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Tlachinollan

Nestora, mujer de linaloe

Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan

El sueño de construir un futuro sin sobresaltos, de recuperar la tranquilidad que se respiraba en la provincia, de dignificar la vida de las familias artesanas de Olinalá, movió a Nestora Salgado a retornar a su terruño querido. No sólo pensó en sus tres hijas y cuatro nietos, sino en toda la población pobre de la Montaña que sigue bajo el yugo de los cacicazgos vetustos que se han aliado a los grupos de la delincuencia organizada de las zonas Norte y Centro del estado.
Las famosas cajitas de Olinalá que adornan los palacios de los reyes son labradas y pintadas por artesanos pobres, que a pesar de los premios nacionales que han obtenido son ignorados y vilipendiados por gobernantes racistas y corruptos. La tranquilidad de esta cabecera municipal se esfumó cuando se construyeron los caminos que comunicaron al estado de Puebla y a la región Norte de Guerreo. Estas rutas fueron controladas por los grupos dedicados al robo de vehículos, que con el tiempo diversificaron sus actividades ilícitas hasta transformar este enclave en un lugar peligroso, por el control que llegaron a ejercer los grupos de la delincuencia organizada cobijados por las elites políticas.
El 2011 fue año aciago para los pobladores de la cabecera municipal porque aumentaron los secuestros, robos a casas, asaltos, extorsiones y asesinatos, sin que las autoridades hicieran nada para contener esta espiral de violencia. Un hecho que agitó a la población y la sacó del letargo en que se encontraba fue la desaparición, y posterior ejecución de un taxista el 26 de octubre de 2012. Esa mañana, sonaron las campanas y la gente se arremolinó en el centro del pueblo para detener a los policías municipales que habían liberado a un joven que, minutos antes la población retuvo por sospechoso. Ante la inacción de las autoridades y la desconfianza en las corporaciones policiacas, el 27 de octubre, en el marco de una asamblea comunitaria se constituyó el Consejo de Supervisión y vigilancia. Hubo intentos de coordinación con las autoridades del estado y el mismo gobernador hizo un reconocimiento público al trabajo del nuevo consejo de ciudadanos que se vieron obligados a tomar las armas para garantizarse seguridad.
Para detener este proceso organizativo, el gobierno federal envío al Ejército y a la Marina, que tomaron el control de la seguridad del municipio y se empeñaron en desmantelar a los grupos de policías adscritos al Consejo de Supervisión y vigilancia. Este movimiento adquirió fuerza con la decidida participación de Nestora Salgado, quien acababa de llegar de Estados Unidos. Su carisma cautivó a una población inerme que se había resignado a sufrir los estragos causados por la delincuencia. Su valentía y su compromiso generaron confianza y simpatía entre los diferentes sectores de la población. Encaró a las autoridades municipales y estatales, y tuvo la osadía de revelarse contra los dictados del Ejército y la Marina que por todos los medios impedían que se constituyeran como policías ciudadanos. Su audacia y su don de gentes le dieron la fuerza para emprender un nuevo camino siguiendo los pasos de la policía comunitaria. Fue el 18 de mayo de 2013, cuando 170 hombres y mujeres policías marcharon por el centro de Olinalá, y en una asamblea culminaron su proceso de adhesión al sistema de seguridad y justicia de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC-PC), conocida popularmente como Policía Comunitaria. En esa fecha memorable, la asamblea le otorgó a Nestora el cargo de coordinadora.
Esta opción por la defensa de los derechos del pueblo marcó el derrotero de Nestora, que tuvo una confrontación permanente con las fuerzas del orden. El interés genuino por desmantelar las estructuras delincuenciales, que contaban con la complicidad de algunas autoridades, no sólo le generó animadversión entre los grupos políticos sino que representó una real amenaza para los grandes intereses políticos y económicos que se disputan en el plano estatal, y que ponen en riesgo el control caciquil de las regiones.
La orden de detenerla estuvo motivada por intereses políticos, por eso fueron el Ejercito y la Marina quienes se encargaron de detenerla y de trasladarla a un penal fuera del estado, a Tepic, Nayarit, con el fin avieso de doblegarla, de impedir que tuviera una defensa adecuada y evitar que su familia pudiera visitarla. Desde el 21 de agosto de 2013, Nestora se encuentra recluida en un penal de exterminio, acusada de secuestro, sometida a los tratos más crueles e inhumanos que se le puede dar a una persona que es catalogada como de alta peligrosidad.
