Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Se concentró en acercarse al movimiento de los normalistas y en evitar la represión, dice Rogelio Ortega

*El enfrentamiento en el cuartel de Iguala, el que hubo cuando se preparaba un concierto de rock en Chilpancingo, cuando los militares cortaron cartucho a una marcha encabezada por padres de los desaparecidos de Ayotzinapa en Ayutla y el ataque a cetegistas cerca del aeropuerto de Acapulco fueron los momentos más difíciles en estos seis meses de gobierno, cuenta

Juan Angulo Osorio

(Primera parte)

Dos días faltan para que el gobernador interino de Guerrero, Rogelio Ortega Martínez, termine el periodo de seis meses para el que lo nombró el Congreso de Guerrero, y se desconoce aún si seguirá en el cargo. En este semestre, dice en entrevista, se movió entre las acciones radicales del movimiento social por la presentación de los 43 normalistas desaparecidos, y en el otro extremo el peligro de una salida represiva al conflicto.
Ante la probabilidad del fin de su gobierno, o al corte de su primera mitad, si los diputados lo ratifican, Ortega explica que su prioridad fue atender las demandas de ese movimiento social, con la estrategia de sumarse al torrente que se generó en Guerrero, en el país y en el mundo, en el acompañamiento de los padres de los 43 desaparecidos y los estudiantes de la Normal Rural.
Se trazó una vía corta para acercarse al movimiento, que fracasó desde el primer día que estuvo en el cargo. No había espacio para el gobierno del estado en la relación con el movimiento, que la tenía ya directa con el gobierno federal para reclamar la presentación con vida de los 43 desaparecidos, la demanda principal.
Seis meses después, el camino largo apenas comenzaba a dar algún resultado con una parte del movimiento que reconoció públicamente su participación en una reunión con Ortega que duró 17 horas, el lunes 13 de abril; antes, cuando él decía que se reunía con líderes, particularmente de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG), ellos lo negaban.
El camino corto para buscar el acercamiento estaba bloqueado. Dice que apenas había terminado la ceremonia de toma de posesiónen el salón de plenos del Congreso, el 26 de octubre,  se reunió con dirigentes estudiantiles de Ayotzinapa, en la casa del director del plantel, José Luis Hernández, para acordar su visita a la Normal Rural, al día siguiente, para mostrar su solidaridad y proponer el acompañamiento al movimiento.
“Fue muy rápido, media hora y dijeron ‘ok a las 6 es la asamblea nos vamos a regresar para plantear que mañana vas a la escuela y ahí hacemos el primer diálogo contigo’.  Y dice: ‘mañana a las 10 de  la mañana te vamos a recibir, van a estar los padres, los liderazgos y vamos a hacer la primera mesa de trabajo’. Y se fueron. Yo creo que no transcurrieron  ni 20 minutos cuando me regresan la llamada. Me dicen: ‘Llegó Vidulfo (el abogado del Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinolan, Vidulfo Rosales Sierra, que se encarga de la defensa de los padres y estudiantes de Ayotzinapa) y dice que la interlocución la tenemos a nivel federal, que al movimiento no le conviene reconocer al gobierno interino y que es un retroceso para nosotros que tenemos negociación en la federación, es un retroceso venir a negociar a Guerrero que está rebasado y no le conviene al movimiento’. Y se cancela la reunión”.
“Esa es la ruta express que había diseñado, la había trabajado y cuando ya se impide entonces yo tengo que agarrar la ruta larga, de manera discreta, sin protagonismo, ir buscando de a uno por uno, ir dándoles muestra a los líderes sociales, de que yo vengo con la intención de llegar a acuerdos a través de un diálogo franco, abierto y propositivo y que nos vayamos encontrando en la ruta, que no me opongo al movimiento que me den la oportunidad de navegar en él, hasta  donde se pueda y en las partes donde digan aquí no puedes navegar con nosotros, entonces yo me salgo, corro y los alcanzo más adelante”.
–¿Pero cómo pretendías estar en el torrente del movimiento social por Ayotzinapa si descalificabas a dos de los más importantes participantes, a Tlachinollan, a su abogado Vidulfo Rosales, a su director Abel Barrera, y a líderes de la CETEG. Y también si dices que sólo son 200 los que no quieren que haya elecciones.
–Son percepciones, a veces respuestas a bote pronto, que no dan exactitud ni de lo que se está haciendo ni de lo que se pretende, yo nunca descalifiqué a Vidulfo. A mí, a pregunta expresa, cuando me dicen: ¿y  por qué no los ha buscado, por qué no ha dialogado con ellos, y  les cuento esta historia, por supuesto que fue lo primero que hice y fue  Vidulfo el que llegó y planteó que no era el diálogo conmigo, solamente eso dije pero claro en la situación de la efervescencia. Hoy  lo podemos reflexionar y a lo mejor digo Vidulfo pues sí tenía razón,  a la distancia, con  mesura, pero en ese momento yo me tracé una ruta y si un actor político me la descompone, pues lo digo, lo digo de manera abierta y franca, estoy expresando mi verdad.

