Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Ayotzinapa debe ser un paradigma para México que no puede quedar impune: Tryno Maldonado

*Si no se conoce la verdad de los hechos, como mexicanos estaremos condenados a que el Estado y el gobierno perpetren cualquier otra clase de crímenes no sólo con nuestros jóvenes, sino con nuestros hermanos, nuestros padres y nuestros hijos, dice el escritor que desde hace tres meses vive en Ayotzinapa donde ofrece un taller literario a normalistas para que escriban su experiencia

Óscar Ricardo Muñoz Cano

“Ayotzinapa debe volverse un paradigma para este país, un paradigma para la justicia mexicana, un paradigma para todos nosotros y nosotras como ciudadanos, un paradigma para la acción; si permitimos que Ayotzinapa quede impune y que la verdad de los hechos de la noche del 26 de septiembre no se conozcan, como mexicanos estaremos condenados a que el Estado y el gobierno perpetren cualquier otra clase de crímenes no sólo con nuestros jóvenes, sino con nuestros hermanos, nuestros padres y nuestros hijos y es algo que, al menos de mi parte, no pienso permitir”.
Así de tajante fue la declaración del escritor Tryno Maldonado, quien desde hace tres meses se encuentra instalado en la Normal Rural de Ayotzinapa impartiendo un taller de narrativa y que, mientras se encuentra por iniciar un nuevo módulo, sus ocupaciones van desde lavar ollas y platos, barrer o entrevistar a los amigos y familiares de los 43 desaparecidos.
En entrevista a través de internet, el autor de Metales pesados (Alfaguara, 2014) o Teoría de las catástrofes (Alfaguara, 2012) texto que tiene como escenario las protestas magisteriales de Oaxaca en el 2006, agregó que internacionalmente Ayotzinapa significa la barbarie más cínica cometida por el Estado mexicano en tiempos recientes: “un Estado corrupto que no es otra cosa sino la cúspide del régimen autoritario y criminal del viejo PRI y que ha engendrado a monstruos tan parecidos a él como el PRD y el resto de los partidos políticos que tienen secuestrado al país”.
“Lo que para el resto del mundo es azoro e indignación por los crímenes de lesa humanidad ocurridos en Iguala contra un grupo de estudiantes, parecería que para el gobierno mexicano es un hecho menor y trivial; Ayotzinapa no debe caer en el olvido, pues corremos el riesgo de banalizar y trivializar cualquier otro tipo de violencia mayor perpetrada por el Estado”.
Es decir, añadió, “¿si esto no nos hace abrir finalmente los ojos como país y actuar, entonces qué?”

El día a día en la Normal

El escritor zacatecano, finalista del XXVII Premio Herralde de Novela en 2008, llegó por primera vez a Ayotzinapa en octubre del 2014 cuando acompañó a una caravana que llevó un cargamento de 4 mil libros donados por la gente que visitó la Feria del Libro del Zócalo en la ciudad de México el año pasado.
“Yo viajé desde Oaxaca, donde vivía hasta antes de mudarme aquí, hablé con los chavos del comité de la Normal sobre mi interés en ofrecerles un taller de narrativa… Poco más de una semana después ya estaba instalado aquí, encontré un campamento de padres de familia con mucho movimiento, cantidad de actividades diarias, y mucha solidaridad, rabia, dignidad y esperanza”.
“A partir de entonces sólo tengo gratitud para los padres de familia y los normalistas, que han sido sumamente generosos conmigo, y quienes muchos de ellos considero ya mis amigos”.
–¿En qué consiste el trabajo que realizaste en la normal? Supongo, fue más allá de impartir talleres; supongo, estás involucrado de alguna manera, se le preguntó.
–Mi taller de narrativa tiene el objetivo de entregarle a los normalistas interesados las herramientas suficientes para que ellos mismos puedan contar su historia, para crear una memoria individual y colectiva que desmonte y desmienta esa supuesta “verdad histórica” que pretende imponer el Estado mexicano a través de la PGR. Me parece fundamental que, además de la verdad y la justicia, exista una memoria generada desde el corazón de Ayotzinapa por los propios alumnos; si puedo aportar algo con mi trabajo, quedaré satisfecho… De hecho, ya hay al menos uno de mis alumnos que tiene un libro bastante avanzado y continuamos trabajando en él”
Agregó: “Por otro lado, mis tareas, como las de todos en Ayotzinapa, van desde limpiar trastes, lavar las ollas, limpiar la cancha donde está el campamento, recoger la basura, acarrear los víveres, etcétera; además de eso, acompaño normalmente a los padres a brigadear, a las marchas por todo Guerrero y en DF, y a todas las actividades del movimiento”.
¿Dónde estaban todas esas actividades culturales del Estado?

