Vitorea el público al tenor Plácido Domingo en el 60 aniversario del Auditorio Nacional
Agencia Proceso
Ciudad de México
Con la presencia de los invitados sorpresa, el Mariachi Vargas de Tecalitlán y la popular soprano tapatía Guadalupe Pineda, el cantante hispano mexicano Plácido Domingo cerró su mágica presentación de dos horas y media en un Auditorio Nacional casi totalmente lleno, durante el concierto conmemorativo por 60 años del recinto en Chapultepec este miércoles por la noche.
Pese a cambios en el programa que había anunciado originalmente debido a un “inoportuno catarro”, conforme declaró al comienzo del recital, Domingo hizo cantar con mexicana alegría al público capitalino quien lo vitoreó cariñosamente y motivó a que regresara varias veces para, al fin, concluir su actuación con la clásica Granada (1932), de Agustín Lara.
Aun cuando la lluvia cayó en la ciudad de México durante el día entero, sin escampar la llovizna al atardecer, aquel tiempo gris y mojado no impidió que la gente acudiera puntual al Auditorio Nacional para aclamar al célebre tenor y héroe de los sismos de 1985. Plácido Domingo ofreció una presentación hechizante e inolvidable de arias y canciones modernas con las jóvenes sopranos Micaëla Oeste y Angel Blue; la bailarina madrileña Núria Pomares, y la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, bajo la batuta de Eugene Kohn.
“México fue el lugar donde empecé a cantar y todos saben el cariño que le tengo, por ser Martha mi mujer de este país, dos de mis hijos nacieron también en este territorio y mis padres salieron de España para trabajar aquí durante muchos años. Yo estuve presente en la inauguración del Auditorio Nacional y aquí canté la ópera Cosi Fan Tutte (de Mozart), México es como la mitad de mi patria. ¡Viva México!”, exclamó Plácido Domingo, vestido de negro y manteniendo excelente humor en todo momento.
Tras la obertura de Zampa, ópera de Ferninad Hérold, el tenor abrió con Dein ist mein Ganzes Herz, de El país de las sonrisas, de Franz Lehár. Tocó el turno a la rubia Micaëla Oeste con Meine Lippen sie küssen so heiss de Giuditta, también de Lehár. Enseguida, Oeste y la cantante negra Angel Blue, oriunda de California, se unieron con él en divertido trío So muss allein, de la opereta de Johann Strauss (hijo) El Murciélago.
Núria Pomares bailó con solera la Danza Española número uno, de La vida breve, compuesta por Manuel de Falla, para continuar las interpretaciones de Plácido con Winterstrüme de La valquiria, de Richard Wagner, y Che il bel sogno di Doretta, de La golondrina, ópera de Puccini.
La primera parte del programa concluyó con “Parla, siam soli… Sì, vendetta”, del Rigoletto de Guiseppe Verdi, dueto suspirante de Micaëla con Domingo. Y aunque anbas pantallas del Auditorio Nacional captaron las imágenes de los artistas en escena a lo largo del concierto, el público no pudo seguir las letras por no existir letreros traduciendo la lírica de aquellas obras del primer tiempo, cantadas alemán e italiano.
Intermedio de 15 minutos y al regreso, la Filarmónica de la Ciudad de México ejecutó la rítmica obertura Candide, una obra cómica del grandioso Leonard Bernstein.
Cuatro memorables canciones de conocidos musicales norteamericanos del siglo pasado hicieron las delicias de los espectadores, en idioma inglés. Primero fue la pegajosa melodía I could have danced all night, de Mi Bella Dama (1964), de Loewe y Lerner; después, The impossible dream, interpretada con brío por Plácido Domingo, de El hombre de La Mancha (Leigh y Darion, 1972); entonces, Somewhere over the rainbow, por Micaëla Oeste, del film El mago de Oz (Harold Arlen, 1939) y, cerrando con broche de oro este esplendoroso bloque nostálgico, la primera gran ovación de la noche con Tonight, de Amor sin barreras (1961), joya del propio Bernstein en magnífico dueto de Domingo y Angel Blue.
Ella misma se encargaría de comenzar el siguiente grupo de piezas en castellano: De España vengo, de la zarzuela El niño judío (Luna Carné), seguida de Amor, vida de mi vida, de Federico Moreno Torroba, por Domingo; la primera canción mexicana de la noche, Estrellita, de Manuel M. Ponce, en voz de la rubia Micaëla, y Júrame, de María Greever, que arrancó gritos de ¡bravo! entre el público, aplaudiendo de pie al consagrado artista de barba cana que no dejaba de sonreír. Domingo dijo:“He podido terminar este concierto, es un honor para mí festejar estos 60 años del Auditorio Nacional…”, pero la gente no iba a dejarlo ir sin más y le seguía pidiendo a gritos canciones mexicanas, por lo cual Plácido Domingo no se hizo del rogar, comentando en voz alta, con simpatía: “Ya se están peleando por mí… Estas piezas las van a reconocer, ya verán…” Alternando con Angel Blue y Micäela Oeste, regaló arias de Madamme Butterfly más otros cánticos y aires de zarzuela (“si se saben la melodía pueden entonarla”, en invitación al tarareo), con lucimiento de tablao gitano por Núria y para gloria del vocalista, una hechizante copla española del poema de Rafael de León y música de Quiroga y Valderde, Ojos verdes.