Rechazo del movimiento al gobernador

Rogelio Ortega cuenta que vivió momentos de rechazo hacia él, pero considera que es un rechazo a la figura del gobernador de Guerrero, visto como cómplice de los políticos represores que causaron lo que llama la “tragedia de Igual y el drama de Ayotzinapa”.
Ortega dice que recientemente platicó con el nuevo secretario general del Comité Ejecutivo Estudiantil de la Normal Rural de Ayotzinapa, un joven sobreviviente de la masacre del 26 y 27 de septiembre en Iguala. Y cuenta que le dijo que recuerda cuando Ortega marchó de Ayotzinapa a Chilpancingo, el 23 de octubre,  con un contingente de padres, estudiantes y maestros. Comenta que el estudiante le dice que en esa marcha –el mismo día en que anunció Ángel Aguirre que se retiraba del cargo– iba cerca de él, pero que cuando ya lo vieron como gobernador lo vinculan al “maldito poder que nos agredió”.
“Para mí llegar a la gubernatura era una oportunidad de demostrar que se puede gobernar de manera diferente, para ellos era como una traición, un luchador social que  ahora va a servir a los políticos corruptos, a los narco políticos, entonces es su cómplice, entonces es su socio”.
El 25 de febrero “llego a una secundaria en Teloloapan donde estudió mi madre, y la directora me recibe, me reciben los profesores para plantearme sus demandas, pero afuera ya están los otros compañeros radicales con pancartas: ‘Rogelio asesino’, y el día anterior había pasado lo del 24 de febrero (el desalojo de maestros de la CETEG en el bulevar al aeropuerto de Acapulco por policías federales antimotines que dejaron decenas de golpeados y cinco maestras violadas) y el deceso del maestro Claudio Castillo Peña.
“Ese día, había quien decía: está clarísma la complicidad de este desgraciado, antes era luchador social y ahora es cómplice de quienes nos golpean”.
–¿Y qué hiciste?
–Yo no voy a salir corriendo, me voy a acercar a ellos. Yo los escucho y les pido escúchenme también.
Otro momento ocurrió en San Antonio de las Tejas, en lo más alto de la sierra de Coyuca de Catalán, a donde Ortega llegó en helicóptero hasta mitad del camino y después por una brecha más de seis horas.
“Estaban los chavitos con sus uniformes de las escuelas, los comisarios, las señoras y una exposición de sus productos agrícolas y artesanales (…) Entro a la cancha a la tribunas y como dos gentes me dicen: ‘Rogelio chinga tu madre’. Y los volteo a ver y entonces les digo entiendo tu enojo y tu malestar y yo he estado de ese lado y sé que no es a mi persona sino a la institución que represento”.
