección del mar.
En la presentación del catedrático, la maestra Blanca Padilla dijo del antropólogo que es un maestro prestigiado y que sus clases en la universidad son siempre concurridas, por eso con sus antecedentes los organizadores de la cátedra Ignacio Manuel Altamirano, prefirieron posponer su participación hasta ayer, pues por problemas personales el profesionista guerrerense se vio imposibilitado para estar en Chilpancingo en aquella fecha.




