Se muestra Juan Goytisolo contestario y rebelde al recibir el Premio Cervantes
*En vez de empecinarse en desenterrar los pobres huesos de Cervantes y comercializarlos ¿no sería mejor sacar a la luz los episodios oscuros de su vida tras su rescate laborioso de Argel?, pregunta
Luis Méndez / Agencia Reforma
Madrid
Fiel a su espíritu heterodoxo, Juan Goytisolo aceptó a regañadientes el Premio Cervantes 2014 y reivindicó su papel contestatario al recibir el galardón en la Universidad de Alcalá de Henares.
“Ser objeto de halagos por la institución literaria me lleva a dudar de mí mismo, ser persona non grata a ojos de ella me reconforta en mi conducta y mi labor. Desde la altura de la edad, siento la aceptación del reconocimiento como un golpe de espada en el agua, como una inútil celebración”, señaló el novelista, en un ambiente cargado de formalidades.
En el paraninfo de la universidad madrileña, Goytisolo lanzó su segunda andanada cuando se refirió a la búsqueda de los restos de Miguel de Cervantes en el Convento de las Trinitarias de Madrid por un grupo de expertos que nunca pudieron validar el hallazgo.
“En vez de empecinarse en desenterrar los pobres huesos de Cervantes y comercializarlos tal vez de cara al turismo como santas reliquias fabricadas probablemente en China, ¿no sería mejor sacar a la luz los episodios oscuros de su vida tras su rescate laborioso de Argel?”, preguntó el escritor de 84 años.
“¿Cuántos lectores del Quijote conocen las estrecheces y miseria que padeció, su denegada solicitud de emigrar a América, sus negocios fracasados, estancia en la cárcel sevillana por deudas, difícil acomodo en el barrio malfamado del Rastro de Valladolid con su esposa, hija, hermana y sobrina en 1605, año de la primera parte de su novela, en los márgenes más promiscuos y bajos de la sociedad?”, agregó Goytisolo con aires retadores.
El novelista se definió como escritor a secas, como aprendiz de escribidor, y, en el mismo tono crítico, pintó un panorama preocupante ante un público encabezado por el Rey Felipe VI.
“El panorama a nuestro alcance es sombrío: crisis económica, crisis política, crisis social. Las razones para indignarse son múltiples y el escritor no puede ignorarlas sin traicionarse a sí mismo”, señaló en referencia a la actualidad española, pero con la intención de transcender fronteras.
“El ameno jardín en el que transcurre la existencia de los menos no debe distraernos de la suerte de los más en un mundo en el que el portentoso progreso de las nuevas tecnologías corre parejo a la proliferación de las guerras y luchas mortíferas, el radio infinito de la injusticia, la pobreza y el hambre.
“No se trata de poner la pluma al servicio de una causa por justa que sea, sino de introducir el fermento contestatario de ésta en el ámbito de la escritura”, aseguró.
Su apuesta por la nacionalidad cervantina, inspirada en Carlos Fuentes, y su estrecha relación con este autor y otros como Octavio Paz, tuvieron una traducción contundente en la universidad de Alcalá de Henares.
“Yo soy mexicano”, respondió escuetamente al ser saludado por Reforma tras la entrega del premio.




