Migrantes hondureños mutilados por La Bestia protestan en el Senado contra el plan Frontera Sur
Agencias Proceso y Reforma
Ciudad de México
“Aún tenemos sueños y los perseguimos”, “Nuestros sueños no han muerto”, se leía en las pancartas que portaba un grupo de 18 migrantes hondureños, mutilados de piernas, brazos o de ambas extremidades por el tren conocido como La Bestia, quienes protagonizaron una inesperada y singular protesta a las puertas del Senado de la República para demandar la desaparición del Programa Frontera Sur.
Llegaron al mediodía de un lunes donde el Senado luce casi vacío. Pidieron hablar con algún legislador, pero sólo los atendió personal de la Comisión de Asuntos Migratorios, quienes indicaron que martes o miércoles “darán respuesta” a sus reclamos.
Sin embargo, el personal de seguridad y resguardo de la Cámara alta se puso nervioso y restringió el acceso al Senado, como si los 18 hombres que llegaron en muletas, con prótesis o en sillas de ruedas fueran una amenaza para el gigantesco edificio de Reforma e Insurgentes.
“Queremos decirle al gobierno mexicano que dé mejor trato a los migrantes y que apoyen a nuestros hijos porque nosotros, que fuimos cercenados por La Bestia, ya no tenemos oportunidades para pagar nuestros estudios”, exigió Normán Saúl Valera, vocero del grupo de la organización Migrantes Retornados con Discapacidad (Amiredis).
Valera afirmó que tan sólo en el estado de Tabasco, donde se han concentrado varios migrantes heridos o mutilados por La Bestia, existen 68 personas que quieren llegar aún a Estados Unidos.
El testimonio
“Venimos aquí porque queremos que (los senadores) se concienticen, que ellos que están en sus oficinas sepan lo que pasa en realidad allá afuera”, comentó el José Ifraín Vázquez Isaguirre.
“En estos últimos días las cosas se han vuelto peor para nosotros los centroamericanos por el reforzamiento de la frontera sur, somos más vulnerables, es más terribles que antes”.
Vestidos la mayoría con playeras blancas y shorts color caqui, 17 hondureños se colocaron en la reja del Senado con carteles en los que se lee: “No más migrantes desaparecidos, secuestrados y mutilados” y “No somos terroristas amamos la paz”.
Vázquez Isaguirre, de 34 años, perdió en 2001 su pierna izquierda al fallar en su intento por subirse al tren conocido como La Bestia.
Antes de eso, en Chiapas los maras lo asaltaron y luego la Policía lo golpeó y lo arrestó por un supuesto robo de banco, aunque días después lo liberaron porque ya habían atrapado al verdadero culpable.
“Tuve tanto miedo de las personas que supuestamente guardan el orden que decidí caminar mejor bajo la sombra de los árboles, estuve tres días sin dormir ni comer”, narró el padre de una niña de 11 años.
“Decidí tomar esa bestia (el tren) porque ya no tenía dinero”.
Corrió junto al tren para subirse, en el penúltimo vagón se animó a dar el salto, pero apoyó la pierna en una piedra que se zafó y apenas pudo sujetarse del tren.
Sus piernas arrastraron por alrededor de dos minutos. Vázquez Isaguirre recuerda que intentó subir y asegura que a sus entonces 21 años lo hubiera logrado, pero estaba muy débil por no comer.
Su pierna izquierda ya estaba destrozada cuando cayó en una zona baldía, y pensó que si se quedaba ahí no lo encontrarían, así que se paró sobre su pierna buena y avanzó a brincos unos 250 metros, hasta un crucero.
Unos campesinos lo vieron y llamaron a Migración; lo llevaron por varios hospitales hasta que lo atendieron, y apenas siete días después, lo deportaron a su país.
“Fue un trato totalmente inhumano, nos ven como mercancía o animales”, lamentó.
Una comisión de los inmigrantes ingresó al Senado, aunque no llevaban ningún documento qué entregar, sólo sus experiencias personales.




