Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Carlos Pérez Aguirre

Candidatos sin escrúpulos ni principios

 

El diputado federal del grupo aguirrista, Jorge Salgado Parra, quien arribó al puesto como uno más de la enorme cuota familiar y de compadrazgos que colmaron la administración estatal en ese capítulo de corrupción y obscuridad en que se debatió la historia reciente de Guerrero, es uno de tantos personajes sin principios que migraron de un partido a otro sólo para corromper y traicionar los ideales de los ciudadanos. Su caso es emblemático del cinismo. Ha sido señalado en medios como correo de recursos de procedencia no determinada; mediante la compra sustentada por recursos supuestamente gubernamentales –al ser familiar directo del secretario de Finanzas–, logró encaramarse en la más alta dirigencia estatal del PRD, para después de la debacle de ese gobierno, como todo su grupo, sumarse en eventos públicos al candidato priista Héctor Astudillo. Desvergüenza del diputado y del candidato tricolor: el primero al sumarse con el cálculo de que al concluir su periodo y fuero la adhesión le reste posibilidad de rendir cuentas, y el segundo con un mal cálculo político al admitir el apoyo público –no obstante su evidente desprestigio– de un cuadro dirigente del PRD. No cuadraría que un candidato a la presidencia municipal de Chilpancingo, y dirigente partidista, rindiera cuentas a sus interesados seguidores si no existiera una presión judicial de alto nivel de por medio. Pero denota que Astudillo recibe cualquier tipo de basura entre sus filas, y entonces su lema de “orden y paz” no es creíble por ningún lado que se le vea, o ¿la paz que pregona es la paz que su correligionario y actual presidente municipal ha llevado a los habitantes de Chilpancingo?, o ¿la de Manuel Añorve en Acapulco o la de Jorge Salgado en el PRD?
Pero por desgracia, como ya se ha señalado, esos malabares no sólo corresponden al candidato priista, para MC de Luis Walton, el acompañamiento de Lázaro Mazón, a quien se le atribuye el acercamiento del defenestrado y encarcelado ex presidente de Iguala, por amistad o por un mal cálculo político, por alguna razón ha querido incorporarlo en un alto nivel a su campaña.
También está un irrelevante “líder agrario” venido del aguirrismo, que también le suma al desprestigio y le resta posibilidades de adhesión, si a ello sumamos una gran cantidad de candidaturas basada en amiguismo que resultan grises, como la que postuló para la presidencia municipal de Acapulco o la del ex secretario de Finanzas de Zeferino Torreblanca, también estigmatizado por altos niveles de corrupción.
Para el PRD, las cosas no son mejores. Beatriz Mojica, funcionaria de alto nivel en la aventura de Ángel Aguirre, es la candidata del chuchismo, corriente responsable de los fracasos gubernamentales en una entidad donde la ciudadanía anhelaba el cambio, como en ninguna otra entidad, mismo que se convirtió rápidamente en desencanto al imponer gobernantes que en nada se identificaban con la ideología de izquierda, así, Zeferino y Aguirre se fueron directos al basurero de la historia (el PAN sin pudor saca de esa podredumbre a su candidato a Acapulco). Tomas Tenorio, en su artículo de ayer describe con perfección lo sucedido: “El afán de adinerarse ha causado estragos en la izquierda mexicana, y en Guerrero pervirtió hasta la demolición una historia de combatividad inquebrantable”. Ese afán sigue ahí, los que dejaron a los Jorge Salgado, a los José Luis Abarca y a muchos más, siguen ahí, comerciando con la política, adinerándose.
¿Vale la pena otorgar nuestro voto a personajes que solapan a corruptos y degradados? Creo que lo primero que debieron hacer los candidatos para demostrar sinceridad y confiabilidad era revisar sus entornos y depurar, pero no, al parecer se reforzaron con sinvergüenzas de todo tipo, tal vez para que entendamos qué futuro nos depara con alguno de ellos en el poder. ¿Cuáles serán entonces las alianzas secretas?

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