Si bien, en julio de 2014 Tryno Maldonado a invitación de la Secretaría de Cultura de Guerrero (Secultura) impartió un breve taller de novela en Acapulco, apenas hace un mes cuando se programaron las actividades de la Semana Altamiranista en Tixtla, y antes de arrancar la segunda etapa de las Caravanas Culturales por la paz, declinó participar.
“He rechazado abiertamente participar en esas actividades, e invito a mis amigos escritores y artistas a que no lo hagan; ¿dónde estaban todas esa actividades culturales del Estado que debieron reforzar el tejido social mucho antes de que esos jóvenes sicarios debieran optar como última salida volverse criminales ante la falta de otras oportunidades, o cuando los grupos del narco coaligados con la fuerzas estatales asesinaran y desaparecieran impunemente a nuestros estudiantes? ¡Entonces era cuando debieron actuar! No hasta ahora”.
–¿Qué pasa con la conciencia social de un artista, de un creador?, luego de narrarle un poco sobre las tibias reacciones de la comunidad cultural durante la pasada Feria Internacional del Libro de Acapulco del ayuntamiento y el Festival del Libro y la Palabra de la Secultura.
–Me enteré que hace muy poco, por ejemplo, el Estado publicó una lista de los “mejores 20 escritores mexicanos menores de 40 años que viajarán con Enrique Peña Nieto a Londres para hablar de las maravillas de este país, a ocultar que este país es un infierno y que es el Estado quien desaparece o aniquila a los más jóvenes, a los más talentosos, pero a ninguno de ellos, ni a ningún otro, lo he visto en todos estos meses poner un pie por aquí para enterarse al menos de lo ocurrido en Ayotzinapa en septiembre pasado… Cada quien deberá cargar con su conciencia.
No obstante, indicó: “Mi opinión es que debemos pasar de las ideas de disidencia y desacuerdo con el Estado a la acción; mi taller de narrativa, los testimonios sobre el caso Ayotzinapa que he publicado en mi columna para la revista Emeequis, mi labor acompañando todos los días desde hace tres meses a los padres de familia en marchas, brigadeo, actividades y la vida cotidiana, son la única forma que tengo de ser congruente con el ideal que tengo de país y en ese país que idealizo para las generaciones que vienen no sólo hay ferias del libro y festivales culturales; en ese país que idealizo hay además, y sobre todas las cosas, justicia”.

Se ha creado una inteligencia y una conciencia colectiva

Finalmente, se le cuestionó acerca de la importancia de los hechos de Iguala para una nueva generación de ciudadanos a quienes por ejemplo la masacre de Tlatelolco de 1968 le resulta muy distante.
“Me parece que Ayotzinapa será un parteaguas como lo fue Tlatelolco para la generación del 68, aquí se definirán quiénes hemos optado por la lucha para la consecución de un país más digno y más justo, y quiénes con sus inacciones se quedarán en la comodidad del establishment del régimen corrupto y criminal de nuestros partidos políticos y, por lo tanto, serán sus cómplices”.
“Este movimiento hizo justo lo que el rancio régimen del PRI a través de su vieja política de masas más detesta: unió por primera vez en décadas a distintos niveles de la sociedad mexicana; jamás se había visto marchar en tiempos recientes y codo a codo a gente de izquierda, anarquistas, gente de derecha, religiosos, trabajadores, estudiantes y gente de clase media o acomodada; este crimen de lesa humanidad es tan oprobioso que ha movido las entrañas de la sociedad mexicana y la ha hecho pasar a la acción; siento que se ha creado una inteligencia y una conciencia colectiva más allá del obvio nexo sentimental que nos ha hecho tomar acciones por los 43 alumnos desaparecidos de Ayotzinapa”.

468 ad