“Yo ahí no soy Rogelio Ortega el académico, el luchador social, soy el gobernador y seguramente el cómplice o el nuevo que viene a hacer las mismas fechorías que los otros (…) Cuando viene ese exabrupto yo no lo tomo como una ofensa, lo tomo como la magnitud de la inconformidad, el malestar y la rabia de la gente, contra todo símbolo de poder y de las instituciones y entonces digo claro, claro que ellos tienen razón y no me están viendo como Rogelio
Ortega, como yo soy, sino como el gobernador”.
Otro momento, se dio en un acto público en la Tecampana en Teloloapan.  “Agarran una silla de hierro y se la aventaron a Rosa (su esposa Rosa Icela Ojeda) a ella le pasó aquí (señala con la mano cerca de la cara), y le pegan en la cara a una maestra y a una de las chicas del staff le pasa rozando y nos arrojaron dos piedras. Ahora cuando converso con ellos dicen que no fue intencional, que fue para advertirme que no era bien recibido y que me regresara, no me regreso, avanzo más rápido y me detengo, no para decirles groserías o amenazarlos sino para decirles yo te entiendo y entiendo tu coraje y creeme que también es el mío y por qué no platicamos y en algún momento como que quería agarrar la piedra y darme en la cara, hasta que llegó un momento en que puso las manos atrás e intentó guardársela en el pantalón de mezclilla”.
–¿Qué hiciste después con ese manifestante?
–Le dije,  yo te entiendo, pero espérame te estoy explicando, yo no me los llevé (a los 43 desaparecidos), no soy cómplice, yo quiero que se haga justicia, acompañar a los padres y acompañar a los líderes y me he reunido con ellos y me quiero reunir contigo y quiero que me expliques todos los malestares que traes y porqué no podemos trabajar juntos y por eso estoy aquí y doy la cara y no creas que soy valiente, no lo hago por eso, lo hago por convicción. Y me dicen ‘no hay condiciones Rogelio’ y le digo me está diciendo que hoy no pero ya me vio y me voy a saludar a todos, me van recibiendo y me ven y dicen éste sí, en las condiciones más difíciles y aquí y solo, dos atrás y saludando y diciendo ‘no lo saluden, no le den la mano, es un asesino’, llega un momento en que me dicen ‘pásense’ y yo no, yo aquí hasta que me den el abrazo  y eran minutos que se hacían eternos y cuando ya nos bajamos y me dice uno ‘no hay condiciones ahora, retírate, no te van a permitir hablar,  retírate no hay condiciones y por lo que hiciste, garantizamos que cuando des la espalda nadie se va atrever a apedrearte’, cuando lanzaron vieron que yo todavía estaba abajo y estábamos Rosa y yo y dije no me escuchan, entonces me subo al estrado y de ahí a viva voz, entonces dicen “ese es un provocador”, quién es, quién lanzó y agarra y se escabulle, le bajan, el día anterior había pasado lo del 24 de febrero.

