Fascina al director de Las elegidas cómo se justifican quienes se dedican a la trata
DPA
Cannes
Cruzando la frontera a México por el extremo oeste de Estados Unidos, la primera localidad a la que se llega es Tijuana, una ciudad víctima del azote del crimen organizado y escenario de Las elegidas, la película que el mexicano David Pablos presentó ayer en el Festival de Cannes.
Las elegidas se centra en la historia de una adolescente de 14 años (interpretada por Nancy Talamantes) que comienza a salir con un muchacho (Oscar Torres) y cae víctima de una red de trata de personas que la obligan a prostituirse.
“No deja de fascinarme, de sorprenderme cómo la gente que se dedica a esto, justifica lo que hace. De alguna manera ellos no lo ven mal. Lo ven como un trabajo más”, explica en entrevista con DPA el director de 32 años, con la confianza que da haber escuchado ya los primeros aplausos y elogios a la cinta rodada también en Tijuana.
“Y lo justifican por un bien, para mantener a la familia, para darle escuela a los hijos. Ahí hay algo muy sorprendente, son capaces de hacer lo que sea por la familia”, agrega el realizador, que debutó en 2013 con La vida después, que compitió en la sección Orizzonti del Festival de Venecia.
“Me sorprende muchísimo la sicología humana, cómo uno puede desprenderse y reordenar las ideas y los pensamientos y justificar lo que están haciendo para no verlo como algo malo”, destacó el director, a quien la productora de Gael García Bernal y Diego Luna, Canana, le propuso hacer esta película.
La idea surge de un guión que escribió el escritor Jorge Volpi (En busca de Klingsor o El fin de la locura) y que en breve se publicará con el mismo título que la película, Las elegidas.
Pero el guión acabó transformándose por completo. “Terminó siendo un guión distinto al que fue la historia del Volpi”, comentó el cineasta, quien eliminó muchas subtramas y personajes de la historia para centrarse en la familia protagonista, la de un padre (José Santillán Cabuto) y sus dos hijos, que se dedican a captar muchachas pretendiendo estar enamorados de ellas y luego les piden que se sacrifiquen por ellos prostituyéndose.
Dijo el director que se documentó ampliamente para la película y se basó sobre todo en la investigación que hizo Óscar Montiel en El oficio de los padrotes.
Ahí explica cómo son los padrotes, los que llevan a las chicas a la explotación y, eventualmente, cómo ellas terminan tragándose todas estas historias, relata Pablos, que trata de forma exquisita un tema tan sórdido y oscuro como la prostitución infantil.




