Por seguridad cambiaron panteones sus horarios en este Día de Muertos
Mariana Labastida
Mismos precios en flores, menos venta, sin policías viales y un cambio de actividades por seguridad, fue como transcurrió el Día de Muertos en los panteones municipales y privados del puerto.
Cientos de personas entraron y salieron desde las 9 de la mañana a las 6 de la tarde de los diferentes panteones, el de Las Cruces (San Cristóbal), uno de los más visitados no dejó de ser la excepción, pues desde muy temprano no sólo los que tienen difuntos allí llegaron, sino también los vendedores de diferentes artículos alusivos a la festividad.
Afuera, desde el puente que se encuentra al terminar la rampa del Maxitúnel se podía observar a los vendedores de flores, veladoras y coronas con flores artificiales.
Del flujo de visitantes las autoridades municipales consideraron que era menor al de otros años, debido a que desde el domingo comenzó la visita a ese panteón.
Aun así en la entrada, por minutos y debido a las pipas de agua y camiones con basura que entraban o salían, el acceso era entre empujones y apretones debido a que se encontraban de frente los visitantes chocando en muchas ocasiones con las cubetas o tambos que trasportaban con flores u artículos de limpieza.
Había que cumplir con la visita, por ello a pesar del temor que podría generar el ir a Las Cruces, una de las zonas donde han ocurrido hechos de violencia, muchos ciudadanos llegaron a celebrar a sus muertos como la señora Cecilia de la Cruz Martínez, quien acudió a visitar a su abuela, una tía y su padre, a los cuales llevó flores y unas veladoras.
Aunque el ambiente se inunda de recuerdos que generan tristeza, las música y el colorido de las flores hacen de la celebración del Día de Muertos una fiesta, a la cual algunos se quedan sin asistir como Engracia Serrano Heredia, sepultada en 1958, o Luis Mercedes Alarcón Mejía o Anastacia Barreto, que fallecieron en 1976. De éstos sus tumbas se encuentran cubiertas de polvo, ha desaparecido el color de las letras de sus lápidas, las puertas o ventanas de sus mausoleos lucen oxidadas y sin vidrios.
Otras tumbas han sido olvidadas, como la de Virginia Herrera Noyola, de quien sólo se sabe por la lápida que queda a la vista, más de la mitad ya enterrada y que el tiempo ha cubierto de tierra, al igual que muchas otras que sólo se alcanza a verlas al momento de pasar entre ellas.
“Jesús dijo yo soy el camino y la verdad y la vida nadie viene al padre sino por mí”, es lo único visible de una sepultura cuyo nombre del que mora en ese lugar ya no está a la vista, sólo la palabra perpetuidad, como parte del conteo que han hecho las autoridades municipales en los últimos años.
Mientras que hay otras que año con año son pintadas y desde 1963, el señor Benito Peralta Ramírez visita a su hermano Simón, su única familia ya que eran huérfanos. Con un bote de pintura azul y grandes ramos de flores llegó este año para recordar a su familiar.
El panteón San Cristóbal, verdadero nombre del conocido como Las Cruces, en honor a la primera persona que fue enterrada en ese lugar, un niño de seis meses, Cristóbal Antonio Canales Ramos, sepultado en 1946, tiene aproximadamente 300 mil tumbas, indicó el director de Panteones y Velatorios, Martín Vicario Castrejón, quien estimó que ayer 2 de noviembre llegaron unas 80 mil personas.
Además de las tumbas, en el interior del panteón se encontraban puestos de agua natural, de sabor, refrescos, tacos de barbacoa, de canasta, frituras, skimos y medallitas con la imagen de santos.
De 3 por 100 pesos las canciones costaban, igual que el año pasado, así también la cubeta de agua que ofrecen niños y adolescentes para ganar 5 pesos por las pequeñas y 10 por los botes grandes que llevaban a las tumbas para limpiar.
Valle de la luz
En el panteón privado Valle de la Luz las visitas fueron de día y, a diferencia de años anteriores, no se realizaron actividades nocturnas para velar y recibir a los muertos.
A muchos les sorprendió, como a don Miguel, quien se quedó esperando, guitarra en mano, que abrieran las puertas del cementerio para trabajar: “yo vine con la esperanza de chambear pero no había nada como en años anteriores”.
La cancelación de las actividades, dijeron de manera extraoficial, fue por seguridad, por lo que se observó a más personas durante el día en visita a sus difuntos que en años anteriores, como parte de las actividades del cementerio los visitantes fueron recibidos por dos catrinas.
La Venta
Desde abajo se escuchaba al conjunto de chile frito tocando en lo alto del panteón del poblado de La Venta, y allí los músicos, que con su melodía le recordaban a su familiar lo mucho que lo extrañan.
Más abajo el olor de incienso inundaba el ambiente y muchas veladoras encendidas hacen una imagen diferente de la decoración de las tumbas.
Unas 25 veladoras están encendidas sobre la sepultura de Urbano Gálvez Agustín, cada una por los hijos y nietos que acudieron a visitarlo este Día de Muertos. Un gran ramo de cempasúchil decora la cruz y los floreros al lado de ella haciendo que resalte el color sobre el azul de la pintura de la tumba.
Don Urbano vivía en Barrio Nuevo de La Venta y hace tres años su morada está en el cementerio, en una de las partes más frescas ya que alcanza la sombra de un gran árbol. Ahí acudieron sus familiares a pasar el día y brindar con él, caguama en mano, para recordarle que es un gusto ir a visitarlo.
El panteón de La Venta es otro de los que se encuentran cerrados.
Allí el comisario municipal Pablo Viruel Andraca dijo que sólo a quienes tienen espacios o tumbas de otros familiares se les permite sepultar, pero que al resto de los pobladores se le envía al panteón de Paso Limonero donde todavía se tiene espacio para sepulturas.
En la puerta del panteón una caja cuelga para pedir cooperación a los visitantes para el mantenimiento del lugar, mismo que fue pagado por el comisario previo a la celebración, aunque la limpieza la hizo personal de Saneamiento Básico, además del pago la comida de los trabajadores, así como la pintura y quienes pintaron la barda perimetral del mismo.




