Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

POZOLE VERDE

* Cuauhtémoc y el origen de los tlacololeros

José Gómez Sandoval

¿Cuál es el origen de la danza de los Tlacololeros? ¿En dónde nació? ¿Qué significado tiene su ropaje? ¿A qué se debe el tipo de evoluciones con que se baila? ¿Cuáles son sus principales personajes? ¿Qué significa su grito de guerra (¡uscaaaaaaaagr!)? ¿Qué representa el tigre? ¿Por qué lo persiguen con chirriones? ¿Cuál es el origen de su música? ¿Por qué los protagonistas ocultan su identidad tras una máscara?…
Ni hablar: son preguntas que los guerrerenses del centro del estado y aun de más allá nos hacemos cuando asistimos a una fiesta popular o cada vez que en la calle nos topamos con un grupo de Tlacololeros. Y para todas las interrogaciones tenemos respuesta. Los de Chilapa dicen que allá nació la danza, lo mismo que los de Tixtla, Zitlala, Chilpancingo y Chichihualco. Unos afirman que el chicoteo pretende imitar y convocar los truenos y relámpagos de la lluvia; otros que sirve para espantar al tigre. En el eje del cotorreo, casi todos coinciden en que se trata de una danza de origen campesino, agregándole el sentido ritual. Y bueno, para responder a tan chipocludas incógnitas, el maestro Santiago Memije Alarcón realizó una investigación profunda que en 1992 publicó con el provocador título de Cuauhtémoc, su tumba y el origen histórico de los Tlacololeros.
El objetivo de su libro es “encontrar el verdadero y más remoto origen de la danza de los Tlacololeros” y, bajo esta premisa, demostrar que dicha danza “no tiene origen campesino, ni totémico, ni ritual, ni social o militar, como desde siempre se ha venido afirmando en la tradición oral, y que tampoco tiene origen prehispánico, ni olmeca”… Analizando fuentes históricas y a través del método comparativo, el maestro Memije califica la citada tradición oral (en que se basan estudios de particulares que a su vez retoman investigaciones institucionales) de falta de lógica y se lanza a explicarnos a los lectores “la forma en que evolucionó la danza a través de la historia, hasta llegar a ser lo que actualmente conocemos”, y a “demostrar que si bien el origen de la estructura actual de la danza es histórico, el origen de la misma en su forma de dramatización es ritual, dado que para lograr que el origen y contenido de la misma sólo fuera conocido por los interesados en perpetuar lo que en toda su esencia esconde (los mexicanos sí, los españoles no) hubo necesidad de nahualizar a los personajes y de invertir la realidad histórica”.
Para Memije numerosas danzas autóctonas de Guerrero tiene un origen común con los Tlacololeros. Apunta “el paralelismo que existe en las primeras fechas de su representación, en sus personajes”, en el modo en que estos personajes participan y en los objetivos que persiguen. Y explica que los Chichimilcos (Tepecoacuilco), los Tecuanes, los Ahuileros y los Zoyacapoteros –entre otras danzas– tuvieron su origen en la recuperación de los restos mortuorios de Cuauhtémoc y que todas se refieren a este hecho de manera inversa.
Con la muerte de Cuauhtémoc termina la primera etapa de la Conquista de Tenochtitlan. “La historia nos indica que para que Hernán Cortés realizara la conquista de México tuvo que combatir y casi exterminar al imperio azteca y su cultura, representada por Cuauhtémoc y sus nobles. Por tal motivo, en la ritualización dramatizada que se escenifica en Tabasco y Campeche con el nombre de Tigre Pocho o Tigre Olmeca los personajes nahualizados o representados por tigres juegan un papel en el cual, en vez de ser perseguidos, van a jugar el rol contrario, persiguiendo o intentando acabar con el peligro de la conquista, tal como había sido el plan de la conjura por la cual supuestamente Cortés ordena la muerte de Cuauhtémoc y sus nobles parientes”.
Lo anterior “nos explica por qué en la misma danza se logra dar alcance y muerte al conquistador (representado por el tigre perseguido) en virtud de que quienes dispusieron ritualizar los hechos lo hicieron pensando únicamente en un procedimiento que escondiera y oscureciera lo que realmente sucedió; de ahí que fueran conscientes de que con sólo deseos jamás podían alterar el curso de la historia, con lo cual se explica la razón de que nunca (…) se represente la muerte de Cortés, aunque jamás dejan de intentarlo”, pues “la persecución de un tigre por muchos tigres no es sino el intento de varios caciques tabasqueños de darle muerte a un conquistador fuerte y malo de la región, lo que no se logra pues el tigre logra huir” –con lo que termina la persecución, que se reiniciará el año que viene.
Los Chichimilcos se parecen a los Tlacololeros en varias cosas: “los soldados nativos se cubren el rostro con su chimalli (tratando de esconderse) y llevando la macana en alto, bailan un ritmo del tecuane, correspondiente a la caza del tigre”, según Leopoldo Carranco Cardoso (citado por SMA), quien añade que “La danza de los Tlacololeros es una derivación de una de las partes de la representación chontal. La música que anima a estas dos manifestaciones nativas es la misma de los Ahuileros”. Ésta danza sería para Memije la “hermana gemela” de los Tlacololeros, porque es la que más se le parece y “no hace sino representar a los soldados nativos que, de acuerdo con la tradición oral, fueron animados por Tzilacatzin para que regresaran a Izancanac 13 días después de la muerte” de Cuauhtémoc, con el objetivo de descolgar su cuerpo de la ceiba (o pochote), trasladarlo a su lugar de origen y darle digna sepultura.
En los Tlacololeros no hay muchos tigres que persiguen a otro, pero sí “el deseo manifiesto del pueblo de combatir y dar muerte a quien representa la razón de su humillación y sus desgracias. Por eso –acota Memije–, siendo pueblo, su nahualización no se da en la forma de unos tigres, porque sólo aconteció de esa manera cuando se hizo entre iguales” (caciques contra cacique). Esta razón explica por qué entre ellos únicamente se logra una seminahualización, “que de hecho tiene su origen (…) en la justificación de que al trasladar el cuerpo de su emperador tuvieron que esconderse, camuflagearse y, hasta donde fuera posible, hacerse inconocibles para los destacamentos españoles o los vigilantes indígenas que había dejado Cortés en el camino”.

