Carlos Pérez Aguirre
Campañas, recta final
La feria que la auto nombrada “clase política” guerrerense ha montado –mediante las franquicias partidistas– para estos comicios, con la participación de payasos, cirqueros, magos, ilusionistas, mucho tramoyista y lavadores de animales, está tocando a su fin.
Pocos son los candidatos presentables ante los ciudadanos y que reúnen cualidades –que era lo que mínimamente debieron hacer los partidos políticos por respeto a la población. Antes de nominar debieron con seriedad haber escogido a los mejores elementos de la sociedad y de sus filas, pero evidentemente no ha sido así, y los intereses personales han estado por encima del interés superior del estado de Guerrero.
El resultado es precisamente ese desfile contrahecho de feria que mencioné al inicio de este documento, porque la entidad no está para improvisados, corruptos o ineficientes.
El ejercicio de hacer política –esa importante y necesaria actividad en donde la sociedad se organiza, se sintetiza y avanza–, se pensó que el país tomaría esa ruta después del proceso de transición a la democracia que encabezó Cuauhtémoc Cárdenas, y posteriormente López Obrador, pero no; para nuestro infortunio, el proceso fue corrompido, primero por el foxismo de derecha que en su descomposición permitió la permanencia del priismo más atrasado y generó una “clase política” torpe, cínica y sumamente deshonesta, que ahora improvisa partidos –claro siempre y cuando sean a modo– y candidatos –muchos ilustres desconocidos nutren las nominas de los puestos de elección popular.
En la entidad, los candidatos de los principales partidos y centros de población observan ese fenómeno; veamos: Chilpancingo por el PRI, partido que ha sumido al país en una de sus peores crisis económicas y de gobernabilidad, y a esa ciudad en un caos urbano, de seguridad y de insuficientes servicios, el candidato es Marco Antonio Leyva, cuyo mayor mérito (sic) es ser familiar de Efrén Leyva, de ingrata memoria para los capitalinos. Por el PRD Gaspar Beltrán, nominado por su cercana relación con Ángel Aguirre. Por MC Pioquinto Damián H., un dirigente empresarial que ha puesto el dedo en la llaga, denunciando a los delincuentes –por ello sufrió un cobarde atentado. Por Morena un candidato destacado en la actividad social, Pablo Sandoval Ballesteros. Por los demás partidos son desconocidos.
Para Acapulco, por el PRI un médico, Marco Antonio Terán Porcayo, un excelente profesionista que bien hubiese podido ser un candidato ciudadano, pero el priismo no lo dejó ir para tratar de borrar la mala imagen que dejó Manuel Añorve. Por el PAN el impresentable Zeferino Torreblanca, tocado por acusaciones de corrupción extrema e incluso, aparentemente señalado en el asesinato de Armando Chavarría. Pero su estigma mayor es haber traicionado al pueblo de Guerrero con su gran y enorme ineficiencia. Por el Partido Verde, ese nauseabundo organismo, un individuo de similar catadura, pues sus contratos de monopolio en todas las dependencias del estado propiciadas por el zeferinato despiden el mismo aroma, Joaquín Badillo. Por el PRD Evodio Velázquez, impulsado por Zeferino Torreblanca y retomado por Ángel Aguirre, sin ningún conocimiento administrativo. Morena tiene como candidato a un académico y dirigente social relevante, pero la maquinaria electoral oficial le ha querido cerrar el paso. Tal vez Marcial Rodríguez Saldaña es el mejor candidato. Por el partido MC se postuló al empresario Víctor Jorrín, amigo del dirigente moral de este partido, sin conocimiento de la administración pública y con grandes intereses, que son por regla general la simiente de la corrupción, va con él en su fórmula Carlos Álvarez, lo cual le da sustento a esta tesis.
Así, observamos que los principales candidatos de las ciudades insignia de nuestra entidad tienen serias deficiencias –con excepciones–. Los cierres de campaña han iniciado. Y usted, lector, ¿votaría por alguna de estas opciones?




