Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

CRÓNICA. “Yo ante los guerrerenses me quito el sombrero”

El candidato Andrés Manuel López Obrador recibe una carta de simpatizantes durante su cierre de campaña de ayer en el Zócalo de Acapulco * Foto: Jesús Trigo

 

Aurelio Peláez

 

 

Cuando Andrés Manuel López Obrador llega alrededor de la 1:30 de la tarde al Zócalo del puerto, el escenario que había en los dos sentidos de las calles de la Costera, donde se le esperaba, es el de un mitin que ya se hubiera terminado. Cientos ya habían defeccionado por el sol y el calor. No obstante, entre cuatro mil y cinco mil personas lo aguantaban en un mitin programado para comenzar una hora antes, pero al que la mayoría comenzó a llegar por ahí de las 11 de la mañana.

Vasos desechables aplastados, bolsas de agua vacías por el suelo, banderas y banderines desechados y restos de comida, reinaban desparramados por el suelo. Y luego, el sol y el calor que dejaron su cuota de insolados y desmayados, incluida la que abrió como animadora del mitin, la maestra universitaria Aydee Ibárez.

–Permiso, permiso– gritaba uno cargando a una joven a eso de la 1:35 hacia algún lugar sombreado de El Malecón. De las primeras caídas por el deber de la militancia.

 

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La gente se reanima cuando a la 1:30 se anuncia la llegada del candidato presidencial de las izquierdas, abriendo el consabido “Es un honor estar con Obrador”. Matracas, trompetas, el fondo musical de Morena, banderines que se levantan, le reciben. En su llegada le acompañan el candidato de la coalición PRD-PT y Movimiento Ciudadano, Luis Walton, además de los presidentes del PRD, Jesús Zambrano, y del PT, Alberto Anaya.

 

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La clase política del PRD aguantó estoica en la espera del candidato presidencial del Movimiento Progresista. Sudan la gota gorda como no lo hicieron –muchos– en la campaña electoral, colgados a la suerte del trabajo de los candidatos a la presidencia municipal, Luis Walton, y a la del propio López Obrador. Y ni para dónde moverse, ni siquiera a la sombrita de alguna dieta legislativa. A muchos de ellos, como la del sofisticado chapulín político Germán Farías, se les resbala incluso el reproche de López Obrador sobre los altos sueldos que cobran los regidores de Acapulco, “que cada vez (por el salario) que hay elecciones se inscriben mil, dos mil”. Farías saltó de secretario de regidor a regidor, luego a diputado (se hizo un soldado zeferinista), y de nuevo a regidor (se convirtió en añorvista). Ahora busca otra vez ser diputado, y será un seguro soldado aguirrista y ya se hará su guardadito para invertir en un próximo cargo.

 

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El templete es una vitrina donde los candidatos a diversos cargos de la coalición Movimiento Progresista se exponen ante una militancia ajena a los mecanismos de su elección. Tiempos lejanos son aquellos en donde el PRD elegía a sus candidatos en asamblea, y por sus méritos y trayectoria; ya no se diga de cuando iban a urnas. Ahora basta ser de una corriente, esperar chanchullos cupulares o ser apadrinado por el gobernador y ya está. Por lo menos el PRD mantiene bien alejada a su militancia de las decisiones de sus dirigentes. Por eso las campañas en el partido se hacen ahora a la inversa. Ahí está el candidato a senador Armando Ríos Piter, que desde el templete saluda, manda besos, abrazos; se pone un paliacate amarillo como para ser el Morelos en su versión jaguaresca, hace una especie de saludo a la Cuauhtémoc Blanco tras meter un gol, baila, se toma la foto con el que se le aparezca en frente, ¿quién lo iba a pensar de quien hasta hace pocos años era un visible tecnócrata, zeferinista, amante de los recortes fiscales y de que cuadren los números a favor del libre comercio? En algún manual habrá leído que eso es ser perredista, se supone.

 

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Cada candidato llega, pues, con su porra. Mínimo, como Abelina López, con su séquito de tamborazos. La ex diputada local y ex zeferinista es la muestra de cómo funcionan los acuerdos cupulares y la presión de las corrientes. Buscó la candidatura para la diputación federal por el distrito 04; hizo campaña contra Luis Walton cuando por acuerdo de las dirigencias ésta se inclinó por el del Movimiento Ciudadano, Víctor Jorrín; nueva presión de las corrientes y terminó designada candidata por el Distrito 03; ahora apoya a Walton y siguen los tamborazos.

 

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Remanso para la espera. Las edecanes o simpatizantes de la campaña que bailan ya en un tráiler y otras en toldo de un camión. Los militantes las miran abstraídos. Pantalones ceñidos, faldas cortas. Ah qué cosa esa juventud que aguanta bailando cerca de dos horas bajo un sol a plomo y 36 grados de temperatura, dicen. Cientos de babalucas las seguían a detalle.

 

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Por cierto, Abelina López y Germán Farías compartieron templete con don Pablo Sandoval Cruz. El luchador social a quien por instrucciones del entonces gobernador Zeferino Torreblanca, éstos y otros legisladores le negaron canallescamente la merecida medalla Sentimientos de la Nación. Fueron legisladores para el olvido. De regresar al cargo, no se espere de ellos otra cosa más que el cobro de sus dietas.

 

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Don Pablo, a sus noventa y tantos años de edad, socialista de toda la vida y padre de dos políticos de izquierda ya desaparecidos, Pablo Sandoval Ramírez y el bien recordado Cuauhtémoc, fallecido este año, igual aguanta a pie firme las más de dos horas de espera y mitin en el templete. Pasa casi inadvertido. Baja del templete con discreción y se retira del mitin con la conciencia del deber de militante cumplido.

