Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Claudia Ruiz Massieu

Lo que está en juego

El próximo domingo acudiremos a las urnas para elegir presidente de la República, senadores, diputados federales, y en el caso de Guerrero, también presidentes municipales y diputados al Congreso del Estado. Podemos decir que la celebración de elecciones periódicas, donde se renuevan los cargos de elección popular mediante el sufragio libre y universal, ya es parte de la normalidad democrática.
Después de décadas, con la participación de la totalidad de las expresiones políticas y con la aportación decidida de la ciudadanía, hemos logrado consolidar una democracia electoral que si bien es perfectible –no descarto que en los próximos años se revise de nueva cuenta la normatividad electoral para hacerla menos restrictiva y más acorde con las exigencias de una democracia vigorosa, y casi madura– cumple con relativa satisfacción las expectativas elementales de tener unas reglas del juego claras, que propician equidad, con árbitros y autoridades capaces e imparciales.
Sin embargo, aún tenemos un trecho que recorrer para hacer que la calidad y los resultados del arreglo democrático se traduzcan en beneficios tangibles para la mayoría de las personas.
Hoy nuestro país, y señaladamente nuestro estado, presenta un panorama desolador en buena medida: desigualdad, falta de oportunidades para buena parte de la población, deficiencia de los servicios públicos y fractura de la confianza entre ciudadanía y representantes/gobernantes.
El fracaso de los gobiernos de la alternancia ha venido a poner en entredicho el paradigma democrático. Para decirlo llanamente, nadie vive mejor que hace  12 años, y para algunos, la idea de un redentor que de manera personal pueda cambiar las cosas a fuerza de un voluntarismo maniqueo, resulta atractiva.
No tengo duda: sólo desde la legalidad y el respeto a las instituciones, sólo participando con nuestro voto razonado para elegir entre proyectos, personas y  trayectorias, podemos empezar a construir el país que queremos.
La elección del próximo domingo es más que una estación calendarizada en el camino de lo público; es una oportunidad para definir el rumbo que queremos que México y Guerrero tomen en los próximos años. En los albores del Siglo XXI, hay que aceptar que se agotó el arreglo institucional que nos dimos en el siglo XX (que entre otras cosas nos dio las instituciones de educación pública y de seguridad social, y la posibilidad de transitar hacia el desarrollo democrático de manera predominantemente pacífica).
Es momento de definir un nuevo proyecto nacional que redunde en una mejor calidad de vida para millones de mexicanos que hoy viven en la exclusión y la marginación.  La agenda de México no puede aplazarse, es pública y conocida.
Entre otras cosas, necesitamos reformas (energética, laboral, educativa) que permitan el desarrollo de capital humano y un crecimiento económico sostenido, basado en la potenciación de nuestras vocaciones  (como el turismo y la pesca),  la promoción y estímulo por parte del Estado de la inversión pública y privada en el sector primario y el desarrollo de una política industrial agresiva combinada con esquemas de economía social, al tiempo que se instrumenta una política social focalizada que disminuya la desigualdad.
Al mismo tiempo, hemos de avanzar en el ensanchamiento de libertades y derechos de minorías, y en la consolidación de una cultura de legalidad, transparencia y rendición de cuentas.
Los retos son muchos, el tiempo apremia. La década por venir demandará la conducción firme del  Ejecutivo federal, y la concurrencia de toda la clase política que tendrá en sus manos la instrumentación de esas reformas, el diseño de esas políticas públicas y la operación de esas acciones.
La posibilidad de definir la calidad de los políticos, representantes y gobernantes que habrán de tener la responsabilidad de llevarnos hacia un futuro más promisorio está en manos de todos, a través de nuestro voto.
El proyecto nacional es más grande que un partido, y requiere de todos. Por ello es importante elegir a quienes reúnan experiencia, capacidad, vocación democrática, y tengan una visión clara del futuro que queremos. Tengo la convicción de que el proyecto que encabeza Enrique Peña Nieto, y que está respaldado por millones de mexicanos comprometidos que queremos un futuro de oportunidades y desarrollo para todos, habrá de recibir el respaldo ciudadano el próximo domingo.

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