Jesús Mendoza Zaragoza
Violencia, política y elecciones
Ahora le ha tocado a Jalisco padecer una cruda oleada de violencia. Ningún estado de la República está exento de estas expresiones, que llegan a provocar crisis políticas como la que padecemos en Guerrero desde el año pasado. La violencia que padece el país y que ha hecho crisis en algunos estados, se ha generado desde hace décadas y de ella hemos sido responsables todos. Qué mal se ven los partidos políticos y sus candidatos, cuando se deslindan de cualquier responsabilidad en la generación y en el desarrollo de la misma. Quienes así lo hacen, no merecen un voto por embusteros. Todos son responsables, unos más que otros, empezando por los más viejos.
Y así como van las cosas, tendremos violencia para años, pues no se ven señales de que sus factores sean removidos, comenzando por aquéllos políticos. Y me refiero a los políticos, por lo decisivos que son en la toma de decisiones de trascendencia. ¿Para qué ha servido la política en México? A lo largo de las últimas décadas, se ha ido configurando un sistema político que no responde más a los postulados de justicia social de la Revolución Mexicana sino que ha sido pensado para proteger y promover un modelo económico excluyente, como era el de las haciendas de los tiempos pre-revolucionarios y el de las encomiendas de los tiempos de la colonia. El neoliberalismo se ha desatado y el sistema político lo tutela, para que haga de las suyas. Este es el tenor de las últimas reformas, llamadas estructurales.
Entonces, ¿para qué está sirviendo la política en México? Ciertamente no para la justicia social, sino para hacer más profundos los abismos entre ricos y pobres. Es lo que ha estado sucediendo en los últimos años. El sistema político resguarda los intereses de minorías que desangran al país, a un club de privilegiados del régimen. De esta forma, la política se ha convertido en México en uno de los mayores generadores de violencia. De ahí el gran desprecio que el pueblo tiene hacia la política y hacia la clase política.
La genuina vocación de la política referida a la paz, la concordia, la justicia, el bien común, la solidaridad, se ha trastornado. Y esto es grave, porque ha quedado en manos de bandidos que la han hecho despreciable a los ojos de la gente. Porque la política no es eso que hacen los políticos: no es robar, no es engañar, no es abusar, no es golpear, no es eso. Es otra cosa, que necesitamos redescubrir los ciudadanos para apreciarla y para tomarla en nuestras manos.
Por ahora, lo que interesa es reconocer que la política ha sido incapaz de frenar la violencia en México, porque ha asumido la tutela de los violentos, tanto de los que están en el gobierno, los que están en las élites económicas y los que están en los cárteles. Simplemente, la política que los partidos están promoviendo no asume las causas de los pueblos ni está al servicio de la paz, porque está entrampada entre las tenazas de la violencia. Tenemos una política secuestrada, que requiere ser rescatada para que esté en manos de la comunidad.
Por otra parte, desde la política no se han tomado las decisiones necesarias para detener el avasallante poder de la organizaciones criminales. Desde la política se les toleró primero, se les dejó que se metieran hasta la cocina y, ahora, se han convertido en una amenaza para las élites políticas. La fuerza del crimen organizado en México va de la mano con el modelo económico que concentra la riqueza y tiende a controlar el poder. No dudemos que la economía negra del crimen organizado esté ya amasándose con la economía formal. Desde la política no se han tomado decisiones firmes para despejar las instituciones públicas de todo vínculo con el crimen. No se sabe donde están las fronteras entre el crimen y los gobiernos.
En el actual proceso electoral, se están dando señales oscuras relacionadas con la narcopolítica. El reciente asesinato del candidato del PRI y del Verde es un hecho que amaga con multiplicarse. El crimen organizado se ha convertido en un actor político de mucho peso y anda en las campañas haciendo su trabajo, tejiendo sus pactos y mostrando el músculo. Por eso, las acciones violentas relacionadas con las campañas electorales no deben extrañarnos, porque son parte de la trama de la narcopolítica. A las artimañas de la política se añaden ahora las del narco, que son contundentes y convincentes para sus fines.
Si bien es cierto que las elecciones son el escenario menos riesgoso, en cuanto que aleja de la inestabilidad y de mayor ingobernabilidad, también es cierto que estas elecciones no garantizan nada bueno al pueblo de Guerrero. De hecho, las campañas que los partidos y sus candidatos hacen están tan alejadas de la realidad. Están haciendo campaña como si no tuviéramos una crisis política y social, y como si nada grave estuviera pasando. Estas campañas convencionales nos hacen pensar en que la clase política sigue envuelta en su burbuja y que la política que está en juego, es la misma que nos ha hundido.
Una tarea es urgente. Rescatar la política, su honorabilidad y su nobleza. En manos de corruptos y criminales se vuelve contra el pueblo. La política puede redimirse desde abajo, desde las comunidades, desde la familia, desde los pueblos organizados. Sin este esfuerzo, el sistema político seguirá atrapado por corrupción y crimen y continuarán las oscuras señales que vimos en Jalisco la semana pasada.