 

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¿Cómo la ves?, se preguntan entre sí políticos, compañeros de partido, que se encuentran. El fantasma de las encuestas, la mayoría, que coloca a López Obrador a 10, 12 puntos abajo del candidato del PRI Enrique Peña Nieto, ronda en el estado de ánimo. Por eso, el candidato presidencial de las izquierdas reitera en su discurso no hacer caso a los sondeos que lo dejarían fuera de la competencia desde ahora. Llama, como lo ha hecho en otros escenarios en los últimos días, a dar “el último jalón”; dice que en la campaña él no se levanta como Peña Nieto a ver cómo van las encuestas, acusa que muchas de ellas están cuchareadas. La gente le aplaude, grita el consabido “!Es un honor estar con Obrador”. Vamos por los indecisos, dijo el candidato hace unos días en Monterrey, ese veinte y tantos por ciento que no ha decidido su voto y que de hacerlo en forma unánime voltearía las previsiones.

A saber, hay milagros, diría Vázquez Mota, quien también le enciende una veladora a lo suyo.

 

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En el Ensayo sobre la lucidez, el escritor portugués José Saramago narra la historia de una elección, en donde los ciudadanos –quizá hastiados de la clase política– deciden votar en blanco en forma mayoritaria. La decisión trastoca el Estado y obliga a una segunda votación, donde los resultados son parecidos. A algo así le apuesta la coalición del Movimiento Progresista, a que los indecisos decidan sumariamente votar por López Obrador y así remontar esa desventaja en las encuestas, que aunque desdeña, traen en cuenta. ¿Pero quien apuesta a que ese 20 por ciento esté hastiado mayoritariamente del PRI?

 

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El discurso del candidato a la senaduría, Armando Ríos Piter, como compadeciéndose de la espera de los simpatizantes, dura dos minutos y medio. El del candidato a la alcaldía, Luis Walton, cinco. El de López Obrador, que a ratos se detenía diciendo “aunque estamos acostumbrados al sol hay que administrarnos, porque nos faltan muchas asoleadas” –sí, caray, pero los acapulqueños buscamos la sombrita–; “dije que no iba a hablar mucho”; minutos después, “ya voy a terminar”, y luego, a las 2:20, “ya casi termino”, y remató con una despedida de seis minutos, 35 minutos.

Abajo del templete, mucha militancia ya había desertado por el sol y la espera. Y es que algunos llegaron a la plaza, cuentan, desde las ocho de la mañana.

 

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En su breve discurso, Armando Ríos Piter destaca el papel que ha jugado Guerrero en la historia del país, resalta la parte del discurso de López Obrador de “salvar a México” y aunque hace seis años andaba en el bando contrario, pues su militancia en el PRD no es de hace más de tres, afirma que “tenemos al hombre que ganó (las elecciones presidenciales) hace seis años y las vamos a volver a ganar”.

Walton igual resalta el aporte histórico del estado a las luchas sociales del país, y por ello pide reciprocidad a la federación.

Y López Obrador saluda a Walton ya como el próximo presidente municipal, y le sugiere lo de reducir el salario a regidores –¡hasta cree que se dejen¡–, que invierta en el desarrollo social, y que tendrá su apoyo como presidente. Qué hubiera dado Walton por ese respaldo hace cuatro años, cuando López Obrador dejó que Zeferino Torreblanca se despachara con la candidatura del PRD en Acapulco, con Gloria Sierra como candidata, y esa división con el ex partido Convergencia permitió que el priísta Manuel Añorve se quedara con la alcaldía. Pero para López Obrador y muchos perredistas en el templete, eso ya es cosa pasada.

 

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López Obrador recibe diversas ovaciones durante su discurso: cuando enfatiza que en su eventual gobierno “vamos a terminar la corrupción”; cuando denuncia que “el gobierno es un mantenido bueno para nada”, por los altos sueldos de sus funcionarios” y al comprometerse a regresar el Tianguis Turístico a Acapulco.

 

 

 

Antes, reconoce el papel de Guerrero en la historia del país: “Yo ante los guerrerenses me quito el sombrero”, dijo. Y eso, también agradeciendo la espera ante la demora. Sombreros es lo que hacía falta.

También cuando al enunciar a varios integrantes de lo que sería su gabinete, menciona el nombre del ex candidato presidencial Cuauhtémoc Cárdenas como director de Pemex, y al denunciar los ataques en su contra ante lo que llamó su ascenso electoral, donde refutó que “me podrán acusar de Peje pero no de lagarto”, en defensa de su honestidad.

E igual cuando remata, como en su momento lo hicieron los candidatos de las izquierdas, Zeferino Torreblanca y Angel Aguirre Rivero, en esa misma plaza: “Yo no les voy a fallar”.

 

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Cada oveja con su pareja. Sobre el templete se hacen círculos en torno al hijo del gobernador Angel Aguirre, Angelito, ahora candidato a diputado local; de los candidatos a senadores Armando Ríos Piter y Sofío Ramírez; llevan sus porras, atraen a uno que otro que siempre lleva alguna petición de por medio. El casi correteado es el Angelito, qué mejor recadero para el gobernador, su papá. Qué más mérito que ser hijo del gobernador, pues.

 

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En el tramo de la Costera aledaña al Zócalo queda la basura propia de un acto de campaña. Algunos trabajadores aletargados por el calor salen a limpiar, otros a desmantelar el templete; congestionamiento vial, claxonazos, basura, nada extraño al desmadre que deja el gobierno del PRI.

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