José Gómez Sandoval
POZOLE VERDE
*Puntadas de Edmundo Valadés
Excerpta
Hace cincuenta años, Edmundo Valadés ponía en circulación El Cuento, una revista de imaginación absolutamente singular en el ámbito editorial mexicano. En sus páginas aparecían relatos de autores de todo el mundo. Una de sus secciones –novedosa– también funcionaba como taller de creación literaria a distancia al servicio de los escritores de cuentos breves de México y América Latina. No faltaba la crítica libresca, los datos de los autores ni la información cultural. Creo que, después de la muerte de Valadés, la revista siguió saliendo algún tiempo, bajo el ánimo de los escritores que armaban la revista con él. Al volver a su tierra, tras ocho años de exilio político en México, el escritor Mempo Giardinelli editó Puro Cuento, una revista inspirada (contenido, secciones, formato) en El Cuento. En 1981, la revista le hizo obtener a Edmundo Valadés el Premio Nacional de Periodismo.
De don Edmundo Valadés se dijo poco y en corto. Se recordó el cuento “La muerte tiene permiso” (que da título al libro) y otro textos de Las dualidades funestas. No faltó quien citara el ensayo que dedicó a Marcel Proust y a los que integran La revolución en su novela. Probablemente a todos les pareció intrascendente Excerpta, el libro que Valadés escondió bajo el sello de la editorial Katún (1984), hoy desaparecida. Y permítanme: como conocí a don Edmundo en una fiesta en el departamento de Mauricio González de la Garza (en la que éste, al piano, cantó Polvo enamorado, la melodía de su autoría que acababa de grabar José José); como, además, había sido presidente del jurado que premió mi cuentario Los ángeles del cuerpo y ya me había publicado un relato larguísimo en El Cuento (1988), Valadés me dejó entrevistarlo para la Revista de la Universidad Autónoma de Guerrero. La entrevista salió con un título nada novedoso, pero certero: “Edmundo Valadés, el hombre que más cuentos ha leído en el mundo”. Y bueno, en Excerpta (extracto, colección, recopilación), el obsesivo recopilador de relatos del orbe (recuérdese El libro de la imaginación y demás antologías de relatos), conjuga su vocación compiladora alrededor de la vida o la obra de escritores mexicanos y de otros países, a través de anécdotas, frases, chismes tertulianos, desde el atrevido y juguetón punto de vista de la sensualidad y el buen humor. Lo que Anaïs Nin le restregó al pornógrafo que le pagaba buena lana por sus textos cachondos: “Usted no sabe lo que está perdiendo a causa de su examen microscópico de la actividad sexual que excluye los aspectos que constituyen el carburante que la inflama. Aspectos intelectuales, imaginativos, románticos y emocionales. Eso es lo que confiere al sexo sus sorprendentes texturas, sus sutiles transformaciones, sus elementos afrodisiacos. Usted está dejando que se marchite el mundo de sus sensaciones”. Jacques Pauvert empieza a protestar contra la censura así: “En el siglo XIX, para un inglés, un estadunidense, un australiano, la palabra ‘cuerpo’ era una palabra obscena. En los salones se envuelven las patas de los pianos: una pierna es indecente, incluso de madera”…
Valadés recuerda a Ramón Gómez de la Serna explicando que escribió Senos “como una divagación de estilo, como intento de la morbidez suprema, diseccionándolos como autopsiador o botánico que abre las bayas de las semillas, lo que no le perdonaron algunas mujeres, ni la gran escritora francesa que lo llamó tetófago ni la diplomática voraz que lo vitroleó con la desafiante pregunta: ‘¿es que cree usted conocerlos todos?’ ”.
Quizá un pozole de estos ojeemos algunas de las anécdotas de Gide, Eluard, Bloy, Henry Miller, Novo, Villaurrutia y Leduc, empezando por las greguerías del citado Gómez de la Serna, entre tantos otros que Valadés rememora desde ángulos inusuales y medio secretos. Por el momento nos quedamos con la parte más ligera y divertida de Excerpta.
Lo que escuchamos o decimos por ahí
Excerpta es una recopilación de los textos que Edmundo Valadés publicó a lo largo de tres años en la sección cultural de Excelsior, de la que era coordinador. “Si en la diversidad entretenida de este libro –como apuntan los editores–, se tocan también una serie de asuntos que van de los harenes, el erotismo y la pornografía…, los seductores famosos, la apoteosis de divas inolvidables…, a otros temas que incluyen… las tertulias literarias, los grandes conversadores citadinos, las librerías de lance y otras cosas atrapadas por el compilador, para entretenimiento de quien lea este libro”, ¿cómo no iban a caber en él algunas de las malicias coloquiales o anecdóticas que remataban a cada “Excerpta” con el subtítulo de Vox populi? Lo que don Edmundo oía en la calle, lo que le contaban sus amigos. Puntadas y gazapos mentales para sonreír. Empezando con los originadas por la mala pronunciación o el entendimiento erróneo de una palabra, como el tsunami que se volvió surimi en boca de la defenestrada Ninel Conde… Los textos que vamos a leer son los más rápidos y sencillos. Si en una de esas el lector no capizca “el meollo del asunto”, no se preocupe. No faltará el maestro o el alburero que se lo explique. Si tras una segunda lectura sigue sin entender, consulte a su médico.
