Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Rogelio Ortega Martínez

Guerrero en estos días. Entre Escila y Caribdis

(Quinta entrega)

Mis queridos cuatro lectores. Uno de ustedes, gran amigo, compañero y poeta me escribió el siguiente mensaje: “Creo que esos artículos que se publican a tu nombre no están ayudando mucho, proyectan más que nada ego intelectual que planteamientos de soluciones, pienso que más que análisis lo que Guerrero necesita es ver acciones concretas, programas activos, eficacia y rapidez en trámites… más acciones, menos rollo…”.
Contesté: “Agradezco tus consejos estimado amigo. Cuánto quisiera hacer lo que me dices. Hago lo que puedo y quito tiempo al sueño para escribir mis utopías… Me ayuda escribir, me desahogo ante tantos problemas imposibles de resolver en tan poco tiempo. Garantizar la elección, hasta donde se pueda y dentro de los protocolos que establece nuestra normativa. Entregar la estafeta a quien gane y regresar a dar mis clases. Y, por supuesto, seguir escribiendo. El próximo será sobre pobreza, drogas y violencia. Usaré el mito griego de Escila y Caribdis”.
Otro de mis cuatro lectores me dijo: “Nos critican porque dicen que escribimos como si los lectores de El Sur fueran ciudadanos suecos”. Ambos dijimos: sigamos escribiendo, sigamos hablando. El diálogo y la tolerancia extrema como estrategia, sin egolatría. He aquí la quinta entrega.
En estos días difíciles, mucho he recordado al intelectual inglés Robert Graves, uno de mis autores favoritos para referirme a la mitología griega, más conocido como el autor de la novela histórica Yo Claudio, que Frida Varinia y Alfredo Castro me obsequiaron el día de mi cumple hace 20 años, situada en los turbulentos tiempos de decadencia del Imperio Romano. Un Claudio que por cierto, como yo, llegó al poder sin buscarlo.
En sus trabajos sobre los mitos griegos, Graves nos habla de los peligros que tuvo que pasar Odiseo/Ulises a lo largo de su casi interminable retorno a Ítaca, para estar junto a su amada Penélope (por cierto, creo que a Joan Manuel Serrat también deben gustarle los mitos griegos, por aquello de: “Penélope, con su bolso de piel marrón…”). Uno de tales peligros fue el paso del estrecho de Messina, entre lo que hoy es la Italia continental y la isla de Sicilia.
Hagamos como que fuera entre Caletilla y la Roqueta. Imagínense del lado de Caletilla una enorme monstruosidad, más fea que un carro por debajo (de nuevo gracias, Maestro Catón), como con seis cabezas y muchas patas y que, por si fuera poco y para mayor maldad, con dulce voz de bebé, cuando su actividad principal era comer marineros. El nombre de la fiera era Escila y ni modo que Ulises pasara cerca de ella.
Pero es que, del lado de la Roqueta, lo que había era un remolino que tragaba cuanta cosa pasara por encima. Caribdis se llamaba, la hecatombe condenada a estar allí por parte de Zeus y que devoraba el agua tres veces al día y la expulsaba otras tres.
Entre Escila y Caribdis acabó, como saben, convirtiéndose en una manera más o menos literaria de expresar el dilema de una elección ante dos escenarios desagradables, catastróficos: o me traga el mar, o me come la fiera. En estas horas violentas, todo parece ser que en México estamos entre Escila y Caribdis y, en Guerrero, la distancia entre ellas es menor y el riesgo más alto.
Por un lado, Escila, están los efectos dañinos que el consumo de drogas tiene para la salud. Las sobredosis fatales, la dependencia extrema, la transmisión de enfermedades o los daños a terceros bajo efecto de las sustancias enervantes son suficientemente dramáticos como para no evaluarlos con rigor. Hay otros daños directos para los adictos que son, por cierto, consecuencia de las políticas prohibicionistas, como la alteración de productos o su administración sin garantías sanitarias e higiénicas.
En el otro lado está Caribdis, esto es,  las consecuencias trágicas que produce la prohibición del consumo, las actividades delictivas en torno a su tráfico, y los efectos colaterales de las diversas guerras contra las drogas. Lo sabemos bien en Guerrero.
Y quizás porque lo sabemos bien, y porque lo sufrimos más que otros, en Guerrero podemos sumarnos a las voces que plantean la necesidad de revisar el conjunto de políticas que tienen que ver con el consumo y tráfico de drogas. Afortunadamente, no es necesario que nos esforcemos en la búsqueda de propuestas (en el supuesto improbable de que pudiéramos ser innovadores), porque ya están hechas. El problema es que el conservadurismo y la mediocridad de nuestras élites políticas no las asumen y ni siquiera se toman la molestia de considerarlas en sus ofertas electorales, como si el problema no existiera, cuando es uno de los asuntos más graves de hoy.
Les pido permiso para compartir con ustedes las principales reflexiones de la Comisión Global de Política de Drogas, integrada por figuras tan relevantes como Kofi Annan, ex secretario General de las Naciones Unidas, Fernando Henrique Cardoso, ex presidente de Brasil, César Gaviria, ex presidente de Colombia, Ernesto Zedillo, ex presidente de México, Ricardo Lagos, ex presidente de Chile, entre otros.
¿Cuáles son sus propuestas? Primero una afirmación rotunda: la guerra contra las drogas ha fracasado y hay que buscar nuevos rumbos. El paradigma punitivo, basado en el castigo no ha funcionado. Como dice el presidente de la Comisión, Fernando H. Cardoso, “la aplicación de este modelo ha tenido como resultado más violencia, el aumento de la población carcelaria y la erosión de los gobiernos alrededor del mundo. La Comisión Global de Políticas de Drogas aboga por un enfoque centrado en la salud pública, la seguridad ciudadana, los derechos humanos y el desarrollo”.
