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Seis meses de marchas, reuniones, brigadas… incansable lucha de los padres de Ayotzinapa

*Hoy se cumple medio año de la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Normal Rural y familiares de los jóvenes relatan el vía crucis que ha sido su exigencia de justicia y de presentación con vida de sus hijos

Lourdes Chávez

Ayotzinapa, Tixtla

A medio año de la desaparición forzada de 43 alumnos de la Normal Rural Ayotzinapa, los padres están resueltos para seguir la lucha en exigencia de la presentación de sus hijos, una lucha que luce incansable.
Marchas, mítines, reuniones, brigadas en todas las regiones del estado, fuera de éste y del país, paran dos días y vuelven a las manifestaciones políticas que convocan organizaciones estudiantiles, sociales y sindicales en torno a los padres, quienes ahora representan el corazón del movimiento del descontento social en México.
La lucha para exigir justicia no es sencilla, es un vía crucis, “no hay descanso pero vale la pena”, dijo la señora María Martínez Ceferino, madre de Miguel Ángel Hernández, normalista desaparecido tras los ataques de policías municipales a estudiantes el 26 de septiembre de 2014 en Iguala.
“¿Y cómo?” es la expresión constante del señor Celso García Aristeo, indígena na’savi, padre de Abel García Hernández, cuando habla de estos seis meses de lucha como para decir: de qué otra forma va a localizar a su hijo.
Muestra de esta resistencia al cansancio fue la marcha del 23 de octubre de 2014 que partió a las 10 de la mañana de Tixtla a Chilpancingo, de 17 kilómetros, seguida de una misa del obispo Alejo Zavala Castro en el Zócalo de capitalino. Los padres, familiares y estudiantes escucharon de pie hasta las 6 de la tarde “y no nos vencimos” recordó la madre de Magdaleno Rubén Lauro Villegas, Juliana Villegas.
Las madres lloraron mientras escucharon la ceremonia religiosa. Entonces se decía que los normalistas estaban enterrados en una fosas clandestina en Iguala, donde hallaron 28 cuerpos, versión que luego fue desmentida por mediante estudios forenses.
Otro ejemplo es la Octava Acción Global por Ayotzinapa el 26 de enero, cuando los papás y mamás encabezaron cuatro marchas simultáneas en la ciudad de México, con estudiantes, trabajadores y activistas, y caminaron de las 10 de la mañana a las 6 de la tarde a través de las principales avenidas de la capital. Desde la tarde y hasta la noche, madres y padres subieron al templete para presidir el mitin en la plaza de La Constitución, firmes, serios, con gran dignidad, durante dos horas más.
“Por eso mismo nos dicen: ¡¿Cómo aguantan?! -sol, frío, cansancio-, por nuestros hijos debemos seguir adelante”, mencionó María Martínez, pero añadió que los fortalece el respaldo en las marchas y las expresiones de solidaridad que han encontrado en diferentes rincones del país y del mundo en apoyo a la exigencia de presentación de los 43.
En esta jornada sobresalen la caravana a distintos estados al sur y norte de país que culminó en una manifestación multitudinaria el 20 de noviembre en la ciudad de México. La denuncia que llevaron al Comité de Desapariciones Forzadas de la ONU en Ginebra, en Suiza y la presentación del caso en el 154 periodo de sesión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en Washington, el 23 de marzo.
Actualmente hay tres grupos en la denominada Caravana43 en Estados Unidos recorriendo el mismos número de estados por invitación de las organizaciones de migrantes mexicanos.
Además de acciones en el Distrito Federal, incluso en los días de celebración de fin de año, bajo la consigna de que si no hay Navidad ni Año Nuevo para los padres tampoco para el presidente Enrique Peña Nieto quien, aunque de lejos, sabía que los padres exigían la presentación de sus hijos.

No nos importa que nos digan necios: mamá de Miguel Ángel, uno de los desaparecidos