Una pausa con la señora de la cultura enrevesada
Al describir un violento pleito con su esposo, la señora de cultura enrevesada dijo: “Se puso furioso; se puso hecho un argumento”.
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Al explicar a Hero… por qué había tenido que sacar de la escuela a su hijo, la señora de cultura enrevesada precisó que fue porque se burlaban de él debido a que se dilapidaba las cejas.
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A veces le ocurre que por decir “me dio el soponcio”, exclama: “Me dio el simposio”.
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Luego decía
“¿Y no han ido ustedes al festival serpentino?”
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… Se impresionó profundamente por el japonés que se había aplicado el “quiquiriquí”.
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… Confió que se extasía con “Las sífilis” de Chopin.
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No acaba de saber por qué todavía siguen siendo tan famosas las meninges de Velázquez.
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Está persuadida de que las esposas de los apóstoles fueron las epístolas.
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… A Sergio Pitol le contó que había cruzado el mingitorio, a lo cual su hija le aclaró: “No, mamá, fue el Orinoco”.
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Contó que rehusó entrar a una pedagoga, porque ella pertenece al rito católico.
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Prefiere el cognac “Génesis” porque es tan antiguo como la Biblia: ahí lo anuncian.
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Le encantó, en su viaje a España, el Dante jondo.
Descanso para gozar ingeniosidades
De un singular reclamo amoroso: “Dame la oportunidad de extrañarte”.
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Esta se debe a Gloria Fuentes, atenta escucha de giros populares: “Por andar de cuarraca vas a parir unicornios”.
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Es Renato Leduc quien recuerda a una enfermera de un consultorio venéreo y quien preguntada sobre cuántos novios había tenido, respondía: “Solamente dos: la Universidad y el Ejército”.
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El editor Martín Casillas se enteró de una réplica a la frase bíblica de “Lázaro, ¡levántate y anda!”, que dice: “Lázara, ¡acuéstate y ándale!”
Segundo interludio con la señora de cultura enrevesada
Se siente atraída, respecto a dirigente o líderes nacionales, por figuras que han sido elegantes como Mahatma Dandy.
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Se queja de males que padece por reblandecimiento de sus “músculos abominables”.
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En un ágape en el cual se servían variados y exquisitos platillos, le comentó: “Con esta comida se me abre el apetito como si fuera el ‘el goloso de Rodas’ ”.
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Comentó que después de todo Sor Juana no es tan mala poetisa, no explicándose por qué la menosprecian aludiéndose a ella como la “pésima musa”.
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Censura acremente a los hombres polígonos, capaces de tener varias mujeres.
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Aludió a la evidente afición hípica que debió imperar en Sedoma y Degorra.
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Particularmente está muy interesada en viajar a Moscú, para conocer el Gremlin que está siempre en la Plaza Roja.
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Aclara con aire de modestia, que a pesar de ser dueña de títulos inmobiliarios, ella no se da aires aristocráticos.
Entremés con frases felices
En una crónica del diario Clarín se deslizó esta sutileza o prodigioso error: “Yo a mi vieja la venéreo”.
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De cualquier burócrata: “Hay años en que se levanta uno sin ganas de trabajar”.
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Por un mal que aquejó a Jimmy Fortson, la dolorosa gota, sus amigos le preguntaban “de qué pie goteaba”.
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Decía Jorge Ayala Blanco: “Hacer coito circuito con ella y echar chispas”.
Final para unas sonrisas
En una vieja polémica con el banquero Eustaquio Escandón, Manuel Germán Parra argumentaba: “En su discurso, don Eustaquio cometió un error imperdonable. El mismo en que incurrirían los hombres ricos al hacerle propociones a las señoritas pobres, para que dejaran de ser pobres, si les advirtieran que el fin era que dejaran de ser señoritas”.
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De Julio Torri el periodista Federico Barrera Fuentes cuenta que siendo Gustavo Díaz Ordaz candidato a la Presidencia, lo invitó a que lo acompañara a su campaña por Coahuila, y que Torri, menudo, indefenso, era víctima de apretujones y se quedaba a la zaga de la comitiva. Díaz Ordaz, que se había dado cuenta de ello, se le acercó y le preguntó:
–¿Es la primera vez que viene a una gira?
Y Torri le repuso:
–No, la última.
¡A la calentana!…
Para quienes no la leyeron (El Sur, 5-noviembre-2014), repetiré la anécdota calentana que Offir Damián recogió en Blog de historias (2014):
“La lectura de poemas con que cerraba el encuentro de escritores agarró al público cansado. Algunos bostezaban. Un poeta subió al estrado, anunció que leería un soneto y que con eso terminaba el encuentro.
“La mujer que estaba adelante con visibles signos de aburrimiento soltó unas palabras:
–Ay qué bueno. Pero que por favor que el soneto sea corto, porque ya me quiero ir.”
Si la hubiera conocido el maestro Valadés, no hubiera dudado en integrarla a su Excerpta, dándole el crédito al autor, Offir Damián, como era su costumbre. Quizá la hubiera titulado: “La señora de cultura enrevesada en Tierra Caliente”.
* La columna Pozole Verde se publica regularmente los miércoles, lo que volverá a ocurrir con la entrega de la próxima semana.