Este domingo, como a la 1 de la tarde, Saira y Rubí Rodriguez Salgado, hijas de Nestora, entraron al penal después de la visita que le hizo Rosa Isela Ojeda Rivera, esposa del gobernador Rogelio Ortega. Constataron los estragos que le está causando la huelga de hambre que emprendió hace doce días. La falta de alimentos le está provocando problemas para caminar y para hablar. Fácilmente se sofoca y con muchas dificultades sostiene un vaso de agua con su mano. Lo cruento es que las autoridades del penal están falseando información sobre el estado de salud de Nestora. Sus hijas comentan que no le han hecho estudios exhaustivos, al grado de que el médico no le ha tomado la presión durante estos días. Las autoridades del penal, en todo el tiempo que ha estado recluida le impidieron salir a comer con la población, y ahora que está en huelga de hambre la sacan para que vea cómo comen los demás reclusos.
A pesar de este debilitamiento físico, Nestora va a mantener firme su decisión de no abandonar su huelga de hambre hasta lograr su libertad. Para Saira no hay duda de que su mamá llegará hasta las últimas consecuencias. Le motiva saber que Gonzalo Molina se haya solidarizado y que también esté en huelga de hambre. Las cuatro horas que pudieron estar con su mamá les dejaron una gran lección: que su lucha está alimentada por los anhelos de justicia de quienes han sido víctimas de la violencia; que le anima la gente que no sucumbe a pesar de haber perdido a sus seres queridos y que no da tregua a su vida para buscar a sus hijos desaparecidos. Por todos ellos y ellas, que no pierden la esperanza, vale la pena pelear desde dentro de un penal, para romper las cadenas de la injusticia y hacer visible las atrocidades que se cometen contra quienes, como Nestora, alzan la voz y defienden los derechos del pueblo.
Sus tres hijas Sayra, Rubí y Grisel son el motor de su lucha. Lo gratificante para Nestora es que ellas han abrazado su causa, la acompañan en sus decisiones y se mantienen firmes para vencer juntas esta iniquidad y tratos humillantes, y demostrar al final su inocencia y así obtener su libertad. Como hijas han experimentado el doble discurso de las autoridades, han verificado la manera fútil con la que actúan. Ha quedado evidenciada la falta de compromiso del gobernador a la palabra empeñada y su nula voluntad política para poner todo lo que está de su parte para trasladar a Nestora, a Gonzalo y a Arturo Campos a los centros de reclusión de Guerrero, y garantizar mínimamente una defensa adecuada.
Este domingo, el gobernador Rogelio Ortega visitó a Marco Antonio Suástegui en el penal de la Unión, quiso mostrar su cercanía con los presos políticos. Lamentablemente, las acciones básicas que se requieren y que están a su alcance no las ha querido realizar, como son los traslados inmediatos a penales de Guerrero o de la ciudad de México de Nestora Salgado, Gonzalo Molina y Arturo Campos, miembros de la Policía Comunitaria que asumieron el compromiso de velar por la seguridad de la población más desprotegida, pero quienes para las autoridades son secuestradores y terroristas.
Es imposible avanzar en este Estado convulso sobre el camino de la justicia si no hay una ruta trazada sobre cómo resarcir los daños causados a quienes han entregado su vida para combatir el crimen y la inseguridad. Tienen que atenderse los planteamientos de las familias y de sus representantes legales, quienes en diferentes momentos y por diversos canales hemos enviado propuestas viables que requieren compromiso, seguimiento puntual, capacidad técnica, decisión política, cabildeo y una ruta jurídica bien cuidada para acabar con posturas ambiguas, dobles discursos, acciones mediáticas y declaraciones vanas.
Está demostrado en los expedientes y en las mismas resoluciones del Poder Judicial que Nestora, Gonzalo y Arturo actuaron con base en la ley 701, que reconoce a la CRAC como parte del sistema de justicia y seguridad en el estado y, por lo mismo, no se les puede acusar de secuestro ni de terrorismo, porque se desempeñaban como representantes de la Policía Comunitaria. No obstante, los intereses aviesos que imperan entre la clase política del estado impiden que la población coadyuve en las tareas de seguridad e implemente su sistema de justicia comunitario. Está visión obtusa y pendenciera es lo que mantiene en la cárcel a Nestora, Gonzalo y Arturo. A pesar de ello, no lograrán doblegar la fortaleza de una mujer que forma parte de la estirpe de los hijos e hijas del linaloe, la madera fina con la que trabajan los artesanos de Olinalá y con la que han demostrado ser personas con gran sapiencia que cultivan las bellas artes, que cuentan con el don de una imaginación ilimitada y que poseen en su ser genuino un gran encanto, como lo es la madera fina del linaloe, Nestora Salgado.

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