María Martínez, ama de casa y activista obligada por las circunstancias, sonríe como para darse valor, y limpia algunas lágrimas mientras habla de su experiencia.
Ella no pidió estar en esta situación, “a mi me pusieron, sin sentir, ni pensar estamos aquí, en el ojo del huracán, aprendiendo, todo es nuevo… abandonamos casa, hijos en esta lucha, por el que nos necesita”.
Consideró que nadie puede imaginarse estar en una situación similar, y en medio de esto tampoco recibieron el respaldo que esperaban de sus vecinos, amigos o incluso parientes, que les llegaron a decir “ya dejen eso, ya están muertos, ya no están. Y eso nos duele”.
Sin embargo, “veo a las mujeres cargar a sus bebes, y (digo) así cargué al mío. Así que no nos importa que nos digan necios, por ellos vamos a seguir luchando”.
A quienes los llaman revoltosos y necios por insistir en la presentación con vida de sus hijos cuando la Procuraduría General de la República (PGR) ya los declaró muertos, dijo: “si ellos estuvieran en mi lugar, sobre todo si está consciente de que su hijo vive, no dirían lo mismo”. Afirmó que “gustosa” cambiaría por cualquiera de ellos esta pena.
Por separado, también en la escuela, Juliana Villegas recordó que tras la desaparición de los 43 les tomaron muestras de ADN “para que nos entreguen a nuestros hijos, no huesos de cualquier otro, que sean de nuestros hijos, y como no pudieron hacerlo ahora quieren convencernos de otra forma. Dicen que están quemados, pero eso no es una respuesta”.
“Para mí, el gobierno ya perdió. Cada fosa que encontraban decían que esos eran ellos, y no fue a salir así”, dijo molesta.
En esta incertidumbre los padres pusieron sus esperanzas en el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) que se integró a las investigaciones de la Procuraduría General de la República (PGR), y luego se deslindó de la versión oficial por irregularidades en el proceso de investigación.
El EAAF declaró que no constató la procedencia de el único fragmento de hueso identificado del normalista Alexander Mora Venancio, recogido en bolsas de cenizas que buzos rescataron del río San Juan en Cocula, según dijo la PGR.
Los expertos también les dijeron que no hay certeza del incendio en el basurero de Cocula la noche en que los estudiantes fueron detenidos por policías municipales donde algunos inculpados declararon que ahí los estudiantes fueron asesinados, quemados y reducidos a cenizas por sicarios de Guerreros Unidos.
Confiaron también en el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes GIEI, enviado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) hace menos de un mes para dar asistencia técnica al gobierno de México en la investigación de los hechos, la búsqueda de los desaparecidos y medidas de no repetición. Su primera opinión fue que las autoridades deberían de reanudar la búsqueda con vida de los estudiantes, a pesar de la versión oficial de que todos fueron asesinados y reducidos a cenizas.

Los campesinos, abandonaron la tierra por sus hijos

Antes de salir a la ciudad de México, el papá de Magdaleno Rubén, Fracisco Lauro indicó que dejó su siembra y perdió su cosecha pero, “se olvida uno estando aquí todos los días”.
Cuando supo de la desaparición forzada salió de Ayutla hacia la escuela Normal en Tixtla, como todos los demás padres, y pensó que en una semana o a más tardar en 15 días se los iban a regresar de alguna prisión, pero no fue así.
Pasó medio año y reclamó “¿Dónde están las cenizas, dónde está los huesos? No hay nada, no nos muestran nada, es puro engaño”.
Añadió “para mí, mi hijo está vivo, no siento en mi cabeza que mi hijo esté muerto. Está vivo, lo tiene el gobierno y el gobierno lo tiene que entregar”.
Celso García Aristeo de Tecantepec, Tecoanapa, relató que antes del 26 de septiembre él no sabía de luchas sociales ni demandas.
“¿Y cómo?, dejé mi casa, mis chamacos van a la secundaria y yo llevó todo el gasto, antes no sabía nada de esto, todo el día trabajaba en la tierra. La lucha es difícil, a veces no almuerzo, estoy en la calle sin dinero, las marchas son cansadas (pero) ¿si no cómo?, ¿Quién va a ir por sus hijos si no los padres?”, pregunta.
Igual que Francisco Lauro confiaba en que los muchachos volverían en unos días porque así les dijeron, “y nomás nos engañan, luego -dicen- olvídate, ya se murió, lo mataron, lo quemaron. Nosotros no creemos, hay gente que sabe rifar las cartas y dice: su hijo vive, pero está difícil encontrarlo. Por eso nosotros seguimos en la lucha”.
Detalló que de la siembra que abandonó hace seis meses sólo rescató parte del cultivo de maíz, un poco de frijol, perdió la cosecha de jamaica y semilla de calabaza.
En cambio ha ido en busca de su hijo a la ciudad México, a Acapulco, a Zihuatanejo, a Ayutla, a Ometepec, a Marquelia, “sí, y cómo… estoy aquí sin dinero”, repetía con cierto pesar.
Explicó que los padres subsisten con las donaciones en dinero y víveres que llegan a la Normal. Para evitar malos entendidos se reúnen permanentemente en sesiones que a veces duran el día entero en el auditorio de la escuela.
Ahí viven muchos prácticamente desde hace seis meses. Los que son de Tixtla o de sus comunidades hacen guardias en la Normal y duermen en sus domicilios.
El comité de padres que recibe las aportaciones da cuenta de los ingresos y los gastos, los abogados de los centros civiles de derechos humanos que los representan legalmente explican y atienden sus dudas, particularmente tras las reuniones con funcionarios federales en la comisión mixta que se conformó para el seguimiento del proceso.
Aunque el secretario de la Marina Armada de México, Vidal Francisco Salvador Sanz declaró que los padres son “políticamente manipulados”, en una reunión en la Comisión Estatal de Defensa de Derechos Humanos en Chilpancingo se constató que los padres hicieron a un lado a los abogados para confrontar a funcionarios federales.
El 3 de noviembre de 2014 rechazaron el formato de diálogo que se acordó entre sus abogados y funcionarios federales de primer nivel, quienes escucharon en silencio los reclamos de los padres ante la falta de resultados.
En sus reuniones internas en la Normal los padres también conocen las invitaciones de organizaciones en el estado y el país para continuar esta lucha, y las acciones políticas por la verdad y la justicia.
Ayotzinapa es su centro de operación y sede de las organizaciones que conformaron la Asamblea Nacional Popular (ANP), donde se han incluido otras demandas, pero el eje central es la presentación con vida de los 43 estudiantes.

