Federico Vite
Sólo quédate en silencio
20 minutos
La campaña Leer más 2015 es un proyecto de aparente buena voluntad que pretende contagiar el amor por los libros. Más que la búsqueda de nuevas formas de entender el ejercicio crítico de la lectura, esta iniciativa busca generar autodidactas. Es decir, aunque está revestida como campaña a favor de la literatura, estamos frente a una estrategia alfabetización mediática, porque la propuesta, como explica la página electrónica de Leer más, trata de coadyuvar e impulsar la educación pública. Quizá el proyecto real es fortalecer lo aprendido en las aulas.
La meta es que durante todo este año se contabilicen 10 millones de horas de lectura. El experimento está diseñado para que los trabajadores de algunas empresas de bienes y servicios, así como sus familias, incrementen la ingesta anual de libros. Esencialmente la campaña funciona gracias a los círculos de lectura y el ariete promocional son los impactos mediáticos en diversos medios de comunicación electrónicos; en las cápsulas promocionales aparecen burócratas del espectáculo mostrando una nueva faceta para sus seguidores, la de lectores empedernidos. Aunque más que ofrecer un testimonio de lectura, parecen la ilustración bonachona de una actividad extraña para ellos, aunque finalmente cumplen su función: meter a la lectura en el ámbito del espectáculo. “Leer es cool”.
Ellos, las figuras públicas al servicio de sus empresas televisivas, recomiendan leer 20 minutos al día. Algo así como 20 páginas diarias para alguien con un hábito decente de lectura, pero unas 15 cuartillas para quienes se acercan por primera vez a los libros. Es decir, en ocho días leerían un volumen de 120 veinte páginas; en 16 días, uno de 200 cuarenta páginas. No me parece un proyecto disparatado, si no una idea optimista para un país que lee 2.94 libros al año.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Lectura del Conaculta, el 40 poor ciento de los mexicanos jamás ha pisado una librería, el 13 por ciento nunca ha leído un libro y el 70 por ciento de los mexicanos lee lo mismo que antes o menos. Ante lo apabullante de un realidad ominosa, la invitación a la lectura es bienvenida.
Es cierto que hay un dejo de frivolidad en que ciertos personajitos, para bien o para mal muy conocidos, sean los encargados de invitar a leer, pero aunque no le guste a los intelectuales, este país necesita ayuda de todo tipo. No me parece imprudente ver a los protagonistas de la televisión basura echarle los kilos en pos de un ejercicio que no practican con seriedad.
Los beneficios de leer, para quienes aún lo duden, son vastos: potencia la creatividad, amplía el mapa referencial y refuerza procesos cognitivos; además, fortalece la memoria. Procurar la lectura es, sin duda, estructurar niveles de compresión social y ontológica necesarios en México. Que tengan buen martes.




