En medio de protestas asume obispo chileno acusado de pederastia
DPA
Santiago de Chile / Roma
El designado obispo de la ciudad chilena de Osorno, Juan Barros, asumió ayer oficialmente su cargo en medio de protestas de fieles que aseguran que el sacerdote encubrió actos de pedofilia.
“Juan Barros, no somos tu rebaño”, lo abucheó un grupo de manifestantes, estimado en más de 600 personas, según informó la policía que desde temprano desplegó un fuerte contingente para resguardar el orden en las afueras de la Catedral.
Numerosos manifestantes lograron ingresar a la iglesia y consiguieron por momentos interrumpir la ceremonia con gritos y portando carteles en los que le exigían al obispo que se marchara.
“Hemos pedido a todas las instancias de que se vaya pero nadie nos escucha”, dijo una mujer a radio Cooperativa, enfrente de la catedral de Osorno, ubicada a unos 920 kilómetros al sur de la capital chilena, donde también se produjeron algunos enfrentamientos.
Juan Barros, quien fue designado obispo el 15 de enero pasado, es acusado por víctimas de abusos sexuales de los años ‘80 de haber observado los atropellos que cometía el padre Fernando Karadima, recluido de por vida por orden del Vaticano.
“Se besaba incluso con Karadima”, reveló una de sus víctimas, Juan Cruz.
El papa Francisco en Nápoles: “La corrupción apesta”
El papa Francisco condenó ayer la corrupción, el desempleo y la explotación de los trabajadores durante su visita al barrio napolitano de Scampia, lugar que fue escenario de una sangrienta guerra entre clanes de la Camorra, la mafia local.
“La corrupción apesta, una sociedad corrupta apesta, y un cristiano que deja que la corrupción se quede con lo mejor de él, apesta”, afirmó Francisco.
“Pertenecen a un pueblo con una larga historia, atravesada por vicisitudes complejas y dramáticas”, dijo el pontífice ante los congregados en el barrio de Scampia. “La vida en Nápoles nunca ha sido fácil, pero nunca ha sido triste. Este es su recurso más grande, la alegría”.
“Scampia es un barrio de Nápoles repleto de problemas, pero también rico en recursos”, explicó por su parte al papa el cardenal Crescenzio Sepe, arzobispo de Nápoles.
El papa argentino inició su visita de un día a Nápoles, en el sur de Italia, en un santuario de la Pompeya moderna. Después se dirigió al barrio de Scampia, a donde llegó en el papamóvil, posó en “selfies” con adolescentes y se sentó en una silla rodeado de niños.




