Invade Caifanes de nostalgia a unos 10 mil seguidores en el Auditorio Nacional
Staff / Agencia Reforma
Ciudad de México
Una vez más la leyenda de Caifanes volvió a hacer explotar al nervio del Distrito Federal, esta vez al cimbrar el Auditorio Nacional con un repertorio de temas que invadió de nostalgia al público.
A pesar del breve retraso, el Coloso de Reforma fue abarrotado desde las 20:50 horas por la vieja guardia que vio nacer a la banda en 1987, además de los jóvenes que han crecido con el legado del quinteto.
Fue a las 21:20 horas cuando el volcán de casi 10 mil personas, según los organizadores, hizo erupción con la salida al escenario de Saúl Hernández, Sabo Romo, Alejandro Marcovich, Diego Herrera y Alfonso André.
Apenas entonaron los acordes y las notas de la primer rola, Viento, los asistentes entraron en un trance que no abandonaron hasta el final del concierto.
Sin la necesidad de un gran montaje, y sólo con la perfecta ejecución del teclado, el bajo, la guitarra y la batería, la banda llevó al éxtasis con Mátenme porque me muero.
“Muchas gracias y bienvenida raza, ya sobra decir que Caifanes está a tus pies, tus deseos son ordenes”, fueron las primeras palabras de Saúl, para después elevar la nostalgia con Cuéntame tu vida y Perdí mi ojo de venado, ésta con un mar de aplausos que retumbaron el lugar.
“Con esta canción estuvimos aquí por primera vez hace 25 años”, dijo Hernández para prender los ánimos con Te Estoy mirando del disco homónimo con el que debutaron en 1988.
Nunca nadie los podrá callar y así lo demostraron con Amanece, mientras que Antes de que nos olviden, rindió tributo a los jóvenes estudiantes que buscan cambiar la historia del país.
El frenesí del público, el cual nunca se sentó en su butaca durante la épica actuación, continuó con Detrás de tí, Sombras en tiempos perdidos, El Elefante y De noche todos los gatos son pardos.
Para este momento de la noche, Saúl y Sabo se enfrentaron ante el gigantesco monstruo de 10 mil cabezas, se plantaron en el centro y admiraron como del Auditorio salían Los dioses ocultos, una pieza magnífica, digna para una noche memorable.
Piedra, Estás dormida, Para que no digas que no pienso en ti, Miércoles de ceniza y Nos vamos juntos, además de hacer explotar la armonía, rindieron homenaje al disco El Silencio, de 1992.
Tras un breve lapso en el que la oscuridad reinó en el recinto, Ayer me dijo un ave dio entrada a la etapa del corte El nervio del volcán, que en 1994 también entregó los clásicos Quisiera ser alcohol, Miedo, Aquí no es así y Avientame, mismas que sonaron esta noche, antes de la recta final del primero de los dos conciertos de Caifanes en el Auditorio Nacional, mismo que duró poco menos de tres horas.




