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Mostrará Bellas Artes en exposición la influencia de Miguel Ángel en América

Érika P. Buzio / Agencia Reforma

Ciudad de México

De Miguel Ángel Buonarroti se dice que es un artista que nació perfecto porque desde sus tempranas obras logró una factura extraordinaria.
Queda patente en su Cristo Giustiniani (1514-15), una imponente escultura de mármol que captura su aspiración de perfección.
Abandonó la pieza cuando se percató de que una mancha en la piedra cruzaba el rostro. Fue necesario que otro escultor terminara la tarea.
Esta escultura es una de las piezas centrales de la exposición Miguel Ángel Buonarroti. Un artista entre dos mundos, la mayor dedicada en América Latina hasta ahora, según el curador Francesco Buranelli, ex director de los Museos Vaticanos.
Es una selección de 29 obras del artista florentino, más otras 45 piezas de artistas cercanos a Buonarroti, que abrirá al público el 26 de junio en el Palacio de Bellas Artes.
“Veintinueve obras originales de Miguel Ángel es un museo”, dice Buranelli.
Figuran un retrato, obra de Vasari, de Lorenzo el Magnífico, quien gobernó Florencia en tiempos de Miguel Ángel; un estudio a lápiz de 1533 de lo que sería su monumental Juicio Final en la Capilla Sixtina, una réplica de La piedad del Vaticano, y el David- Apolo, escultura que muestra la versión heroica del hombre, típica de Miguel Ángel.
La novedad de esta exposición, según Buranelli, es que interesa por mostrar su influencia al otro lado del Atlántico. Su figura trascendió pronto, ya lo menciona en su Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo y Andrés de Concha pinta en la Iglesia de Santo Domingo de Yanihuatlan, en Oaxaca.
Al recorrido por la exposición asistieron el presidente del Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa; la directora del INBA, María Cristina García Cepeda; el embajador italiano, Alessandro Busacca; y los curadores Francesco Buranelli y Luis Javier Cuesta.

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