Los tres momentos más difíciles de su gobierno

–¿Esos son los momentos más difíciles, con la gente que trata de agredirte?
–No.  Te voy a decir los tres más complicados, que me regresó un malestar de colitis por estrés que desde hace 20 años no lo tenía, que se me ocasionó cuando estábamos en los movimientos sociales, especialmente cuando me daban noticias de que habían detenido a un compañero, que lo habían matado.
“Cuando lo de Ayutla que les cortaron cartucho, que yo estaba ahí             viéndoles, no es un enfrentamiento con los granaderos, es el Ejército. No, decían, los vamos a desalojar, no los van a desalojar, les van a disparar, pues entonces intervén para que no nos disparen. Mejor retírense, ya llegaron hasta ahí. Les digo los movimientos guerrilleros asaltan cuarteles  y a veces de manera ventajosa, a veces no, dicen ‘no, les vamos a demostrar que sin armas, con los machetes, con los palos’. Era la lucha callejera de autodefensa con las masas organizadas y con los familiares como escudo por delante. Cuando me dicen ya están a un metro y medio y les cortaron cartucho y me quiebro (pienso) los van a matar y cuando escucharon el cerrojo, más de la mitad del contingente empezó a correr”.
“Al día siguiente se van a Iguala, agarran el tráiler y lo avientan contra la entrada del cuartel y el tercero, cuando aquí cerca del mercado, cuando era el festival de rock y que se agarran en la madrugada con la policía federal. Esos han sido los tres eventos”.
–¿Qué pensaste que iba a pasar?
–Que iba a haber muertos y entonces más drama a la tragedia y ya ahí dije yo aquí no tengo qué hacer ya nada (…) por eso también manejo el discurso de que todos sabemos como inició el conflicto, pero no cuando ni como termina.
–Pero eso quiere decir que tienes la imagen del Ejército de que es capaz de cualquier cosa, como disparar contra una manifestación pública desarmada, que tiene una causa.
–Ahora he convivido con los mandos militares, tengo especial reconocimiento con el general (Alejandro) Saavedra (comandante de la Novena Región Militar) y el almirante (Ángel Enrique) Sarmiento (comandante de la Octava Región Naval) con quienes me reúno por cuestiones de trabajo cada ocho días, pero por cuestiones oficiales a veces más de una vez a la semana y ha habido modificaciones en las fuerzas castrenses, aquí y en China y en todo el mundo. Por supuesto que son instituciones entrenadas para recibir órdenes y tienen protocolos y si la orden es desalojen, la acatan y no se le va ocurrir a alguien decir yo no desalojo, son órdenes, dejen entrar a la gente, ustedes no se opongan, pero si es no, no permitan ustedes que ingresen, es no ingresen y entonces el primer paso del protocolo es con quién nos podemos entender, y el segundo es el de la  advertencia.
En los tres momentos más difíciles a que se refiere Ortega durante su gobierno, igual que el desalojo violento de maestros de la CETEG de las cercanías del aeropuerto de Acapulco el 24 de febrero, donde murió el profesor Claudio Castillo Peña, estuvieron a cargo de la represión el Ejército y la Policía Federal. Ortega estuvo a la expectativa, sin poder hacer algo.
El gobernador se refiere a la agresión de policías federales a estudiantes y padres de Ayotzinapa y maestros de la CETEG que preparaban el escenario para un concierto de rock el 14 de diciembre, que desató tres horas de violenta confrontación, en la madrugada, cerca del mercado central de Chilpancingo. Finalmente quedaron 12 estudiantes, padres y maestros lesionados y cinco policías. La agresión hizo que el concierto se trasladara a Tixtla, custodiado por la Policía Comunitaria.
Otro momento de peligro de represión a que se refiere Rogelio Ortega es la marcha el 17 de diciembre en Ayutla, cuando 4 mil pobladores encabezados por padres de los estudiantes desaparecidos llegaron al cuartel de la Policía Municipal, ocupado por militares, y les pidieron que abandonaran esas instalaciones, que respetaran el libre tránsito porque se han dedicado a hostigar a la población en los retenes. La marcha llegó a 300 metros del cuartel, pero no avanzó más porque les cerraron el paso soldados armados con rifles de asalto. Los comisarios tocaron las campanas de la iglesia para llamar a más vecinos de las comunidades, que se movilizaron para apoyar al contingente, pero los pararon otros militares que llegaron por el norte. Finalmente acudió desde Acapulco el comandante de la 27 zona,  general Mario Lucio González Cortés, que recibió el pliego petitorio de los manifestantes, que se retiraron con el acuerdo de que al día siguiente dialogarían con el subsecretario de Gobernación federal, Luis Enrique Miranda, en Acapulco.
El otro momento fue en Iguala el 13 de enero, cuando militares desalojaron a golpes, pedradas y gases a padres de Ayotzinapa que pretendían entrar al cuartel del 27 batallón para buscar a sus hijos, y traspasaron la puerta y las barricadas con un tráiler de la Coca Cola. Finalmente, tras un intercambio de pedradas y botellazos, quedaron 15 manifestantes lesionados, principalmente padres de familia y estudiantes, que se replegaron.
En esos tres momentos se asomó el peligro que Ortega ve, de la represión al movimiento, de lo que llama “la salida autoritaria al conflicto”. Dice que en Guerrero se vivió una época de insurgencia social en 1960, y que el Estado lo “resolvió” con una salida autoritaria, con la represión al movimiento social, y de nada sirvió porque ante la falta de espacios para la lucha legal, éste se transformó en movimiento guerrillero.

468 ad