El Palo Encebado

Ya estamos en la substancia histórica que alimentó, en sus inicios, el Tigre Pocho u Olmeca y muchísimas danzas de Guerrero. Aquí caben los Chichimilcas, los Xochimilcas (Zitlala), los Tecuanes, los Ahuileros, los Zoyateros, los Cazadores, Tlaminques o Tecuantlaminques, la danza del Tigre, los Maizos y los Tejorones, entre otras danzas. Hasta los Zopilotes, e incluso –sorpréndase– el Palo Encebado, tienen como sustento a Cuauhtémoc y la redignificación de la raza. Quizá “el antecedente ritual de los Tlacololeros más antiguo de que se tiene conocimiento” sea El Cojo, que remite a un Cuauhtémoc de caminar tullido debido a las quemaduras que le infringió Cortés en los pies, danza ritual surgida en Izancanac (y que se baila en Tenosique). “En esta danza se venera y recuerda el sacrificio de Cuauhtémoc, que fue el martes de carnaval de 1525”. Así, de acuerdo con Memije, no es gratuito que la gran mayoría de las danzas citadas se representen en épocas de carnaval.
En la danza de los Chichimilcos o la danza del Ahorcado, que se representa los martes de carnaval, al personaje principal se le colgaba de una ceiba “sagrada”, como la que suelen existir en las plazas de los pueblos. En el primer cuadro de la representación hay una ceiba, teponaxtles ocultos y distantes, una atronante llamada de guerra. Entra un fraile descalzo, sayal raído, con una mano sostiene una gran cruz y con la otra hace un ademán de pedir. Tras él, chirimías y tamborines. Los teponaxtles atruenan y el fraile grita: “ixmaca tepuxque para misita…”, mientras recorre el escenario.
Luego el fraile planta la cruz en el suelo y se arrodilla con los brazos en cruz. “Aparece un grupo de soldados españoles a caballo seguido de otro de guerreros nativos a pie. Los primeros desmontan y un conjunto de bandolones toca una marcha que los españoles bailan avanzando lentamente. Forman dos alas, llevando al centro a Cortés. Lleva consigo a La Malinche y a Cuauhtémoc. Fogatas. La Malinche se queda con los españoles, Cuauhtémoc con los indígenas.
Con la espada, Cortés ordena colgar de una rama de la ceiba a Cuauhtémoc. El fraile (sería Juan de Tecto) se interpone. Como trata de impedir el sacrificio, lo amarran a la ceiba. Cuelgan a Cuauhtémoc. Cortés tiembla y hace sonar los cascabeles cosidos a su vestidura. Los teponaxtles resuenan, las chirimías se muestran fúnebres, una mujer grita y su grito desgarrador “Se convierte en alarido prolongado. Cortés cae al suelo desmayado”.
En los otros cuadros de la danza aparecerán mujeres con mecapal y “ollas de Tulimán llenas de agua roja de palo brazil”, a modo de las que ayudaron a bajar a Señor Cuauhtémoc de la ceiba o pochote, también llamadas “pochoteras”, y otro fraile (presuntamente Motolinía, El Protector de los Indios). Memije insiste: los tigres en grupo que perseguían al tigre individual… están representados por tecuanes y tlacololeros, “con la diferencia de que aunque se siga persiguiendo a Hernán Cortés simbolizado en dicho animal, ahora quienes persiguen ya no son Cuauhtémoc y sus nobles, sino el pueblo mismo seminahualizado en los personajes de estas dos danzas”.
