El optimismo de los priistas y Astudillo diez años después
Aurelio Peláez
Hace diez años El Bohemio se lió a golpes primero con uno, y luego con una legión de priistas tras el primer cierre de campaña de Héctor Astudillo como candidato a gobernador, elección que éste perdió ante el del PRD, Zeferino Torreblanca. Este domingo, desde el banco, en la barra del bar que atiende, en la calle Galeana del Centro, ya descree de sus antiguas militancias en los partidos de izquierda que durante los últimos diez años presumiblemente gobernaron el estado, y desde 1999 –con una interrupción de cuatro años– el municipio de Acapulco. Con el vaso jaibolero en la mano remueve los hielos mientras ve pasar las huestes que regresan de un segundo cierre de campaña de Astudillo, diez años después. ¿Regresa el PRI? ¿Alguna vez tuvimos gobiernos de izquierda? Ya no hay pasión. Enfrente un ciudadano que regresa del mitin, camisa del PRI y botón de campaña en el pecho, toma una cerveza. El Bohemio apenas lo mira. ¿Estábamos mejor contra el PRI?
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El discurso de cierre de campaña de Héctor Astudillo en Acapulco es breve, brevísimo. Diez minutos quizá, de los cuales unos ocho se ocupó en saludar a candidatos y parte de su equipo de campaña. A las 6:50 tomó el micrófono y antes de las 7 ya había despachado a los miles que llegaron a la caminata, esa a la que se había sumado unos 25 minutos antes y que partió del Asta Bandera hacia el Zócalo, donde se realizó el mitin. Cerrado estuvo el carril Base-Caleta desde antes de las 4 de la tarde y se supo que durante el transcurso, a un costado de la Costera, en la calle Urdaneta, también se preparaba el cierre de la candidata del PRD Beatriz Mojica Morga. Tampoco corrió sangre. De hecho, grupos de camisetas distintas se saludaban como si cualquier cosa al encontrarse para ir con sus respectivos candidatos, como si diera igual que un día aparecieran en el PRI y otro en el PRD, tan imperceptibles que son ya las diferencias partidistas, pese a que dirigentes y candidatos se enfrasquen en peleas verbales.
–Ya todos son lo mismo, bohemio– dice El Bohemio, el abogado Mario Talavera, desde sus 60 y tantos años y múltiples decepciones en todos los bandos.
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Entre los priistas hay optimismo. “El que gana la calle gana la elección”, dice el ex diputado local por el PRI y ex diputado federal por el PRD, César Flores Maldonado, ahora de regreso al PRI con el encargo de coordinador operativo de la campaña. Quién sabe los de al lado, pero estos de acá, ahora enfundados en la camisa blanca de “orden y paz” como que se sienten muy seguros de regresar al gobierno. La sonrisa no parece postiza, que se diga, y el discurso de Astudillo, como el de alguien que anuncia el regreso a casa a arreglar cuentas: “Levanten las manos, vamos a decirle adiós al PRD, ya se va”, dice.
Y en la inversión de las historias y las leyendas, llama a sus compañeros de partido, a esa bases sofocadas por ese calor húmedo que dejan las lluvias mañaneras, a no dejarse presionar por quien les condicione el trabajo a cambio del voto, por ese gobierno (el del sustituto Rogelio Ortega, al que no nombra) que a través de su secretario de Finanzas (Eliseo Moyao, al que tampoco etiqueta) maneja el dinero para quedarse en el poder. “Ni con todo el dinero que manejen van a impedir que ganemos”, dice el priista, en ese discurso que hace algunos años, de diez para atrás precisamente, uno oyó de los otros, los que luchaban contra el PRI y ahora se mimetizan en lo que criticaron.
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El PRI quema sus adhesiones de última hora: que el candidato de Encuentro Social a la presidencia municipal de Acapulco (“¿había?, ay Dios”), que un candidato a diputado local del Partido Humanista (ni su nombre dijeron bien), que una prima hermanita de la candidata del PRD, que la ex diputada local del PRD, la ex zeferinista Gisela Ortega, de la que ya se sabía desde el principio de la campaña. Más facturas al presupuesto en el caso de que el candidato del PRI gane. Pero uno que anda por ahí abajo, con su camiseta con el logo de Astudillo bordado, que se rehúsa a subir al templete pese a que lo invitan reiteradamente el coordinador operativo Ernesto Rodríguez Escalona, y el coordinador de foros, Robespierre Hurtado, es quien fuera el secretario de Educación en el gobierno de Zeferino Torreblanca, José Luis González de la Vega Otero. Desde abajo, aplaude al candidato del PRI, quien tuvo como grito de batalla en la campaña eso de afirmar que el PRD (Zeferino Torrebanca-Ángel Aguirre), dejaron a Guerrero en el primer lugar de todo lo malo y en el último de todo lo bueno, o sea, los últimos en educación. (¿Regresará a la SEG a colocarnos aunque sea en el penúltimo lugar de algo de lo bueno?).