En lugar de la retórica que produce frases del tipo “tolerancia cero”,  “por una sociedad libre de drogas”, atractivas pero, como hemos visto, inútiles en los hechos, valdría más la pena acabar con la criminalización y el encarcelamiento de los usuarios. En lugar de recurrir a costosas medidas sancionadoras, ¿no sería más sensato concentrarse en los delitos graves y usar otro tipo de medidas (preventivas, alternativas) para el consumidor normal? Según dice el informe de la Comisión, “la penalización del uso de drogas tiene poco o ningún impacto en los niveles de consumo de sustancias en una sociedad abierta”.
¿Y qué hacer con los productores, un aspecto del tráfico de drogas en el que Guerrero tiene un papel sobresaliente? Si me permiten un poco de vanidad, da gusto leer que las importantes personalidades que componen la Comisión comparten algunas de las reflexiones que hemos plasmado en estas páginas. Para los campesinos y jornaleros que forman parte de la cadena productiva de las drogas la solución no está en el castigo penal, sino en vincularlos a “los esfuerzos de desarrollo económico a largo plazo que mejoren el acceso a la tierra y al trabajo digno y que reduzcan la desigualdad económica”. Una vez más, la desigualdad es el tema de nuestra época. También en este asunto tan crucial hoy en día.
El informe de la Comisión es muy detallado, y dejo aquí la dirección donde puede consultarse (http://www.globalcommissionondrugs.org).
El informe, por otro lado, no es muy explícito respecto de un asunto que, como mexicanos y guerrerenses tiene la mayor importancia: ¿es sensato que sigamos acumulando muertos, encarcelados y desaparecidos mientras que en Estados Unidos son ya más de un tercio las entidades en las que el consumo de mariguana es legal para fines recreativos? ¿Y casi dos tercios para fines médicos? ¿Y en México, en Guerrero?
Algunos (bastantes) han criticado a una Comisión en la que abundan ex presidentes, preguntándose las causas por la cuales ellos no tomaron estas iniciativas cuando estaban en el poder. Es un argumento poderoso, al que quiero rebatir con una respuesta simple: nunca se acaba de aprender plenamente. Haya sido uno presidente, otro premio Nobel de Química o, más modestamente, profesor de la Universidad Autónoma de Guerrero, como en mi caso seguramente será. Convengamos en que los ex mandatarios, tras dejar sus cargos, han tenido tanto la acumulación de experiencias como la mirada reposada de quien no está sometido a las presiones de problemas estructurales irresolubles en lo inmediato, y en las urgencias del día a día. Y han reflexionado sobre lo hecho y como lo han hecho. Y han aprendido.
Se aprende, claro que se aprende. Créanme: se puede seguir aprendiendo toda la vida, y ello incluye desde este su servidor hasta ex presidentes. Un amigo mío, que es muy malo, dice que solo ha conocido a algunas personas que no aprenden. Parte de ellos pertenecen a la raza de los comentócratas.
La comentocracia es un término acuñado, si no estoy mal, por Jorge El Güero Castañeda, y se refiere al poder (cratos) de los comentaristas, que lo mismo opinan de la crisis en los Balcanes, que de la composición de la bomba de plutonio empobrecido. Saben de todo, lo saben todo y concluyen que aprender no es para ellos. No importa el contexto y la explicación del fenómeno, lo que importa es el escándalo. La noticia de impacto.
Niños, adolescentes, jóvenes y adultos involucrados en el mercado de las drogas. Los narcos reclutan de la pobreza, penetran todo el tejido social y a las instituciones. Las adicciones abundan en las escuelas y en todos los estratos sociales. Se amasan grandes y emergentes fortunas con las ganancias del narco y el lavado de dinero. Se cohecha, soborna, coacciona y se corrompe a autoridades de todos los niveles. La degradación social lleva a extremos de salvajismo y barbarie a la hora de los ajustes de cuentas entre las bandas delincuenciales. Asesinados, descuartizados, desaparecidos, incinerados, fosas clandestinas. La reedición del holocausto en pleno siglo XXI es la gran tragedia de México, de Guerrero. Trescientos desaparecidos en Iguala como resultado de la narcoguerra, muchos más en todo el estado de Guerrero, 22 mil en todo el país; 43 normalistas en la tragedia de Iguala. En Ayotzinapa y en los familiares, la herida sigue sangrando, está abierta; sigue concitando solidaridad; requiere de más acompañamiento y coadyuvancia para que llegue la justicia y la pronta reparación del daño, junto con la paz espiritual. Con el pleno derecho de petición y libre manifestación, de reclamo y exigencia a las autoridades; pero también, con pleno respeto a los derechos de los demás, en especial al derecho del sufragio libre, consciente y voluntario para elegir a nuestras autoridades en paz.
Post Scriptum. Por cierto: Ulises eligió pasar cerca de la bestia, pues Caribdis se lo hubiera tragado con todo y barco, mientras que Escila solo alcanzó a comerse a seis marineros. El viaje pudo continuar y tiempo más tarde, con los vientos favorables, reconciliado con Poseidón, regresó a las costas de Ítaca para, como saben mis cuatro lectores, reencontrarse con su amada Penélope; con Argos, su perro fiel y su adorado hijo Telémaco.
Para la próxima entrega: Elecciones en Guerrero. El mito de Casandra y la destrucción de Troya.

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