Juntos tienen aliento y esperanza

La señora Juliana dijo que ha sentido cansancio, tristeza y rabia en el camino para encontrar a su hijo, pero que tienen una única alternativa para hacerlo, “no hay motivos políticos, para mí la política no importa, lo único que me importa es mi hijo”.
Damián Arnulfo Marcos, de Rancho Coapa, Ayutla, padre padre de Felipe Arnulfo Marcos, a quien se le ve siempre junto a esposa y su hija –todos hablan con dificultad el español-, declaró que sigue firme, “aquí vamos a estar todos los días hasta que los encontremos”.

Problemas de salud

Los padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa poco hablan de sus problemas de salud aunque se les pregunte, algunos familiares reconocen molestias de presión arterial, casos agravados de diabetes que antes eran atendidos en un módulo de salud que se retiró el 26 de enero de la escuela de Ayotzinapa.
Esta semana el GIEI recomendó al gobierno federal que se reactiven los servicios médicos para los padres y familiares que están permanentemente en la Normal Rural, así como a los que están fuera y los mecanismos de atención en otro nivel, cuando sea necesario.
María Zeferino, una madre joven recordó que la primera semana tras la desaparición forzada no podía pasar bocado, y el 8 de octubre en la ciudad México, mujeres que han padecido lo mismo le hablaron con firmeza, “si quieres a tu hijo tienes que comer, si no atente a las consecuencias y yo no estoy completa hasta que él regrese, me falta un pedazo de mí”.
Comenzó a alimentarse, a levantarse de la cama aún con desgano porque “una madre se enfermó y no pudo ir a buscar a su hija, eso no me puede pasar a mí, yo sí quiero”.
De ama de casa a activista, la mujer dejó de ver noticieros de televisión donde privilegiaron la versión de la PGR, “yo creía en Televisa y Tv Azteca. ahora todo se les cayó, ya no quiero saber nada de ellos ni los de partidos políticos”.
Exigió que no utilicen a sus hijos ni a los padres en sus campañas, “sólo viviendo esto es como uno se da cuenta, nosotros estamos viviendo cómo suceden las cosas. Ya no creo en nadie”. Lamentó que la mayoría de los padres de otros desaparecidos callen por miedo.
Don Celso García -como le llaman los padres, compa los activistas y tío los estudiantes-, dijo que nunca había pasado ni vivido algo así, “que secuestran a los chamacos, que la gente mata gente, antes era limpio”.
Observa que en los últimos años todo está cambiando, todas las regiones se han vuelto peligrosas, “el narco anda en el cerro apeando gente, da miedo ir a traer leña porque los secuestran y si no hay dinero los matan”.
Al siguiente día de esta consulta protestaron en las instalaciones de Televisa para exigir el derecho de replica que les negaron los directivos de esa empresa.
La siguiente protesta será mañana, a seis meses de los hechos violentos, en las instalaciones estatales y central del Instituto Nacional Electoral, y luego marcharán en la capital del país.

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