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En el 2005 la cosa estuvo así, cuenta El Bohemio. El PRI cerró campaña en el Zócalo. El gobernador era René Juárez, pero se decía que no le puso mucho entusiasmo a la campaña de Astudillo, del que ahora es uno de sus coordinadores. Ahora ahí estuvo en el cierre, aunque pelón. Se habló entonces de 20 mil asistentes y René marchó con los brazos abajo, como a fuerzas. El Bohemio se encontró a uno en el Sanborns cuando fue a comprar cigarros. Ya había terminado el mitin.
–Ya me está gustando ese de la camisita roja de Rubén Figueroa para partirme la madre– le dijo, o algo así. Entonces, ese color era el distintivo de la campaña.
El de la camisa roja era gallito de pelea. Le pudo haber contestado, “barbas tienes” (El Bohemio es barbón). “Pues vámonos saliendo afuera, que el Sanborns nos va a quedar chico para el pleito”, retó Mario Talavera, abogado sin título, dándole una patada alevosa. Y corrió hacia sus calles, la Galeana, hacia un bar, El Semáforo, ya desaparecido (antes incluso había semáforo). Pero no encontró a la banda habitual de bohemios amigos y sí a decenas de camisas rojas de regreso del mitin. Ahí recibió una inmerecida paliza, según el lado de que se vea (uno se adhiere al suyo).
Era un segundo asunto político que llegó a las manos. Meses antes lo fue por la campaña interna perredista, cuando salió en defensa de Torreblanca, contra un simpatizante del ex precandidato Armando Chavarría. Pleito deshonroso, porque meses después su rival apareció en el bar –la historia se dio en El Avispero– tras una vergonzosa maltratada de su esposa. La cara hecha un desastre. “Carajo, bohemio, y por qué conmigo si metiste las manos”, le reprochó El Bohemio.
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La caminata de cierre de campaña del PRI fue la clásica convocatoria del “no empujen que hay niños” a la niña que se pierde al final del mitin; de las decenas de camiones que llegan con las fuerzas vivas al “no se pierdan”, de la líder. En la descubierta, el candidato Astudillo. A sus lados, René Juárez Cisneros, y el diputado federal Manuel Añorve, ex precandidato y a quienes se le encargaron asuntos de Acapulco. Nunca quiso integrarse a ese grupo el presidente del PRI estatal y precandidato derrotado, Cuauhtémoc Salgado, quien caminó por su parte. Sí lo hizo el alcalde de Chilpancingo Mario Moreno, y el candidato a la alcaldía de la capital, Marco Antonio Leyva.
En el apretado grupo que se pisaba los zapatos y chocaba entre camisas sudadas, estaban Rodríguez Escalona, los candidatos a diputados federales por el distrito 04, Javier Taja, y por el 09, Julieta Fernández, y reapareciendo, la ex senadora y ex diputada, Guadalupe Gómez Maganda.
Caminata entre el calor húmedo y bajo un cielo nublado de una lluvia que no acaba de caer; entre el olor a basura y a mar, entre un viento tibio y guevón, pero en un priismo que se ve motivado por encuestas que lo colocan en la antesala del Palacio de Gobierno. Ya no Casa Guerrero, que esa Rogelio Ortega decidió que sea ahora una Casa de Cultura o algo así. Ah, y también anda por ahí su candidato a la presidencia municipal de Acapulco, Marco Antonio Terán Porcayo. Uno de los dos de Astudillo, el otro es el del Verde, Jacko Badillo. Hasta con dos candidatos salen ahora.
Los priistas se ven motivados. La izquierda ni se consolidó ni consolidó nada en estos diez años. Tan mal están que ahora de esos gobiernos (Zeferino-Aguirre-Ortega), se recuerda todo lo malo y se olvida (¿hubo?), algo de bueno.
–Bohemio, ¿estábamos mejor contra el PRI?




