Pedro Isnardo De la Cruz
El nuevo gobernador. La simulación o el cambio real
Comprender y querer pronosticar la voluntad electoral de los guerrerenses después del fracaso de los gobiernos de izquierda perredista en la entidad y sobre todo, después de la tragedia de los normalistas de Ayotzinapa en Guerrero, es complejo e incierto.
Luis Walton, por ejemplo, ha capitalizado con creces diversos factores que le son favorables: su confianza en sí mismo ante toda adversidad, el que en Acapulco no se le conocen escándalos de deshonestidad y la construcción de una campaña centrada en su personalidad de político-empresario exitoso, como un candidato independiente en campaña: ha ido anudando un potencial silencioso en las regiones y comunidades de Guerrero que puede sorprender al final del proceso electoral no sólo elevando sustancialmente la votación estatal para Movimiento Ciudadano sino, eventualmente, alcanzando la victoria.
Beatriz Mojica se encontró con un momento político en el que quedó como la idónea del tablero de ajedrez: la tragedia en Iguala, los errores en el desempeño gubernamental de Ángel Aguirre y el rechazo de Armando Ríos a acceder a la candidatura del PRD en la que debía pactar impunidad con el ex gobernador Aguirre.
Las adhesiones recientes a la candidatura de Beatriz Mojica por Raymundo Nogueda, Godeleva Rodríguez y Alberto López Rosas, muestran más un juego de cartas marcadas a su favor, sabiendo desde el inicio que un pacto sin Walton de aliado carecía de un triunfo garantizado. Incluso el gobernador Ortega ha debido escenificar escándalos sobre presuntos apoyos a la candidata perredista, cuando en realidad se ha mostrado complacido y fluctuante en el péndulo del respaldo presidencial de Peña Nieto y el de la cúpula perredista.
Con todo y las adhesiones a la candidata del PRD, de perder la elección constitucional, Beatriz Mojica podrá descansar de la peor circunstancia que evitó el senador Ríos Piter: ser un peón, una gobernadora sin voluntad propia en las manos de otros. En un momento de crisis permanente como la que vive la entidad, Guerrero no se merece un titular en la gubernatura sin carácter, sin capacidad de afirmarse frente a los actores políticos y los narco clanes, sin disposición al ejercicio soberano del poder ejecutivo estatal.
Luis Walton creció en presencia y apoyos regionales en la entidad, decepcionando a quienes esperaban su declinación, sin lograr alianzas partidistas que tal vez le hubiesen restado proyección. Jorge Camacho, el candidato del PAN, marcha de político insensato en el destino que le definió la cúpula nacional de su partido: no pactar con nadie, dividir el voto opositor y ser comparsa del PRI. Beatriz Mojica camina sobre piedras de fuego negando la responsabilidad del PRD en los retrocesos y escándalos de la gubernatura de Aguirre, la herida abierta Iguala/Ayotzinapa y los magros resultados del perredismo gobernante. Mojica sigue el guión de impunidad post crisis de Iguala trazado por el mismo gobierno de Peña Nieto. Sólo falta que sabiéndose perdedora en la contienda y con un rito sacrificial más en su propio partido, la candidata Mojica vea cómo votos masivos de sus estructuras de liderazgos y votos duros del PRD ruedan hacia el PRI en plena jornada electoral, consumando de antemano un Pacto por México 2 que detonaría en Guerrero nuevos acuerdos Jesús Ortega/Peña Nieto.
La estrategia de Héctor Astudillo ha tratado al guerrerense como un espectador: cosechar políticamente la tragedia de Iguala/Ayotzinapa y el desgaste de los gobiernos perredistas; evitar al máximo posible la ruptura entre los ex gobernadores y líderes priístas con capacidad de veto en la entidad; sacarle punta electorera a los padrones de los programas sociales federales. Por sí mismo, en los debates y en la campaña, se le ha visto deslucido y desangelado, como un aspirante sin pasión por la política, pero presto a administrar los hilos del poder, como si no hubiese necesidad más que de prestarse a ganar el papel estelar en una obra cuyo mayor éxito es el murmullo de que ya se sabe quién va a ganar la gubernatura. Ha actuado con esa confianza estratégica en campaña y no sabemos si la voluntad de los guerrerenses le depara al candidato del PRI una sorpresa: el triunfo de Walton o el de Beatriz.
¿Un mal gobierno es mejor que la anarquía? Si la elección constitucional se realiza sin que el INE declare nulidad parcial o total del proceso y si no hay impugnación eficaz ante el Trife por ningún contendiente perdedor en la contienda por la gubernatura, Guerrero tendrá un nuevo gobernador que simulará gobernar para infortunio del Estado o impulsará el cambio real en la gobernabilidad interna: es el giro histórico que tienen sus electores en las manos el próximo 7 de junio.
* Doctor en Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.




