Rescata Tigres un punto a pura garra; empata 1-1 con River en la Libertadores
*Fallan en la ofensiva en la segunda mitad y los argentinos les hacen el gol de la igualada, reconoce el Tuca Ferreti
Agencia Reforma
Buenos Aires
Hay que mirar el medio vaso lleno. El del punto asegurado en un Monumental que explotaba de gente, de gritos, de aliento argentino.
El empate, que bien pudo ser triunfo si Tigres no retrocedía tanto y si no le sacaban casi en la línea el segundo de Joffre Guerrón, pero que también pudo ser derrota si el disparo de Mora, ya en el descuento, no daba en el palo ante un vencido Nahuel Guzmán.
Fue 1-1, cuatro puntos en dos partidos y un corazón gigante para pelear contra el último campeón de la sudamericana.
Por eso la sensación general de los felinos al final, del deber cumplido, de no haber naufragado en una cancha difícil. Por eso las sonrisas del Patón y de Joffre, de Damián Álvarez, al dejar el estadio cerca de la medianoche.
Este Tigres peleó los 95 minutos tanto como su afición cantó desde una cabecera. Trabó en cada pelota como hay que trabar, Guerrón no perdonó un error rival y así llegó el 1-0 al 40’.
El problema estuvo en el segundo tiempo y los números reflejan por qué: River tuvo la pelota el 70 por ciento del encuentro. Y Tigres, lejos de manejar con inteligencia la ventaja y la pelota, retrocedió mucho con sus dos contenciones y jugó demasiado cerca de Guzmán.
Así que un poco por propia falencia y otro porque River fue todo al ataque (terminó con sólo dos defensas), se dedicó más que nada a cuidar el 1-0.
Hasta que llegó un descuido en una pelota parada: dejaron solo a Carlos Sánchez, ex del Puebla y hoy el as de espadas millonario, que definió bárbaro, como el mejor Hugo Sánchez, al 73’.
“Fue un error que en estos partidos no puedes cometer, contra estos rivales. Estas distracciones cuestan caro, era algo que habíamos visto en los videos”, lamentó Tuca Ferretti a Cancha.
“Era una oportunidad de hacer historia, estábamos ganando, pero en el segundo tiempo no quisimos tener la pelota, no la dominamos y eso no es lo que queremos jugar. Puede haber conformismo de algunos, pero empatar es regular. Lo pudimos ganar y yo lo quería ganar”.
Y así se fue este partido histórico en el Monumental, con poco futbol, demasiado respeto al rival y mucho corazón.
Cantando, aunque no los oigan
Difícilmente algún aficionado argentino sepa lo que grita y alienta la gente de Tigres.
En un rincón del estadio, en una pequeña tribuna en lo más alto del graderío, hubo cerca de mil felinos que cantaron y cantaron, pero que no se escucharon mucho porque eran minoría y estaban ahí arriba de todo, lejos del campo.
Había que subir tres escaleras de las largas para ubicarse en la cabecera visitante. Lo hizo como pudo la abuela de Guido Pizarro, quien orgullosa le contaba a Cancha le sensación de ver desde ahí a su nieto en el Monumental.
Dieron el show de siempre, con banderas, instrumentos musicales y las canciones dedicadas al clásico rival; con un aliento incesante durante toda la noche, retribuido por los jugadores después del partido, cuando se acercaron a saludarlos.
En esa tribuna hubo familiares de Damián Álvarez y Nahuel Guzmán, también la barra y muchas historias mínimas, como la de Víctor, quien renunció a su trabajo para hacer el viaje después de ahorrar dinero durante mucho tiempo. También estuvo Manuel, regiomontano que trabaja en una empresa mexicana en Argentina.
Custodiados por la Policía local, algunos se subieron al paraavalanchas, desde donde uno perdió el equilibrio, se lastimó un brazo y tuvo ser atendido en una ambulancia. Otros se sentaron en los costados y algunos de pie en el centro, todos cantaron y disfrutaron de una noche mágica.
Unos ya están de regreso y otros, los menos, siguen de gira a Oruro. Así fue la noche Monumental: inolvidable.




