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Nadie puede conculcar el derecho a votar, dice el gobernador en la inauguración de las Jornadas

La puesta en escena de El apando, basada en la obra de José Revueltas, con la compañía de teatro de la UAG, se suspendió por lluvia

 

Claudio Viveros

Taxco

El gobernador del estado, Rogelio Ortega Martínez, inauguró ayer las Jornadas Alarconianas, un festival cultural en homenaje al dramaturgo del siglo de Oro, Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza que se extenderá con diversas actividades hasta el próximo 31 de mayo.
El mandatario guerrerense se mostró emocionado de estar otra vez aquí y evocar su niñez y juventud, a personajes, calles y barrios y el olor a encino del cerro El Huixteco, luego de escuchar la sentida intervención del ganador del premio nacional de dramaturgia que lleva el nombre del ilustre corcovado, el creador norteño, Edeberto Pilo Galindo.
Acompañado del alcalde, Iván Castellanos Barrera, y del secretario de Cultura en la entidad, Arturo Martínez Núñez, entre otros funcionarios y el dramaturgo galardonado, el gobernador no evadió el tema de la violencia en el estado, a la par de los reclamos, de los que destacó que “cuando los movimientos sociales se desbordan, es porque algo ha pasado en el ejercicio del poder y quizá porque las puertas ya se cerraron durante hace mucho tiempo, porque los oídos sordos no escuchan el reclamo a tiempo de los sufrimientos del pueblo”.
Enfatizó que “ahora, en el tramo cortito que me ha tocado gobernar, como taxqueño, como jumilero, y con el orgullo por eso de estar aquí, y lo digo: de mostrar que se puede gobernar de manera diferente, con humildad y sencillez, escuchando mucho y trabajando con la gente, para recuperar la confianza de la sociedad en las instituciones, para que reformemos a las instituciones, pero sobre todo, para modifiquemos formas de actuar y de pensar”.
Para que podamos decir, agregó, “que efectivamente la tragedia de Iguala cambió a Guerrero, que nada puede volver a ser como era antes y que debemos de cerrarle el paso a la delincuencia organizada que penetró en las instituciones y los partidos políticos”.
En este contexto, expresó que dentro de unos días viene la hora de renovar los poderes públicos en el estado, y “ese es el otro gran desafío”, de lo que dijo que la pregunta recurrente de los medios era “gobernador: ¿y habrá elecciones en el estado de Guerrero? Y yo nunca lo dudé, porque ese fue uno de los grandes desafíos con armonía, la construcción de acuerdos para la paz y lograr la temporada alta de las vacaciones porque vivimos del turismo”, como el caso del Triángulo del sol, del que Taxco forma parte junto con Acapulco e Ixtapa-Zihuatanejo.
Al referirse a esta ciudad, su cuna, destacó la importancia del turismo cultural como algo especial, con la celebración del arte y la cultura, “consolidándola, aplaudiéndola y disfrutando”, de lo que destacó el Premio Nacional de Dramaturgia.
Otro de los desafíos por venir, dijo, es ir a votar en paz para renovar los poderes públicos en Guerrero, “por lo que nadie, absolutamente nadie, por legítimo que sea su reclamo, su exigencia, su petición, puede conculcarnos un gran derecho de ir en paz a emitir de manera libre, consecuente y voluntaria, nuestro voto”.
Sereno y sonriente dijo que “el trabajo y la armonía produce riqueza, pero la cultura produce unidad”.
En esta parte, puntualizó que puede haber pueblos pobres, pero “lo más triste para un pueblo pobre es que esté falto de educación y de cultura”, por lo que se requiere trabajar por la educación, el empleo, la salud y la seguridad, a las que dimensionó como “las cuatro varitas mágicas, para que ahora, al disfrutar las Jornadas Alarconianas, construyamos con la cultura el Guerrero que nosotros nos merecemos y necesitamos (…) en Taxco de mis amores, de mis sueños y de mis ilusiones” al que ofreció un tributo al inaugurar el 28 festival alarconiano.
La primera de las actividades que engalanaron el festejo fue la puesta en escena de El apando, basada en la obra de José Revueltas, con la compañía de teatro de la UAG, la cual inició con la amenaza de lluvia que finalmente cayó a media función y después se suspendió entre la retirada de la gente que se encontraba frente al escenario instalado en la Plaza Borda, a un costado de la monumental parroquia de Santa Prisca.

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