Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Pedro Isnardo De la Cruz

El nuevo gobernador debe revertir el reloj de la injusticia y la violencia

El contexto favorable a la ingobernabilidad, la violencia y la desesperanza en Guerrero sigue siendo muy complejo: la extorsión, la impunidad, la corrupción, la violencia y la criminalidad, la ausencia de un Ejecutivo estatal eficaz en el diálogo, el acuerdo y la negociación con actores sociales, desbordan a políticos, líderes, caciques y gobiernos en la entidad, mientras padres y familiares de los 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa aspiran a una respuesta que les permita comprender la tragedia, encontrar a sus hijos aun cuando fuese inermes y reencauzar sus vidas.
Los ex gobernadores Zeferino Torreblanca, Ángel Aguirre y el actual, Roberto Ortega, han dejado huella indeleble de lo difícil que es lograr resultados tangibles para tener un control aceptable de la inseguridad pública y de que, si no se tiene visión de Estado ni vocación de ejercicio democrático de poder, no hay manera de enfrentar el dominio narco criminal de las economías locales, ni las voluntades y estructuras de poder que se han rendido a la narco violencia.
Por ello, es posible que Guerrero necesite de un gobernador que sepa lidiar con la adversidad personal y política; es insuficiente que no tenga sombra de influencia de nadie (de ningún cacique, de ningún ex gobernador, de ningún caudillo, de ningún narco clan): debe tener la autoridad de rehacer la vida constitucional e institucional, con resolución y disposición incondicional al diálogo con todos, el carácter para resolver el problema de la narco inseguridad y dar viabilidad económica, educativa y social a todas las regiones del estado.
Héctor Astudillo es un político sagaz, con visión estratégica de lo que conviene al estado y a sus regiones, con capacidad de imponer las mejores artes electorales de la maquinaria priista, de articular liderazgos nacionales y locales. Carece del talento oratorio para imponerse en un debate, de los dotes de una celebridad televisiva y del carisma de un hombre de medios en la lógica del presidente Enrique Peña Nieto, Rodrigo Medina, Manuel Velasco e Ivonne Ortega. Deberá probar que, 1) ha superado exitosamente el efecto de la derrota por la gubernatura, sí lograda por su adversario Zeferino Torreblanca en febrero de 2005, 2) que Chilpancingo ha alcanzado la proyección política y el peso electoral estatal que da el gobernar Acapulco, 3) capitalizar el descontento social ante la violencia, la crisis de la izquierda, y 4) el desprestigio de gobernadores emanados del PRD y los efectos del descrédito de Peña Nieto.
Astudillo deberá revisar si le es funcional la estrategia de querer manipular la tragedia social nacional de Iguala como un asunto electoral, por lo que su pretensión de descalificar a Beatriz Mojica de no tener calidad moral por haberse presentado como candidata del PRD a la gubernatura y al no haber renunciado a la Secretaria de Desarrollo Social, probablemente no le corresponde hacerla al candidato priista sino al ciudadano elector guerrerense, con lo que centra su estrategia en contra del PRD gobernante y asume que, dada la fragmentación de la izquierda ninguno de los demás candidatos y candidatas le opondrá electoralmente un desafío.
Por su parte, Luis Walton ha sabido asirse de posiciones de poder a golpe de virtud, de riqueza empresarial, de capital político desde esferas aparentemente marginales: con alianzas tácticas con líderes/empresarios/legisladores/militantes importantes de la entidad, y con el proprio ex senador Lázaro Mazón (a pesar de la anti campaña mediática nacional en contra del médico de Iguala en fuego de desprestigio azuzado por líderes nacionales del PRD y al que el propio Andrés Manuel López Obrador/Morena descartó para la gubernatura), y acaso por haber logrado revertir la opinión negativa que los acapulqueños tenían de su administración y por la obra pública monumental a la vista del turista y del ciudadano de a pie en zonas estratégicas de la ciudad de Acapulco, Walton configura progresivamente un frente estatal de liderazgos y alianzas capaces de anudar hasta donde es posible una izquierda estatal deshilada desde la mano de los ex gobernadores y sus cuestionables resultados. Se acusa a Walton de tener sesgos de soberbia: el saber estar más accesible al ciudadano y a las élites, evitando su disposición a tomar estudiada distancia de los demás, tal vez podrá ofrecerle mejores dividendos electorales para vencer a Héctor Astudillo, Beatriz Mojica, Jorge Camacho, Pablo Sandoval, Karime Sevilla, Alberto López Rosas, Raymundo Nogueda y Godeleva Rodríguez.
Valoremos estrategias de campaña y sus desempeños en el debate del próximo 29 de abril. El reloj del suspenso guerrerense sigue su curso y deberá ser superado con la mano prudente de un nuevo gobernador.

* Doctor en Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

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