Rememoran con flores a García Márquez en el primer aniversario de su muerte
Asisten a su casa admiradores del Nobel de Literatura y amigos de la familia. Lo seguimos recordando igual, como esa gran persona y ser humano que fue, dice su asistente
Jorge Ricardo / Agencia Reforma
Ciudad de México
De seguir con vida, Gabriel García Márquez habría cumplido 88 años ayer y su casa luciría con flores amarillas y decenas de periodistas ansiosos de que saliera para cantarle, como la última vez, en 2014, Las mañanitas.
El inventor de Macondo murió el 17 de abril pasado; la actividad frente a Fuego 144, en Pedregal de San Ángel, es mínima, pero aún así, rosas y lilis amarillas, un par de amigos y una lectora han cruzado la puerta; cuatro periodistas también toman nota de todo esto.
A las 10 de la mañana llegó Genovevo Quiroz, el asistente de García Márquez. “Yo creo que nunca va a pasar desapercibido este día para sus admiradores”, dijo luego de estacionar un auto café sobre la banqueta. Añadió que la familia del Nobel –su viuda Mercedes Barcha, y sus hijos, Rodrigo y Gonzalo– están bien, tranquilos, dijo, recibiendo llamadas de amigos y familiares.
“Lo seguimos recordando igual, como esa gran persona, ese gran ser humano que fue”, dijo Quiroz.
Luego salió con Dinorah, una amiga panameña de la familia, quién dijo que lo seguían recordando y queriendo como siempre. Subieron al auto y volvieron con un arreglo floral en una canasta, ella con un ramo, los dos con rosas amarillas.
Llegó el cineasta Jorge Sánchez, íntimo amigo de la familia, y detrás de él la primera lectora, Jennifer Zamorano, una estudiante de Derecho en la UNAM, de 22 años, con un ramo de lilis amarillas para el autor del mejor libro que ha leído: Cien años de soledad.
“Es un honor venir a recordar a Gabo con todo mi cariño. Él es el digno representante de Latinoamérica y de todos nosotros, él no ha muerto, sigue presente entre todos sus lectores y creo que el mejor homenaje es leerlo, recordarlo y seguir su ejemplo, incluso su postura política, porque es digna de imitarse”, dijo.
Al mediodía, llegó Mónica Alonso, la otra asistente de García Márquez, seguida por un mensajero con otro arreglo de flores amarillas, el color favorito del colombiano, y chocolates para Mercedes. La puerta se abrió y dejó entrar el aprecio por quien hizo parecer mágica la realidad.




