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Arturo Solís Heredia

CANAL PRIVADO

* Gane quien gane
Los argumentos de la politóloga Denise Dresser en contra del PRI y su candidato a la Presidencia, Enrique Peña Nieto, son más que relevantes y justificados, pues los funda en la historia aún reciente del partido hegemónico.
Por eso lamenta que el PRI esté “a un paso de regresar a Los Pinos. Todo lo indica, todo lo sugiere, todo lo augura. Enrique Peña Nieto probablemente será el próximo presidente de México y el partido que tantos lucharon para sacar del poder lo habrá reconquistado.”
En su artículo de Reforma, el pasado 25 de junio, titulado Pájaro enjaulado, Dresser advierte que el PRI volverá a la Presidencia “sin haberse modernizado. Regresará sin haberse reconfigurado. Resucitará sin haberse remodelado. Porque a lo largo y a lo ancho del país persiste el PRI clientelar, el PRI corporativo, el PRI que realmente no cree en los contrapesos o en la participación ciudadana autónoma o en la apertura de la vida sindical al escrutinio público”.
Es fácil coincidir con su rechazo a un retroceso democrático, compartir su temor “a la reinstalación de viejas maneras de pensar en el poder y ejercerlo”.
Con dureza analítica, pero también con rigurosa objetividad, Denise duda de la manera en que Enrique Peña Nieto ejercería “el mando unificado que México le entregará”, y pregunta: “¿Será un modernizador o un restaurador? ¿Promoverá reformas que el PRI ha rehuido u obligará a su partido a aceptarlas? ¿Coexistirá con el pluralismo que el movimiento #YoSoy132 promueve o intentará sofocarlo? ¿Pavimentará el camino hacia un país próspero e incluyente o mantendrá el capitalismo de cuates oligárquico y excluyente?”.
Para ella, Peña Nieto a veces “habla el lenguaje de la modernidad, a veces usa el vocabulario del pleistoceno. A veces promete reformas que cambiarían la naturaleza del PRI, a veces despliega sus peores prácticas. Peña Nieto encarna las contradicciones de un partido que construyó el México del siglo XX y no sabe qué hacer frente al mundo del siglo XXI. Un partido que institucionalizó el modelo económico extractor que es origen fundacional de nuestro subdesempeño crónico como país. Un partido que diseñó la jaula dentro de la cual hay un pájaro –la economía mexicana– permanentemente enjaulado”.
Es cierto, ¿cómo atreverse a negar la sobrevivencia del viejo PRI, el del acarreo, el derroche y la opacidad, si sobran escenas y personajes que lo evidencian. Es cierto, a pesar de sus compromisos notariados, de sus promesas de cambio, de su discurso reivindicador de causas populares, ni Peña Nieto ni su partido han ofrecido más hechos que decires, más sustancia que apariencia, para creer en nuevas maneras de ejercer el poder, para reinventar postulados e ideas políticas, para recuperar la confianza social con un proyecto de Nación a la altura de las expectativas y las demandas de los mexicanos.
Lo que no es difícil, es encontrar una ligera pero notable contradicción en la lógica argumental de Denise Dresser, para rechazar el regreso del PRI al poder por temor a retrocesos democráticos. De hecho, el título de su más reciente libro sintetiza esa contradicción, al afirmar que la verdadera democracia sólo llegará cuando la sociedad civil pase ‘De la sumisión a la participación ciudadana’. Ahí, la politóloga sostiene que ningún partido o candidato a la Presidencia de la República, no sólo el PRI y Peña Nieto, garantiza ni ofrece cambios profundos ni reales que hacia una sociedad democrática.
El problema es que, con esa lógica, Denise infiere que la alternancia electoral fue una conquista partidista y no ciudadana, que la democracia despertó cuando perdió el PRI la Presidencia, y que volverá a dormir cuando el PRI la recupere.
A mi juicio, gane quien gane la elección, el próximo presidente de México gobernará seis años, no menos pero tampoco más, y en 2018 cederá la silla a un sucesor. Y digo la obviedad, porque en sus discursos de campaña, Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador y Josefina Vázquez Mota, parecen convencidos de que el futuro venturoso de la Patria (así, mayusculizada) depende de la victoria de cada uno de ellos. Así, Dresser parece convencida de que el ejercicio antidemocrático del poder volvería con la victoria del priísta. Para ella, Peña Nieto sería un presidente como los viejos presidentes del PRI, porque su partido no ha cambiado, aunque los mexicanos de hoy ya no sean los mismos que antes.
Sin duda, Peña Nieto y el PRI deben estar conscientes, como también Andrés Manuel y el PRY y Josefina y el PAN,  que de ganar la elección presidencial, el beneficio de la duda de los ciudadanos tendrá una caducidad menor a la habitual, y que a la brevedad, en el primer año de la próxima administración federal, deberá legitimar su victoria y demostrar que merece el mandato de las urnas.
Sin duda, los mexicanos tendrán menos paciencia particularmente con Peña Nieto y el PRI en la Presidencia, y estos deben estar seguros de que si vuelven a traicionar la confianza de la gente, de que si repiten las viejas maneras de ejercer el poder, entonces sí, el PRI habrá muerto para siempre.
Pero más importante aún, es que gane quien gane la Presidencia, los mexicanos necesitamos demostrar que podemos pasar de la sumisión a la participación ciudadana, porque la verdadera democracia no depende de un partido ni la construye un presidente, sino la sociedad y sus ciudadanos.

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