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Desata polémica que declaren desierto el Premio Nacional de Danza Guillermo Arriaga

El Premio Nacional de Danza Guillermo Arriaga se topó con una pared. Como no sucedía desde 1983, el certamen fue declarado desierto y la polémica se desató al instante.
El fallo, dado a conocer el sábado durante el Encuentro Nacional de Danza en Torreón, también puso a discusión la pertinencia de mantener el galardón –de 34 ediciones– con sus bases actuales.
Cuatro jueces votaron a favor de declararlo desierto (Evoé Sotelo, Mauricio Nava, Mónica Valenciano y Tino Fernández) y dos en contra (Rossana Filomarino y Gilles Jobin).
“Entre las coreografías evaluadas se aprecian deficiencias en el nivel de investigación, insuficiente exploración que da por resultado una falta de contundencia en el mismo discurso coreográfico y un exceso en la exhibición de recursos corporales y compositivos”, dictó el acta.
La decisión adquirió peso por los recortes presupuestales al sector cultura.
“Reconozco que las obras no fueran de excelencia notable, pero creo que algunas, desde luego, merecían el premio”, confió Filomarino: “Siempre falta dinero para las artes y, cuando lo hay, no se otorga. Me parece una política errónea”.
Para Sotelo, dicho argumento no debía interferir: “Nunca aceptaría realizar mi labor en donde esté ubicada, tanto como coreógrafa o como jurado, bajo condicionamientos que no tengan directamente que ver con lo artístico”.
El fallo suscitó inconformidad entre finalistas como Alonso Alarcón, quien en Facebook declaró: “(Estoy) sorprendido de la arrogancia de nuestro jurado y de su pensamiento tan conservador donde castigar es educar, donde eliminar un premio, según ellos, es su forma de contribuir a que se haga mejor danza”.
En la misma red, Jaime Camarena dijo: “Aseverar que no hubo calidad ni investigación en las propuestas me parece una actitud por lo menos poco respetuosa”.
Shanti Vera, un tercer finalista, opinó en entrevista que la explicación ofrecida era insuficiente.
El jurado dejó además asentada la necesidad de replantear el premio, dotado con 200 mil pesos, pues su modelo podría estar exhausto.
Para Sotelo, esto significaría que, en lugar de inéditas, las coreografías deberían ser ya estrenadas, para no constreñir su creación a los tiempos de la convocatoria. Arturo Garrido, ganador en 1982, también se pronunció por un replanteamiento. (Francisco Morales / Agencia Reforma / Ciudad de México).

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