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Irrumpe el rap en Monterrey; habla sobre la sociedad, el poder, las drogas y el desamor

Teresa Martínez / Agencia Reforma

Monterrey

“Dime tú, ¿con quién te comparas? ¿Cómo decides si sigues o paras? ¿Vas detrás de codiciado puesto? ¿Quieres hacerte notar entre el resto?”.
José Miguel Soto, mejor conocido como Menuda Coincidencia, es un talento influenciado por la lectura y un oído agudo, desde la infancia rapea Los estratocúmulos.
“Trato de ser muy crítico”, expresa el alumno de Filosofía y Letras de la UANL, de 34 años. “La idea es en cada canción visibilizar una problemática en aras de transformar la realidad a través del lenguaje”.
Su voz escupe versos con perfecta dicción. Le llueven halagos en YouTube a sus álbumes El Nefelibata y Ai con permisito.
Es un poeta de la urbe, como muchos de sus colegas, que son bautizados en la jerga del hip-hop como MC (Master of Ceremony). Sus letras narran sucesos del barrio y reflexionan sobre la sociedad, el poder, las drogas, el desamor.
El rap, una manifestación artística de la cultura hip-hop, junto a la práctica de DJ, el break dance, el beatbox y el grafitti, lleva más de 25 años de echar raíces en la ciudad.

Música de jóvenes

El investigador José Juan Olvera hizo una encuesta entre raperos, productores y beatmakers. Donde encontró que hay 113 raperos en Monterrey, con una edad promedio de 23 años, aunque su equipo de apoyo (que incluye MC’s, artistas y promotores) estima a más de 400.
“Es uno de los movimientos musicales con mayor fuerza y energía que hay. Tiene un público muy grande, desde analfabetas hasta personas con posgrado y todos construyen rap”, detalla Olvera, académico del CIESAS Noreste.
“Tiene muchísimas cualidades que los jóvenes no ven en otros géneros: la capacidad descriptiva y narrativa del mundo”.
Olvera estudia el desarrollo del hip-hop regio desde 2012 y en un futuro espera publicar un libro.

Géneros

La herencia hip-hop neoyorkina llegó poco antes de los años de la década de 1990 a Monterrey, con la televisión por cable y la migración.
Los pioneros son el grupo Vagabundos Underground, escribe el MC Miguel Contreras, Quid Comba, en la revista Identidades. Sus letras hablan de la calle, las drogas y la policía.
Dentro del rap hay varios subgéneros, explica Contreras. Hay rap chicano, (de la comunidad mexicoamericana), conciencia (crítica social), gangsta (sobre violencia en zonas marginadas) o queer (temáticas gay).
Entre los exponentes locales, las mujeres MC son un tres por ciento.
Una es Janet Alvizo Ibarra, Jota Ache, de 23 años, quien en su rap cuestiona los clichés, y reflexiona sobre la violencia y el desamor.
“Hay pocas porque nos falta unión a las mujeres”, dice la estudiante de Medicina de la UANL. Olvera apunta otro factor: el machismo.

Agente de ¿cambio?

Daniel Sánchez, Smak, vecino de Unidad Laboral y estudiante de Sociología de la UANL, pertenecía a una pandilla cuyos integrantes están muertos o encerrados en el Penal.
“El hip-hop no va a salvar las vidas, es qué tanto te comprometas. Te mantiene ocupado, te genera valores”, expresa el rapero de 23 años.
Los raperos se hacen conscientes de su entorno al reflexionar sobre las problemáticas que los rodean, apunta Olvera.
La justicia, de Fito Punto Ce, recuerda a los estudiantes del Tec asesinados por militares y los daños colaterales de la guerra contra el narco.
“Balas que se pierden entre tanto ciudadano y mucho policía sometiendo con sus manos”, rapea con beat pegajoso Rafael Flores.

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