Así que la danza de los Chichimilcos es la más antigua y “posiblemente la primera en Guerrero que representó el ritual, porque fue la que recibió a Cuauhtémoc el día de su nacimiento, mientras que la de los Ahuileros surgió como circunstancia o procedimiento, ya que se dice que los alguaciles de aquellos tiempos prohibieron el episodio del Ahorcado porque simulaba la muerte de Cuauhtémoc y fue sustituida por la muy conocida diversión del Palo Encebado, en donde el palo representa al pochote y el que sube al ahorcado”.
El mismo sustento tendrían la ceremonia del Ahorcado de Huitzuco y Chichihualco, el Juego de la Horca y el Encuentro de las Viudas de San Miguel Totolapan, el Juego de los Ahuiles de Teloloapan, el Papasque o baile del Toro y del Chuchumilco en Atoyac, la ceremonia de los Viejitos de Azoyú, el ritual de la muerte de Huitzuco, la danza de las Flores, la de los Terrones, la del Zontleco…

Supersíntesis necesaria

He de confesar que el resumen que he hecho de esta interesante obra de Memije se basa en las primeras 60 páginas, de las 130 y tantas que tiene, presuponiendo lo que más podría caracterizar el libro e interesar a los lectores. Y es que, a veinte años de su publicación, aún encontramos ejemplares en las librerías. A Memije no se reconoce el valor de su tan particular interpretación de la danza que tanto nos ocupa, a pesar de nos muestra el mapa del origen dancístico con verosímiles pelos y señales. Habrá quienes opinen que le falta incidir en el punto en que ritual de Tabasco se junta a las necesidades campesinas de las regiones donde se siembra maíz, y quienes opongan la tradición “oral” y consideren que la teoría histórica de Memije es sólo un buen producto de la fantasía. En otro lado escribí que el maestro sí se atreve a imaginar la historia de Guerrero de otra manera.
Curiosamente, en la portada el libro se titula: Cuauhtémoc, su tumba y el origen histórico de los Tlacololeros; adentro El origen histórico de los Tlacololeros y sobre el índice ya nomás: Origen histórico de los Tlacololeros. Hay bastantes errores de dedo y uno se entera de la fecha de aparición hasta que expurga en el colofón. Lo demás es pura substancia sobre la danza de los Tlacololeros en Chichihualco, sobre el significado de la palabra tlacololero, el de la danza y de cada uno de sus personajes, así como sobre el vestuario, los instrumentos y los ritmos que siguen los danzantes. Trae conclusiones y un glosario de palabras para los que no hayan entendido.
En el Pozole Verde del 5 de octubre (2011) le eché porras al maestro Santiago, quien, a pesar de ser autor de Epicoplas, El folklore literario de Guerrero y otros libros interesados en la cultura popular del estado, a pesar incluso de su larga y ejemplar carrera magisterial, no aparece en la Enciclopedia Guerrerense, donde en cambio abundamos los periodistas balines.

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