Tomás Tenorio Galindo
OTRO PAÍS
*Nuevo León, la noticia; Guerrero, lo previsible
El triunfo del candidato independiente a la gubernatura de Nuevo León, Jaime Rodríguez, conocido como El Bronco, con el 47 por ciento de los votos sobre 28 por ciento de la candidata priísta Ivonne Alvarez y 22 del panista Felipe de Jesús Cantú, según la primera encuesta de salida reportada por el diario El Norte de Monterrey una vez cerradas las casillas, es el acontecimiento que rompió ayer por la tarde la hegemonía de los partidos políticos en el pluralismo político de México.
Los 19 puntos de diferencia que esa encuesta marcó –y que en el transcurso de la noche y la madrugada de este lunes debían ser confirmados o rectificados por los datos oficiales preliminares– son como estacas clavadas en el corazón del sistema político tradicional, pues Jaime Rodríguez venció a las estructuras partidistas que disponen de presupuestos ilimitados para financiar la gestión de sus intereses, venció al PRI que tenía el poder presidencial detrás suyo, venció al poderoso empresariado regiomontano y venció a Televisa. Todo un ejemplo de subversión política. Un mal ejemplo desde la perspectiva de los poderes repelentes a cualquier cambio, pero un programa de acción para los muchos que indudablemente seguirán la ruta del primer gobernador no partidista del país.
El impacto y la importancia del arribo de un candidato ciudadano al gobierno de Nuevo León se puede medir por el silencio que guardaron los medios electrónicos y los portales de los diarios tradicionales. El diario Reforma, hermano de El Norte, colocó en su página de internet la noticia como a las seis y media de la tarde, y a las siete de la noche ningún otro periódico ni la televisión habían reportado el avance registrado por Jaime Rodríguez, ni dado seguimiento a la encuesta de El Norte (excepto la revista Proceso). En una señal de que ya conocía su derrota, a esa hora Ivonne Alvarez celebró el triunfo del candidato priísta a la alcaldía de Monterrey, no el suyo, y anunció que sobre la gubernatura esperaría las cifras oficiales.
Fue sintomático también de esa actitud silenciosa sobre lo que sucedió en Nuevo León, que a las 8 de la noche Televisa informara, y luego subrayara una y otra vez, que solamente difundiría los resultados de los conteos rápidos de la empresa Consulta Mitofsky y no reportaría ninguna encuesta de salida porque estos informes sólo confundían, una decisión periodística extraña y de corte oficialista que pareció motivada por la negativa a dar a conocer que un candidato sin vínculos con los partidos y ajeno al poder (ajeno a Televisa) había ganado en Nuevo León. Lo anterior se confirmó en el hecho de que en el programa especial de la televisora El Bronco haya sido virtualmente borrado y no se transmitiera ninguna de sus declaraciones, mientras en Monterrey éste ya se había asumido como ganador de la contienda.
Sólo a las nueve y media de la noche, Televisa informó los resultados de los conteos rápidos (que son una encuesta de resultados reales plasmados en las actas oficiales) de algunas gubernaturas, incluidas las de Nuevo León y Guerrero. Esos datos confirmaron las encuestas de El Norte en Nuevo León: 45, 28 y 20 por ciento para El Bronco, el PRI y el PAN. Y entonces los conductores de Televisa hasta entrevistaron al candidato ciudadano.
Con el resultado de Nuevo León, que simplemente no estaba previsto en el guión y causó una conmoción en las esferas del poder, se altera potencialmente también el escenario de la sucesión presidencial del 2018, pues es obvio que el próximo gobernador regiomontano se incorporará, o será incorporado, a la lista de aspirantes a Los Pinos. Esa posibilidad dependerá de la calidad de su gobierno y de la forma en que el próximo gobernador de Nuevo León ejerza el poder, pero es muy probable que así ocurra, lo que traería un horizonte político inédito al país.
Sin novedad alguna, en Guerrero el PRD sufrió frente al PRI la derrota estrepitosa que se veía venir después de la matanza y desaparición de estudiantes normalistas en Iguala, donde la burocracia perredista unió su suerte a la del ex alcalde José Luis Abarca, a quien llevó a la presidencia municipal y después defendió pese a las evidencias de que desarrollaba un gobierno francamente criminal.
El presidente nacional del PRD, Carlos Navarrete, anunció a las siete y media de la noche que su partido ganó en Michoacán, pero se negó a reconocer que en Guerrero ya había perdido la gubernatura. Con ello prácticamente reconoció esa derrota, pues no había lógica en que proclamara el triunfo perredista en Michoacán y dijera desconocer las cifras de Guerrero. Más tarde los candidatos del PRI y del PRD a la gubernatura, Héctor Astudillo Flores y Beatriz Mojica Morga, se declararon ganadores. Pero Beatriz Mojica mintió a conciencia a los medios, lo que quedaría de manifiesto con los resultados difundidos por Televisa: 42 por ciento de la votación para Astudillo por 34 de Mojica Morga.
No hay ninguna novedad en esos datos. El PRD cayó por su responsabilidad en los diez años de gobiernos perredistas y en los hechos de Iguala, y por su insensibilidad para asumir las consecuencias. Por esos motivos, el sábado por la noche verdaderos militantes de izquierda se debatían seriamente en el dilema de votar o no por ese partido.
Sin embargo, ni la ausencia de hechos violentos mayores, ni las noticias que llegaron de Nuevo León, ni el relevo en el gobierno del estado disipan el sabor desangelado y triste que dejan las elecciones de ayer, esa sensación indeseable de que no sirve de nada ir a votar. Y no es que no suceda nada, sino que no sucede lo que debería suceder. En los nueve meses transcurridos desde la matanza y desaparición de estudiantes en Iguala, el país siguió su curso con un estremecimiento de horror, y llegó a las elecciones y pasó por ellas sin que el caso Ayotzinapa fuera resuelto.
El sorprendente impulso que adquirió Jaime Rodríguez en Nuevo León reproduce el levantamiento ciudadano que gana espacio en España a través de nuevos partidos, y que es al mismo tiempo un repudio a los partidos políticos y a la clase política tradicional, en busca de un nuevo modelo de gobiernos que satisfagan las necesidades de la población. Allá se reconoce que los partidos emergentes contribuyen a sanear la política y el gobierno, pero aquí los partidos desataron una campaña para boicotear a los candidatos independientes. Lo de Nuevo León pudo haber sucedido también en Guerrero, pero el subdesarrollo se impuso.




