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Abelardo Martín M.

Evolución del acarreo y otras prácticas electoreras

Lejos de disminuir o inclusive desaparecer, como fue lo deseable cuando el PRI fue expulsado a patadas (Fox dixit) de Los Pinos, el acarreo se ha multiplicado en los últimos años y se convirtió en patrimonio cultural de la política mexicana.
La gran industria electoral, cada vez más alejada de la democracia, por cierto, ha logrado no sólo validar sino legitimar el acarreo, la compra de votos y todo tipo de prácticas que hubieran ruborizado, en otros tiempos, hasta a los más tolerantes o cínicos.
Las elecciones se convirtieron en un asunto de dinero, de recursos para convencer a los electores. Desde el burdo acarreo que ofende tanto a actores y testigos, pero que se convirtió, gracias al empobrecimiento de la sociedad (moral, cívico y económico) en uso común.
Las competencias por llenar espacios públicos de aparentes y uniformados simpatizantes revela el manejo de los recursos destinados a la “movilización” de las masas.
Las campañas político-electorales están uniformadas, no se distinguen unas de otras, porque los partidos, sus dirigentes y sus candidatos, desde la presidencia hasta la más modesta municipalidad, están atrapados en la única industria que fabrica los mismos productos humanos y materiales.
Este modelo electoral tiene sus riesgos, como se vio con el accidente que cobró vidas humanas, justo en Guerrero. Al menos 28 militantes o simpatizantes del PRD y del PT murieron y otros 20 quedaron heridos tras volcarse el autobús en el que viajaban, en la carretera federal que conduce del poblado de Tlamacazapa a Buenavista de Cuéllar, al norte del estado. El grupo acudió temprano la mañana del domingo a un acto de proselitismo en Buenavista.
El acarreo es tan antiguo como los partidos políticos. Siempre se ha encubierto con el pretexto de dar “facilidades” a los simpatizantes para que apoyen a sus candidatos. Muy pocos son quienes acuden por convicción ideológica o civismo a este tipo de actos. Todos lo hacen por conveniencia y, una importante cantidad, simplemente por el pago en efectivo, en días de descanso o prebendas que se comprometan.
Ese tipo de militantes lo son de marchas, mítines o distintas actividades partidistas, más allá de las marcas. La militancia se define como pertenencia de una persona a un partido político u organización política, sindical o social, o bien, es la actitud y actividad de la persona que defiende activamente una idea u opinión. Lo cierto es que la militancia adquiere un significado diferente según el contexto histórico, geográfico y político.
El gobierno federal lamentó este accidente, lo que fue demostrado cuando el secretario de Gobernación, Alejandro Poiré Romero, se comunicó con el dirigente del Partido del Trabajo (PT), Alberto Anaya, a quien le expresó las condolencias por el sensible fallecimiento de las personas que se dirigían a un evento de campaña y ofreció a su vez todo el apoyo institucional para la atención de las víctimas del tan terrible accidente. Asimismo, apoyado por el subsecretario de Gobierno de la dependencia, Obdulio Ávila, Alejandro Poiré entabló comunicación con el gobernador y con el secretario de Gobierno de Guerrero, a quienes les expresó el más sentido pésame del gobierno de Felipe Calderón.
Por su parte, Obdulio Ávila externó la plena disposición de las delegaciones federales, particularmente de las del Seguro Social (IMSS) y del ISSSTE para atender de inmediato a las personas que resultaron lesionadas.
Por fortuna las campañas están por terminar, aunque dejan cientos de camiones y un caudal de basura que tardarán mucho tiempo en recolectar, no sólo la de las calles, sino de las mentes.

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